La cabaña del lago

Miembros del equipo de TVE de “80 cm” fotografían la puesta del sol sobre el Lago del Valle. 21 de junio de 2017. © Miki López/LNE

El agradable murmullo del agua que se se desprendía del caño del abrevadero se entremezclaba con los  mugidos del ganado que pastaba a orillas del lago. Me fijé en las salpicaduras de la fuente que brillaban como perlas anaranjadas con las últimos destellos del sol que se ponía  sobre El Valle. Un enorme mastín se acercó amistoso, meneando el rabo de un lado a otro, seguramente buscando una caricia que le sacase de su monótona vida de perro guardián. Posé mi mano sobre la enorme cabeza que salía de aquel collar de púas a prueba de lobos mientras el animal me soltaba un lametazo cariñoso en el antebrazo. Un equipo de TVE terminaba la grabación de un documental para el programa “80 cm”. Recogían su equipo justo en el momento en que el sol toma esos tonos anaranjados que inundan el paisaje con una luz tan cálida como fascinante.

Atardecer sobre el lago del Valle. 21 de junio de 2017. © Miki López/LNE

Otra vez la magia del atardecer me sorprendía en uno de esos parajes que te enorgullecen como asturiano y que justifican el exagerado amor que podemos llegar a sentir por nuestra tierra. Sentí pena por aquellos compañeros de la tele que se iban a perder semejante derroche de belleza natural. Prepare el equipo junto a la cabaña de los Cobrana, una conocida familia ganadera del Valle del Lago. Una palloza tradicional que le da un punto, si cabe, más pintoresco al que para mi es el más hermoso de los lagos de Asturias. Las sombras comenzaban a engullir su emblemática isla mientras la hora mágica del atardecer fundía los azules en ocre, palideciendo los verdes de los prados. Con la cámara sobre el trípode volví a la fuente para incluir en la composición del imponente atardecer la potencia visual de aquella cabaña que parecía sacada de un cuento de hadas.

Noche en el lago del Valle. 21 de junio de 2017. © Miki López/LNE

Elsa me ayudó a poner dimensión a la imagen añadiendo su silueta recortada sobre el fondo plateado del lago. Medí la luz con prisa, con el temor de que aquella maravilla pudiese esfumarse en un suspiro. Y poco a poco el sol se escondió en valle dando paso a unas estrellas que se querían asomar entre las pocas nubes que desde el sur amenazaban con ocultar su espectáculo. Pero teníamos el viento del norte y la suerte de cara. Las nubes se retiraron y la oscuridad nos dió la oportunidad de iluminar la cabaña con la linterna del frontal. Nada se movía en el Lago Del Valle, nada interrumpía la belleza que la noche otorgaba a aquel paraje de ensueño. Entre disparo y disparo solo podíamos disfrutar de esos momentos únicos que te regala Somiedo, entre los aromas limpios de su naturaleza y el murmullo acogedor de aquella fuente que brotaba un poco más arriba de la cabaña del lago. Hay cosas en la vida que no se pagan con dinero.