Violines de otoño

Angus R. Grant. Oviedo, 1996. ©Miki López

Angus R. Grant. Oviedo, 1996. ©Miki López

Este otoño ha dado para mucho. Los Premios Príncipe (ahora Princesa) hacen de mi un frenético del fotoperiodismo. Ni familia, ni amigos, ni tiempo para otra cosa que no sea el periódico. Este equinocio que tanto me gusta, no solo me trae un año más. Entre el ocre de entretiempo, los recuerdos se amontonan, recordando cumpleaños inolvidables alguno de ellos aquí, en Oviedo. Noches de Guiness, flautas y violines en el Ca Beleño donde todavía cuelgan aquella foto que le hice a Angus R. Grant, el vertiginoso violinista de Shooglenifty que nos cautivaba con unas composiciones fiel reflejo de su sempiterna sonrisa. Con él compartí escenario y más de una jam session y se dejó fotografiar por mi, ajeno a la cámara y sin importarle otra cosa que no fuese la melodía que flotaba sobre el humo del chigre folk por excelencia. Hace unas semanas la noticia de la muerte de Angus me dejó sin palabras. Con solo 49 años, el músico escocés de las melenas hippies y la barba poblada, dejó en su último suspiro todo el virtuosismo capaz de emanar de las cuerdas de un violín. Aquellas notas ejecutadas de forma tan peculiar e inigualable, todavía flotan en el aire del Ca Beleño, entre las pintas de cerveza y los chupitos de whisky. Fueron buenos tiempos. Y creo que también era otoño. Que no pare la música.

Tiempos de folk

Lisardo afina el violín durante un ensayo con N'arba. Perdones (Gozón). 2013.  © Miki López

Lisardo afina el violín durante un ensayo con N’arba. Perdones (Gozón). 2013. © Miki López

Yo creo que los otoños eran más frescos pero nos costaba poco sentarnos frente al mar y arrancar una melodía tras otras a aquellas gaitas, flautas y violines que nos acompañaron tantas y tantas tardes y nos descubrieron tantos y tantos amigos. Lisardo era un soñador. Nos contagió a todos, especialmente a mi, esa locura por la música tradicional en unos días en los que arrimarse a una travesera o a un violín siendo un adolescente era cosa de frikis. Luis Angel aporreaba un pandero con una baqueta de bodrham con el genio del subrrealismo que le envolvía. Isra rompía las cuerdas con el entusiasmo que siempre engalanó al más loco de L’Arena, mientras mi hermano Julio y yo vivíamos en la chufladura de conseguir música folk en un mundo en el que no había internet, en el que los discos eran difíciles de encontrar y de precios prohibitivos para chavales de nuestra edad. Y fueron pasando los años y aquella locura pasajera no lo fue tanto. El folk sigue formando parte de nuestras vidas de forma más o menos intensa. Lisardo ya es todo un maestro del violín y forma parte de alguno de los mejores grupos de la historia de la música tradicional asturiana. Isra se metió a GEAS, pero incluso bajo el agua es capaz de tararear una de los Tannanhil Weavers sin ahogarse en el intento. A Luis Angel le perdimos la pista en las Baleares, pero conociéndole, seguro que mantiene vivo su gusto alternativo y minimalista por el folk más innovador. Y Julio y yo seguimos siendo hermanos en todo. Yo sigo tocando algo, pero como siempre, él me gana por goleada en eso de coleccionar música.
Hoy, 30 años después de aquellos otoños más fríos, todos echamos la vista atrás y coincidimos en que a fin de cuentas no hemos cambiado tanto. Siguen siendo tiempos de folk, de la música que ya siempre formará parte de nuestras vidas.

La noche que cerré el telediario de la 5

Actuación de N'arba en la sala Galileo Galilei. Madrid, diciembre de 1999. Foto de Elsa García


Pues ahí estamos hace diez años. Con mi grupo N’arba tocando en la famosa sala Galileo Galilei de Madrid. Fue a mediados de diciembre de 1999 y recuerdo que mis compañeros del periódico no sabían absolutamente nada y que el querido colega Javier Blanco publicó un artículo en la sección de espectáculos del periódico gracias al susto que se llevó cuando Ribagorda, que por aquel entonces presentaba la tercera edición del informativo de telecinco, despidió el programa con un comentario y unas imágenes de nuestro concierto en el escenario de la “Galileo” y me vio allí agarrao a la flauta travesera dándolo todo.
Fue una de aquellas grandes noches que tuve la suerte de compartir con mis hermanos de alma Lisardo Prieto, uno de los mejores violinistas de folk que hay en Asturias, y con el conocido Xose Ambás, personaje al que este país asturiano no será capaz de devolverle jamás el favor que le está haciendo en su impresionante labor de recuperación y conservación del folclore asturiano. Aquella noche tocamos como nunca acompañados de los otros componentes de N’arba: el guitarrista Gabri González y los hermanos Cristian y David Bada a la batería y el bajo respectivamente.
Cuanto os echo de menos compañeros.