Desde la reja

Monjade clausura. Oviedo, 28 de marzo de 2015. © Miki López

Monjade clausura. Oviedo, 28 de marzo de 2015. © Miki López

Una monja tras el enrejado del su convento. Una mujer entregada voluntariamente a un encierro físico en un firme convencimiento de libertad espiritual. Una paradoja de esas difíciles de explicar desde el mundano existir de los laicos que no entendemos otro encierro que el castigo obligatorio de asesinos, ladrones o gentes a los que la propia vida ha colocado de forma más o menos injusta tras los barrotes  de la desdicha. El caso es que el encierro, ya sea voluntario u obligatorio obliga a ver la vida desde un único punto de vista, desde la ventana impermeable de la sociedad de la que se aíslan personas tan diferentes y tan iguales. Personas que sienten, se conmueven y que ven la vida desde la extraña seguridad de unas celdas que se conciben de formas tan distintas. La celda del cuerpo que libera el espíritu. La celda del espíritu que, tachando el calendario, termina liberando el cuerpo. Al final lo único importante es la libertad. Que no falte.

Esta rara Semana Santa

Procesión del Silencio. Oviedo, 31 de marzo de 2015. © Miki López/La Nueva España

Procesión del Silencio. Oviedo, 31 de marzo de 2015. © Miki López/La Nueva España


La Semana Santa, esta pura antítesis de la Navidad, vuelve a llenar las calles de un Oviedo extrañamente soleado para estas fiestas de pasión y muerte. Las largas procesiones no son compatibles con el estilo de vida que me ha inculcado el periodismo. Los recorridos son todo una oda a la parsimonia y la lentitud. Seguramente será por aquello de prolongar la agonía que más de dos milenios después se ha convertido en puro espectáculo, pero hay que reconocer que las arengas sureñas de los directores del paso estremecen el corazón de costaleros y procesionarios dando paso a verdaderos brotes de emoción contenida que hacen escapar alguna lágrima debajo de los picudos capuchones de los cofrades. Este salto en el tiempo, similar al de la nueva serie de TVE que abre puertas al pasado, vuelve a dejarnos imágenes de tricornios, palios y viudas de peineta con cirios encendidos para romper la noche de un casco antiguo abarrotado por una legión turistas que ya tiran más de móvil que de cámara de fotos en una obsesiva búsqueda de la inmortalidad que desaparecerá en cuanto cambien el modelo de su Smartphone. Son verdaderos cazadores de Twitter, Facebook o Instagram que apuran los segundos para llegar los primeros al reino de los cielos virtuales. Es curiosa la convivencia entre dos mundos tan extremos. Ayer mismo escuchaba la homilía que el Arzobispo de Oviedo lee desde su I-Pad a pie de altar catedralicio. Y más curioso pensar que las nuevas tecnologías en la iglesia van produciendo mas crisis de ansiedad que de fe. La fe no depende de baterías, de coberturas de red, ni de WIFIs de 100 megas/seg. Salvo lo del 4G… eso si que ya ye cuestión de fe. Comienza abril como termina marzo. Y eso es matemática pura.

Vamos allá

Bicicleta. Plaza de España. Avilés, 8 de marzo de 2015. © Miki López

Bicicleta. Plaza de España. Avilés, 8 de marzo de 2015. © Miki López


La vida es un regalo aunque a veces parezca más una putada. Como no son tiempos fáciles para nadie me gustaría aparcar el pesimismo por unas líneas y comenzar a agradecer las cosas hermosas que he aprendido de la gente que ha despertado tantos buenos sentimientos a mi alrededor. Estoy en deuda con vosotros por hacerme entender que la mierda de valores que nos meten a diario por los ojos, aunque nos parezcan lo más importante del mundo, no son más que eso, una gran mierda.
Nos preocupamos por nuestros hijos, por hacerlos tan competitivos como máquinas indiferentes a los demás, cuando nuestra meta debería ser crear personas que vivan y convivan en sociedad. Personas que aprovechen su formación para derribar los muros de la injusticia que divide el mundo en dos polos bien definidos. Cuando voy a casa de mis padres me sacudo esa idea de esta puta sociedad que me ha envuelto en la ola de basura de un sistema que soy incapaz de entender. Mi padre, tras muchos años de trabajo, dejó atrás esa rancia realizad porque su alma de trabajador incasable ya no aguantaba más. Hombre perfeccionista hasta extremos insospechados fue victima de la presión del sistema y redescubrió la vida en un retroceso a su infacnia, a su pueblo candamín a orillas del Nalón en el que cultivó tanto la huerta como el espíritu del poeta que lleva dentro. Y como buen artista tenemos que lidiar con esa dosis de egoismo pesimista de la que hizo gala toda la vida convirtiéndolo en coasiones en un tren de mercancías con más mala leche que un toro con dolor de muelas. Para él, su Sporting siempre va a perder, las pensiones siempre van a bajar, los jóvenes lo tenemos fatal y España no tendrá una solución en manos de nadie…y menos de un chavista. Pero no dudéis que su sidra, sus patatas, tomates, pimientos, cebollas y demás productos de la huerta de su Espinosa del alma, son y serán sin duda lo mejor que podrán catar vuestros refinados paladares.
Llega marzo y, tras un duro invierno, salimos como los caracoles al sol. La luz regenera el espíritu y el ánimo de un Avilés alicaido entre sus sombras y sus eternas obras. La ciudad comienza a vestirse de gala ante la inminente llegada de las fiestas de El Bollo. Pero no nos confiemos. Aun queda invierno… y hasta el rabo todo es toro.
Feliz Marzo

Tiempo

nelcumple
Crecéis tan rápido y vivimos tan deprisa que cada día que pasa tengo más ansias de disfrutar de todos y cada uno de los momentos importantes de vuestra vida. Sufro por cada segundo que me pierdo. Sois unos trastos, una hipoteca, un dolor de cabeza, un ganas de tirarse por la ventana…. pero fundamentalmente sois lo más importante que se ha cruzado en nuestro camino. Magia pura.
Felicidades Nel. Ayer ya cayeron los 11. Besos.

Lost in the Storm (y III). La Conclusión del Urbanita

Con la falta de electricidad uno se da cuenta de la “watiodependencia” que tenemos de todo lo que nos rodea. Hoy en día volver a los años 80 sería una debacle, un desastre de proporciones inimaginables.

Iván da un biberón de leche a un cabrito en Valle del Lago. Somiedo, 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Iván da un biberón de leche a un cabrito en Valle del Lago. Somiedo, 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Las 17 horas de apagón tecnológico en el Valle del Lago fueron aliviadas por la obsoleta tecnología del siglo XX: un teléfono de clavija, una radio a pilas y una linterna de dinamo. Ordenadores, redes wifi, cámaras digitales, teléfonos 3G y demás joyas tecnológicas no servían ni para atizar la cocina. La flamante Canon EOS 5D Mark II, con baterías de Litio de larga duración, capaz de disparar fotos en formato RAW en tomas de 24 Megapixeles y de grabar vídeo en HD no tuvo nada que hacer con los contrastes de temperaturas extremas que bloquearon todo sus imponentes circuitos integrados hasta dejarla totalmente K.O. No sabeis cuanto eché de menos mi Nikon FM2 del año 86, aquella que solo usaba una pila para el fotómetro, aquella que se me sumergió en el río Sella y siguió funcionando al día siguiente, aquella que bajó rodando 20 metros por un desnivel de la canal del Texu y siguió disparando, aquella que dejaba pasar la luz a una simple película en blanco y negro, un soporte físico que todavía hoy puedo mirar al trasluz. Mientras escribo estas líneas, estoy rodeado de discos duros de 1 y 2 Terabites donde se almacena el trabajo de más de una década. Cientos de miles de fotos en códigos binarios solo descifrables con una tecnología informática que soy incapaz de entender. Pequeños trastos metálicos inservibles sin el monopolio de las compañías eléctricas que nos tienen cogidos por los cataplines.
Leo en la escalera. Somiedo, Valle de Lago. 5 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Leo en la escalera. Somiedo, Valle de Lago. 5 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


He aprendido mucho estos días encerrado con los hospitalarios vecinos somedanos de este maravilloso pueblo. He envidiado su actitud tranquila y sosegada ante la vida y ante ese 70 por ciento aproximado de urbanitas asturianos que somos incapaces de mirar a otro lado que no sea el centro de nuestro culo bien abrigado. Lecciones de vida en forma de un café caliente, de charlas al amor de la lumbre en las que quedaba patente el inmenso respeto que estos hombres sienten por el entorno que les mantiene. Un medio que en muchas ocasiones se vuelve hostil pero al que entienden mejor que ningún tecnócrata teórico del desarrollo rural. Me atrevería a decir que las soluciones a sus problemas solo pasan por escucharles y hacerles caso. Ellos mejor que nadie saben lo que necesitan: infraestructuras, innovación, formación y un desarrollo sostenible que les permita poder vivir de lo que siempre vivimos los asturianos: de Asturias.
Lo que no puede ser es que esta gente viva totalmente aislada (con y sin nevadas) por la indiferencia de las administraciones que siempre encuentran una razón para mirar para cualquier otro lado que no sea el medio rural. Y me muero de vergüenza pensando en la cantidad ingente de millones dilapidados en proyectos etéreos que llenaron los bolsillos de dudosa dignidad cuando las inversiones en las alas de Asturias eran tan necesarias.
NIEVE-(12)
Gracias Gloria, gracias Leo. Y no solo por esa hospitalidad en medio de la tormenta. Entender y sentir en mis carnes que la tecnología por rudimentaria que sea, está al servicio de la vida y no al revés, ha sido toda una lección de humildad para este prepotente urbanita.
Mil gracias otra vez.
Y este cuento se acabó.

Lost in The Storm (Part II). Hágase la luz

Valle del Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Valle del Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Ni rastro de la electricidad, pero la luz de la mañana llegó con la tregua de la tormenta. Miércoles 4 de febrero. Viendo el panorama que teníamos en el exterior poco importaba la fecha. Abrí la puerta de la casa. Estábamos en el primer piso de la vivienda, encima de las cuadras en las que se almacenaba la leña. El corredor, con su sillón de mimbre, se encontraba totalmente escarchado como si de uno de los escenarios de Las Crónicas de Narnia se tratara. La nieve se amontonaba contra muros y ventanas convirtiendo la escalera en una rampa gélida, blanda y esponjosa que te hundía hasta las rodillas. Alcancé la portilla entreabierta y salté a la carretera. De nuevo la nieve hasta las rodillas. Imposible avanzar. Disfruté un rato del paisaje que dormía cubierto del manto blanco más espectacular que jamás había visto.
Leo sale de casa. Valle de Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015.© Miki López/La Nueva España

Leo sale de casa. Valle de Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015.© Miki López/La Nueva España


El silencio perfecto, la extraña sensación de solo escuchar tu propia respiración y el chasquido del obturador de una cámara incapaz de congelar la inmensa belleza que nos rodeaba. Volví a la casa. Marcos ya estaba listo pero no podríamos cubrir los 100 metros que nos separaban de la casa de Gloria hasta que no pasase la quitanieves. Eran las 9:30 de la mañana y llevábamos más de 10 horas sin contacto con el mundo exterior. Planificamos el día y esperamos. La tormenta volvía a arreciar y entre los silvidos del aire escuchamos el rugir profundo de un motor de gasóleo. La quitanieves renqueaba casi ahogada entre las murallas de nieve que la frenaban. Reculaba y embestía hasta que la cuña conseguía desalojar verdaderas olas de hielo sobre los bordes de la estrecha carretera. Con el camino libre llegamos a casa de Gloria. Aquel café era una bendición. Los niños hacían los deberes que no podrían corregir en unos días y Leo miraba incrédulo el arreciar de la tormenta. Revisé el equipo.
Quitanieves. Valle de Lago (Somiedo). © Miki López/La Nueva España

Quitanieves. Valle de Lago (Somiedo). © Miki López/La Nueva España


Los contrastes de temperatura empañaban cámara y objetivos después de haber estado a la intemperie fotografiando a los operarios de la quitanieves que reponían las cadenas perdidas en uno de sus envites nevados. El polvo de hielo se pegaba a todo y cada 30 segundos soplaba sobre el objetivo para tratar de quitar toda aquella nieve que se colaba por los botones y ranuras de la EOS 5. Imposible. El agua terminó por colarse por una pequeña herida de guerra de la pantalla de control y la humedad invadió todo el equipo. Visitamos la cuadra de Carlos acompañados de su mujer y su hijo. Cubrir los 100 metros que separaban la carretera de las instalación ganadera fue toda una aventura. Era casi imposible caminar por aquel montón de nieve fresca cegados por la ventisca que la levantaba con violencia. Entramos en la cuadra. Dentro hacía calor y la cámara volvió a empañarse. Comenzó a fallar pero aguantó el tirón.
Gloria y Marcos. Valle del Lago. 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Gloria y Marcos. Valle del Lago. 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Con el trabajo hecho volvimos a casa. Nos quedaba algo de batería en los portátiles y decidimos adelantar tarea por si la luz volvía. Edité media docena de fotos antes de que el ordenador se apagara. Volví a coger la cámara y me di cuenta de que ya no encendía. Solo quedaba esperar. Y sobre las 4 de la tarde llegó el milagro. Teníamos electricidad. La linea de movistar volvía a funcionar y al encender el ordenador se iluminó la conexión GPRS. Bajé las fotos a 100 k y conseguí enviarlas una por una. Marcos hizo lo mismo con su texto. El trabajo estaba hecho.
Serían las seis de la tarde y volvimos a casa de Gloria no sin antes dejar bien encendida la estufa de leña. La tormenta arreciaba y no sabíamos cuanto duraría la corriente.
Comunicamos con el mundo exterior. Toda Asturias vivía congelada en una de las peores olas de frío que se recuerdan pero por lo demás todo iba bien.
-“¿Cuando saldréis de ahí?”, preguntó una voz al otro lado de la línea.
-“Hoy imposible…quizás mañana”
-“Pues no dan mejoría…”
En fin… que se le iba a hacer. Paciencia. Afuera caía la noche. La cámara ya no encendía.
Miré a la mesa. Sopa, picadillo y vino en abundancia. Las penas así son menos.
-“Gloria..¿tendrás por ahí una cámara?
…continuará.

Lost in the Storm (Part I)- La noche fría

Tormenta en la noche. Valle del Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Tormenta en la noche. Valle del Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


La noche había sido larga y fría después de que, sobre las cuatro de la madrugada, el fuego consumiera los últimos restos de leña que quedaban en el cesto. La tormenta cortó el suministro eléctrico sobre las 11 de la noche y El Valle del Lago aguantaba a oscuras las embestidas del mayor temporal de nieve que recordaban sus vecinos más ancianos. En el exterior el termómetro bajaba de los -4º C y y la ventisca azotaba las hojas de las ventanas con violencia, mostrando la cara más dura de un invierno como los de antes. El frío espabiló mi duermevela. Los últimos rescoldos de la chimenea se apagaban y el calor huía por todas las rendijas de la casa. En uno de sus gélidos soplidos el aire abrió la ventana mal cerrada de la cocina escupiendo ráfagas de nieve en polvo al interior de la casa. Saltando del sofá alcancé a cerrarla con toda la rapidez con la que fui capaz.
Nevada. Valle de Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Nevada. Valle de Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Miré al exterior. Pese a la ventisca el resplandor de la luna permitía vislumbrar los perfiles de los portillos enterrados ya en más de un metro de nieve. Eran las cinco de la mañana y la naturaleza seguía enfurecida haciendo gala de su omnipotente poder. Deseché la idea de bajar a la cuadra a por más leña. Sin linterna y con la nieve amontonándose sobre la puerta no me parecía la mejor idea a esas horas de la madrugada. Cogí mi “Northface” y recostándome en el sofá esperé al amanecer. Sobre la mesa que había frente a la ventana reposaban joyas de la tecnología en forma de cámaras, objetivos y portátiles con las baterías agotadas. Miles de euros totalmente inútiles en medio de la tormenta. El teléfono solo servía de reloj. Ni una sola vibración de wasap, ni mail, ni face en las últimas 5 horas. El síndrome de abstinencia Periodista 2.0 comenzaba a hacer mella en mi y pensé con cierto temor en la bendición de un apagón digital y en las teorías de la conspiración de “Cuarto Milenio” mientras la luz de la mañana parecía reconfortar el espíritu urbanita que llevo dentro. La tormenta dio tregua sobre las 8 de la mañana. Y de pronto silencio. Un silencio absoluto. “Dios, esto ye el fin del mundo” pensé. El crujido de una madera en la habitación de al lado rompió la antesala del Armagedón.
-Marcos…¿que tal?
-Pufff… ¡Congelao!
-Ya somos dos colega. Seguimos sin luz…
-Pues creo que tenemos un par de páginas pa hoy.
-Como no venga la luz, vamos escribir en la nieve. Las fotos que se las imaginen.
-López, no crees en los milagros…
-Después de esta noche me creo cualquier cosa.
….continuará