Reflejos del año que acaba

Elsa reflejada en el escaparate. Oviedo, 31 de diciembre de 2016. © Miki López

Elsa reflejada en el escaparate. Oviedo, 31 de diciembre de 2016. © Miki López


Todos los años nos miramos en el reflejo del escaparate del año que termina. Hace tiempo que trato de no valorar los años en función de los acontecimientos porque, a fin de cuentas, el baremo no deja de ser una cuestión personal en la que muchas veces se da la paradoja de que lo que es bueno para uno es terrible para el que tienes al lado. Ahora únicamente procuro que los años me vayan cayendo poco a poco y si puede ser, que se tomen su tiempo para conseguir saborear la vida rodeado de esas personas con las que comparto este camino que tan pronto se ensancha como se estrecha, que se allana en la comodidad para volverse cuesta arriba, muchas veces coronando una loma desde la que se descubre el maravilloso paisaje por el que nos tocará seguir caminando. Lo malo de este viaje es que jamás sabes lo que te espera en la próxima curva. Y como uno no tiene ni idea de dónde termina esta aventura de la vida, me siento feliz despertándome en este 1 de enero de 2017 sin resaca, con una gran sonrisa y con la conciencia tranquila del que ha pasado un año más tratando de hacer feliz a los que quiere, porque esa es la mejor manera de ser feliz con uno mismo. Salud y trabajo para todos.