Historias olímpicas: la soledad de un podio

Podio. Campeonato de Asturias de judo alevín 2016. © Miki López

Podio. Campeonato de Asturias de judo alevín 2016. © Miki López

Muchas horas de entrenamiento. Tal vez demasiadas. Lo vivo en carne propia porque tengo la suerte de tener dos chavales compitiendo en judo, uno de esos deportes olímpicos que jamás les dará de comer pero que al menos, les está sirviendo como escuela de vida, como ejercicio de esfuerzo, superación, convivencia y respeto por los demás. Incluidos los rivales. Lo triste es que en este país de pandereta todo lo que se escape de los 90 minutos que dura un partido de fútbol, no merece ni el más mínimo de los respetos. Aprovechando estas vacaciones de verano me trago con gusto buena parte de estas olimpiadas de Río y pienso en los escasos medallistas nacionales que certifican el hecho de que a nuestras autoridades deportivas se la sopla todo aquello que no sea la LFP. Cuántas horas, cuanto sacrificio, cuánto dinero propio invertido en alcanzar el sueño de competir en unas olimpiadas, en un europeo o en un campeonato de España. Mis críos disfrutaron como siempre de su deporte en unas jornadas espectaculares para el judo mundial, en las que vibraron de nuevo con Teddy Riner, Shoei Ono o María Bernabeu. Nombres que no significan nada en el país del garrulismo ilustrado pero que, lo crean o no, son el sueño y el ejemplo de muchos judokas españoles. Y lo mismo podríamos trasladar al resto de disciplinas deportivas que seguimos durante estas cálidas noches de verano y en las que norteamericanos, rusos, japoneses, franceses, chinos o alemanes se dan todo un atracón de oros, platas y bronces mientras a nosotros, tristes españolitos, se nos cae la cara de vergüenza cuando echamos un ojo al medallero. Que casualidad que sean esos países los que se encuentran al frente de la economía mundial. Quizás se nos esté escapando algo en el reino de la mejor liga del mundo, la de los clubes deficitarios y pufistas que pagan millonadas de escándalo a deportistas veinteañeros con nóminas que en un solo mes superan con creces el presupuesto anual de cualquier federación deportiva, ya sea de atletismo, remo, badminton o natación. Veo los podios de Mireia Belmonte, de Marcus Walz, de Orlando Ortega…veo esas caras de inmensa felicidad y pienso en el esfuerzo por compaginar estudios y entrenamientos, tal y como hacen mis dos hijos sin prácticamente ningún apoyo estatal que al menos puediese facilitarles la organización de sus horas de estudio, sobre todo cuando terminen la educación obligatoria. Muchas horas de entrenamiento y muchas horas de estudio para sacar sus sueños adelante. Con esfuerzo algunos lograran subirse al podio para al final quedarse solos. El deporte, como en tantos otros países desarrollados, debería poder ser parte del futuro profesional de nuestros jóvenes. Y quien habla de deporte, habla de ciencia e investigación. Pero ya se sabe…es mucho más fácil crear otra burbuja inmobiliaria. Lo dicho, un país de pandereta.

Allá arriba

Nel. Campeonato de Asturias de Judo Alevín. La Corredoria, Oviedo. 15 de mayo de 2016. © Miki López

Nel. Campeonato de Asturias de Judo Alevín. La Corredoria, Oviedo. 15 de mayo de 2016. © Miki López

Hay días especialmente felices en los que os echamos tanto de menos… Igual que en esos otros en los que las cosas no salen tan bien y necesitaríamos aquellos abrazos y achuchones de cuando éramos más pequeños. La vida sigue e intentamos hacer las cosas lo mejor que podemos. Unas veces acertamos y otras, seguramente las que más, nos equivocamos y tratamos de levantar la cabeza con dignidad, aprender de los errores y seguir hacia adelante. Vuestros nietos continúan esa lección de vida que nos enseñasteis con paciencia y cariño. Y es un orgullo ver como cuando llega el premio al esfuerzo de todo un año, miran al cielo buscando en el recuerdo. Es inevitable que alguna lágrima se deslice por las mejillas infantiles de estos dos chavales que crecen día a día. Crecen pero no os olvidan. Que lo digan a Nel que me dejó totalmente sorprendido hoy cuando, después de ganar su final, levantó la mirada al cielo y no pudo, ni quiso, evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Va por vosotros.
Orgulloso no…lo siguiente.
PD- Solo faltaba que el Sporting siguiera en primera. Seguro que hoy habría fiesta en el cielo.

Equipo

Elisa, Pablín, Pablo Menéndez, Iyán, Alberto Agrelo y Javi Corral con la equipación de la selección asturiana de judo. © Miki López

Elisa, Pablín, Pablo Menéndez, Iyán, Alberto Agrelo y Javi Corral con la equipación de la selección asturiana de judo. © Miki López

Es sábado pero Iyán se levantó temprano. Por tercera vez en su vida deportiva se viste con el chandal de la selección asturiana de judo, un privilegio que le hace pensar que todo el esfuerzo del año ha merecido la pena. Atrás quedan meses de sinsabores y también de alegrias. Hubo de todo: derrotas, victorias, lesiones y dietas para tratar de contrarrestar las ganas de crecer y coger peso que tiene un cuerpo de 15 años ansioso de chuches, chocolate y calorías sin control. Pero llegamos hasta aquí. Mañana es el gran día: Campeonato de España en el mismísimo Palacio de los Deportes de Madrid. Y las chapas, vengan o no, serán lo de menos. Lo dice su entrenador, Carlos Fernández, y tiene toda la razón: Iyán, Alberto, Claudia, Javi, Pablo M., Hugo, Elisa y Pablín están allí no solo por méritos propios. Detrás de ellos están todos los deportistas del JCA que hoy no pueden coger ese autobús. Son los compañeros con los que comparten sudor en el entreno, alegrías en las victorias y con los que, como no, se secan las lágrimas en las derrotas. Estoy seguro de que mañana en Madrid, cuando salten al tatami nuestros chavales también llevaran en su dorsal el nombre de Saul, Mario, Sandra, Moi, David, Fer,Meana, Barcena, Julia y demás compañeros del Judo Club Avilés que este año se han quedado fuera de la competición que cierra la temporada. Mucho ánimo a esos padres, entre los que me incluyo, que mañana sufriremos más que ellos en el tatami. Estoy seguro que más de uno llorará de alegría. Se de sobra lo que es eso. El año pasado Iyán sufrió mucho cayendo en el primer combate y peleando duramente por un bronce que, por circunstancias personales, casi nos supo a oro. Hoy solo quiero que mañana disfrute del premio que su esfuerzo le ha regalado. El suyo y el de sus compañeros.
Gracias a todos y mucha suerte campeones.

El dilema de Nel

Que difícil debe ser para un crío romper con una actividad que le gusta, al ser incompatible con otra que también le fascina. Ese tipo decisiones a estas edades, son los mejores entrenamientos emocionales para otras decisiones vitales que les deparará el futuro.
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Creo que no hay nada más agobiante que la sensación de incertidumbre ante la duda de que si habrás tomado la decisión adecuada y la certeza de que nunca llegarás a saberlo. Pero así es la vida.
Algo tan banal como el deporte, se ha convertido en estas semanas en un dilema que no ha dejado dormir al más pequeño de la casa. Fútbol o judo. Nel terminó el verano convencido de tratar de compaginar sus dos pasiones deportivas de cara a su último año como deportista alevín en ambas especialidades. Terminó muy bien la temporada pasada de fútbol con su equipo del CD Quirinal y consiguió un merecidísismo subcampeonato de Asturias en su segundo año en la categoría de judo alevín, un resultado muy trabajado compitiendo totalmente fuera de peso, con la dificultad psicológica que eso supone para cualquier deportista, sea de la edad que sea.
Pero este año, la programación de los dos clubes hacía muy complicado el compromiso con ambos entrenadores. La dinámica de sus equipos suponía que el pobre crío tendría que entrenar todos los días de la semana, alguno de los cuales en sesión doble. Pese a ello, Nel decidió comenzar septiembre con ese propósito, siguiendo los pasos de su hermano Iyán, que se vio en esa tesitura durante su último año como alevín.
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Pero cada persona es un mundo, y los que conocen a Nel saben que su nivel de compromiso y su miedo a defraudar son para él un problema casi patológico. Por eso, y sin querer forzarle, desde casa le animamos a tomar esa decisión a la que le dimos un margen prudencial. Mi accidente diluyó un poco el asunto, porque cuando pasan estas cosas, la vida te enseña a relativizar problemas que no lo son en absoluto. Y tomó la decisión definitiva de abandonar el fútbol.
Dejamos atrás el CD Quirinal, donde nos quedan montón de amigos y buenos recuerdos. Como padre agradezco a la directiva y especialmente a los entrenadores que nos tocaron en suerte, todas las atenciones recibidas a lo largo de estos maravillosos años en lo que tantas cosas hemos aprendido. Os aseguro que, pese a que consideramos que es una decisión adecuada, sentimos una pena tremenda de dejar atrás tantas emociones y alegrías defendiendo esa equipación verdinegra del CD Quirinal, un club referente en el futbol base asturiano, sin duda, por merecimientos propios.
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Muchas gracias a nuestros tres entrenadores principales: Borja, Dani Celard y Vivi Busto, personas comprometidas que, casi de forma anónima y gracias a su amor por el fútbol, hacen grande a este deporte que les trae muchos quebraderos de cabeza. Se saben bien aquello de que todos los padres pensamos que tenemos un Messi en casa. Vaya moral que tenéis.

Y gracias y sobre todo mil disculpas a Lolo, el último entrenador de Nel, al que no conozco mucho, pero que esta semana me ha demostrado que jamás antepondrá los intereses de un club a las necesidades de los niños que tiene bajo su tutela. Eso solo lo hacen los maestros amigo mío.  Gracias Lolo, gracias por tu comprensión.
Y a los papis nuestros mejores deseos, en especial a los que subían con nosotros este año y con los que ya hemos compartido varias temporadas: Reyes, Marcos, Marisol, Juan, Esme y demás compañeros sufridores de grada. Os echaremos mucho de menos. Deseamos de corazón que vuestros hijos sigan aprendiendo a ganar, a perder y sobre todo a levantarse con los valores del trabajo en equipo que no solo forma deportistas. También forma personas que al final es lo importante.
Bueno, que sepáis que esta decisión va restar un gran jugador que llevaba camino de convertirse en Lio-NEL Messi, pero bueno, seguiré echando la primitiva, porque con esto del judo, no se yo…
Con esta sonrisa, mil gracias a todos y hasta siempre.

Aprendiendo a levantarse

Iyán. 2 de noviembre de 2014.  © Miki López

Iyán. 2 de noviembre de 2014. © Miki López

En esta casa tenemos la gran suerte de que el judo sigue dándonos lecciones de vida. Me explico. Avilés congrega uno de los grandes espectáculos relacionados con este deporte desde hace ya 14 años. Cita ineludible para las mejores canteras de este arte marcial con categoría internacional.

Iyán. Avilés, 2 de noviembre de 2014.  © Miki López

Iyán. Avilés, 2 de noviembre de 2014. © Miki López

Iyán, 2 de noviembre de 2014.  © Miki López

Iyán, 2 de noviembre de 2014. © Miki López

Mi hijo Iyán competía oficialmente por segundo año consecutivo, con unas enormes expectativas después de haber conseguido un merecidísimo bronce nacional en la temporada pasada. Entrenó duro, con ganas e intensidad, totalmente entregado a una pasión por un deporte que comenzó a practicar casi con los pañales puestos. Dos meses de un trabajo físico y mental difícil de compaginar con unos estudios a los que hay que añadir un mayor sacrificio en horas de tarea de más y horas de esparcimiento de menos solo para poder seguir entrenando. Iyán era consciente de que precisamente él era uno de esos rivales a batir en este gran torneo que es el Villa de Avilés. Las noches previas tenía un nudo en el estómago. Los nervios comenzaban a incomodar como tantas veces en otras competiciones, pero esta vez quería hacerlo bien porque era el torneo de su club, el de sus compañeros y entrenadores, el de su otra familia.
Y allí se plantó, con ese judo técnico que le enseñaron Carlos y Omar desde pequeñito, con un saber estar en el tatami digno de gran madurez, con un enorme respeto por el contrario inculcado por entrenadores y compañeros de un deporte del que seguramente jamás podrá llegar a vivir profesionalmente por muchos éxitos deportivos que alcance en su vida. Comenzó muy bien, tres combates, tres ippones a favor que le daban confianza para afrontar la fase más dura del torneo.

Iyán y sus amigos del Juso Club Avilés.  © Miki López

Iyán y sus amigos del Judo Club Avilés. 2 de noviembre de 2014 © Miki López

En el cuarto Iyán dominaba. A 20 segundos del final ganaba sin complicaciones y posiblemente un exceso de confianza y el buen hacer en el suelo de su contrincante terminó con una inmovilización que le dejaba fuera de la lucha por el oro. Las lágrimas hicieron acto de presencia al haber acariciado las semifinales, decepcionado consigo mismo, su cabeza trató de centrarse en el bronce y era necesario ganar tres combates más, los dos primeros a punto de oro. Otra presión añadida. Primera repesca, otro ippon. Solo quedaban dos. El cruce muy difícil con un rival muy alto y tremendamente físico que llevó la inciativa todo el combate y que Iyán no supo contrarrestar. De pronto un yuko y se acabó. Acostumbrado a ganar, Iyán se quedó en el suelo mirando al techo del pabellón, hundido como pocas veces le he visto. Su rival celebraba el merecido éxito con su entrenador. Sin ninguna duda había sido mejor en ese combate final y el chico terminaría por llevarse el bronce. Iyán se levantó y al salir del tatami volvieron a llenársele los ojos de lágrimas. Sus compañeros del Judo Avilés salían a su encuentro para consolarle como tantas veces había hecho él con muchos de ellos. Le abrazaban, le animaban pero no encontraba consuelo. La derrota en su torneo había dado paso a un combate consigo mismo. Uno de los judokas juniors, a los que tanto admira, le animó y le recordó que había hecho un gran torneo, que el deporte tenía estas cosas y que había que levantarse para volver a pelear. A las dos horas volvió a ser un niño. Corría por el tatami, jugaba con sus amigos y animaba a su hermano y sus compañeros en el torneo por equipos alevín.
Por la tarde merendábamos en el Mcdonalds olvidándonos de los pesos y las presiones.
-Papá, ¿te dijo Carlos cuando es la próxima competición?
Había comenzado a levantarse. Una lección más para la vida. Enhorabuena Iyán.
Como me gusta ese deporte.