Silencio en Saliencia

Mar de nubes sobre el valle de Saliencia. Alto de La Farrapona, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

La carretera del puerto de La Farrapona serpentea por el valle de Saliencia entre la densa niebla de la tarde y se empina con rampas que se abren al esplendoroso cielo azul durante el último tramo del trayecto. La que ya es una de las etapas míticas de la Vuelta Ciclista a España, corona en el alto de la cordillera que nos separa de las tierras leonesas, a las que se accede por una pista de tierra que no invita demasiado a continuar el camino. El amplio aparcamiento de La Farrapona está casi vacío. Dos o tres coches aparcados junto al terraplén del que arranca la senda a los lagos de Saliencia. Cae la tarde y algunos ganaderos observan sus reses desde la orilla de la carretera, convertida en un espectacular balcón al mar de nubes que comienza a inundar el valle.

El sol se pone sobre el lago Cerveriz. Saliencia, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

El camino  desciende suavemente hacia la enorme cazoleta cóncava en la que se esconde el lago de la Cueva. El silencio se rompe únicamente por el crujir de las piedras  bajo las botas que avanzan por la senda que aprovecha los accesos a la antigua explotación minera que se levantaba en el entorno del lago. Tras la curva se descubre el verde turquesa de sus aguas. Silenciosa y tranquila, la enorme laguna se presenta a la vista como una piedra preciosa que emerge del fondo del pozo sobre el que descansa. Las sombras avanzan sobre esta maravilla de la naturaleza que rodean las cumbres más altas del concejo de Somiedo. La ruta se empina bordeando las terrazas de escombro que la actividad minera fue amontonando en las laderas. La altura va empequeñeciendo el lago en la inmensidad del valle moteado de hierba y caliza rota por la antigua glaciación.

Lago Calabazosa. Saliencia, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

Un poco más arriba se adivina el lecho de una laguna desecada por la escasez de lluvias de la época estival. Desde el alto se descubre el lago Cerveriz, asentado sobre una espectacular campera que desciende con suavidad hacia sus orillas, escoltado por los riscos escarpados entre los que ya comienza a esconderse el sol. Por unos momentos el tiempo se detiene mientras observo el espectáculo. Preparo la cámara y me dispongo a capturar el efecto cegador de este tardío sol de junio que no quiere irse a dormir. Los reflejos del agua vuelven a facilitarme la composición con esas simetrías perfectas que únicamente puede ofrecer la naturaleza. A mi espalda se abre el valle que conduce al otro gran lago de Saliencia: el de Calabazosa. Enorme, oscuro y con un halo de misterio algo inquietante pero con un irresistible magnetismo que te hace contemplarlo sin prisas desde el alto de la vega de Cerveriz.

Las estrellas sobre el lago de la Cueva. Saliencia, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

La luz anaranjada de la tarde ya inunda todo con la calidez de las últimas horas de la tarde. El azul del cielo se oscurece para dar paso a las primeras estrellas sobre el firmamento. Comienzo a hacer fotos cuando el silencio comienza a reinar en Saliencia, cuando la noche y las estrellas se convierten en protagonistas del paraíso. Como en Covandonga, la velada se me hizo corta. La distancia, la oscuridad y el tiempo hicieron que al menos, esa noche, desechara la idea de acercarme al Lago del Valle. Con la idea de hacerlo a la semana siguiente, recogí el material dejando tras de mi los lagos de Saliencia en la paz absoluta de la oscuridad de una noche con estrellas. Continuará…

Vamos allá

Bicicleta. Plaza de España. Avilés, 8 de marzo de 2015. © Miki López

Bicicleta. Plaza de España. Avilés, 8 de marzo de 2015. © Miki López


La vida es un regalo aunque a veces parezca más una putada. Como no son tiempos fáciles para nadie me gustaría aparcar el pesimismo por unas líneas y comenzar a agradecer las cosas hermosas que he aprendido de la gente que ha despertado tantos buenos sentimientos a mi alrededor. Estoy en deuda con vosotros por hacerme entender que la mierda de valores que nos meten a diario por los ojos, aunque nos parezcan lo más importante del mundo, no son más que eso, una gran mierda.
Nos preocupamos por nuestros hijos, por hacerlos tan competitivos como máquinas indiferentes a los demás, cuando nuestra meta debería ser crear personas que vivan y convivan en sociedad. Personas que aprovechen su formación para derribar los muros de la injusticia que divide el mundo en dos polos bien definidos. Cuando voy a casa de mis padres me sacudo esa idea de esta puta sociedad que me ha envuelto en la ola de basura de un sistema que soy incapaz de entender. Mi padre, tras muchos años de trabajo, dejó atrás esa rancia realizad porque su alma de trabajador incasable ya no aguantaba más. Hombre perfeccionista hasta extremos insospechados fue victima de la presión del sistema y redescubrió la vida en un retroceso a su infacnia, a su pueblo candamín a orillas del Nalón en el que cultivó tanto la huerta como el espíritu del poeta que lleva dentro. Y como buen artista tenemos que lidiar con esa dosis de egoismo pesimista de la que hizo gala toda la vida convirtiéndolo en coasiones en un tren de mercancías con más mala leche que un toro con dolor de muelas. Para él, su Sporting siempre va a perder, las pensiones siempre van a bajar, los jóvenes lo tenemos fatal y España no tendrá una solución en manos de nadie…y menos de un chavista. Pero no dudéis que su sidra, sus patatas, tomates, pimientos, cebollas y demás productos de la huerta de su Espinosa del alma, son y serán sin duda lo mejor que podrán catar vuestros refinados paladares.
Llega marzo y, tras un duro invierno, salimos como los caracoles al sol. La luz regenera el espíritu y el ánimo de un Avilés alicaido entre sus sombras y sus eternas obras. La ciudad comienza a vestirse de gala ante la inminente llegada de las fiestas de El Bollo. Pero no nos confiemos. Aun queda invierno… y hasta el rabo todo es toro.
Feliz Marzo

Siesta

Siesta. Barrio de Sabugo. Mayo de 2010. © Miki López


El sol de mayo invita a soñar con el verano. Sobre todo después de un invierno tan largo como el de este año. Los chigres del barrio de Sabugo aprovechan esa calidez solar para sacar las terrazas a la calle aunque a esas horas de un medio día en mitad de la semana, nadie parece querer sentarse a pedir esos primeras sidras de la temporada. La infraestructura ya está montada como los aparejos de pesca. Ahora hay que esperar a que llegue el personal a mitigar la crisis hostelera de este año. Mientras tanto algunos aprovechan para echar la siesta bajo el cartel de un menú que no tiene nada de caro. Felices sueños.