Repitiendo el camino

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Nel sobre las vías. San Juan de Nieva, Avilés. 14 de agosto de 2017. ©Miki López

En aquellos tiempos en los que en septiembre volvía el colegio y el frío, me encantaba hacer equilibrios sobre las vías del tren que nos llevaba a Pravía. El apeadero destartalado de Soto era nuestro refugio en los minutos de espera habituales de aquel cercanías que casi siempre llegaba tarde. Cuando veíamos la vieja máquina de gasoil asomar por el túnel, saltábamos al andén intentando adivinar el lugar exacto en el que el vagón abriría  sus puertas. Entrábamos a la carrera, arrastrando las mochilas de los libros que terminaban bajo los asientos de escay azul, desteñidos y rajados por el uso reiterado de los mismos pasajeros somnolientos y aburridos por su propia rutina que reposaban sobre ellos. El sonido hidráulico de las puertas daba paso al pitido agudo del tren que reanudaba quejumbroso su ruta en un via crucis diario que repetía con la misma asiduidad con la que nosotros caminábamos sobre sus vías, repitiendo el camino que, poco a poco y casi sin avisar, fue terminado para unos y comenzando para otros. Como la vida misma.

La cabaña del lago

Miembros del equipo de TVE de “80 cm” fotografían la puesta del sol sobre el Lago del Valle. 21 de junio de 2017. © Miki López/LNE

El agradable murmullo del agua que se se desprendía del caño del abrevadero se entremezclaba con los  mugidos del ganado que pastaba a orillas del lago. Me fijé en las salpicaduras de la fuente que brillaban como perlas anaranjadas con las últimos destellos del sol que se ponía  sobre El Valle. Un enorme mastín se acercó amistoso, meneando el rabo de un lado a otro, seguramente buscando una caricia que le sacase de su monótona vida de perro guardián. Posé mi mano sobre la enorme cabeza que salía de aquel collar de púas a prueba de lobos mientras el animal me soltaba un lametazo cariñoso en el antebrazo. Un equipo de TVE terminaba la grabación de un documental para el programa “80 cm”. Recogían su equipo justo en el momento en que el sol toma esos tonos anaranjados que inundan el paisaje con una luz tan cálida como fascinante.

Atardecer sobre el lago del Valle. 21 de junio de 2017. © Miki López/LNE

Otra vez la magia del atardecer me sorprendía en uno de esos parajes que te enorgullecen como asturiano y que justifican el exagerado amor que podemos llegar a sentir por nuestra tierra. Sentí pena por aquellos compañeros de la tele que se iban a perder semejante derroche de belleza natural. Prepare el equipo junto a la cabaña de los Cobrana, una conocida familia ganadera del Valle del Lago. Una palloza tradicional que le da un punto, si cabe, más pintoresco al que para mi es el más hermoso de los lagos de Asturias. Las sombras comenzaban a engullir su emblemática isla mientras la hora mágica del atardecer fundía los azules en ocre, palideciendo los verdes de los prados. Con la cámara sobre el trípode volví a la fuente para incluir en la composición del imponente atardecer la potencia visual de aquella cabaña que parecía sacada de un cuento de hadas.

Noche en el lago del Valle. 21 de junio de 2017. © Miki López/LNE

Elsa me ayudó a poner dimensión a la imagen añadiendo su silueta recortada sobre el fondo plateado del lago. Medí la luz con prisa, con el temor de que aquella maravilla pudiese esfumarse en un suspiro. Y poco a poco el sol se escondió en valle dando paso a unas estrellas que se querían asomar entre las pocas nubes que desde el sur amenazaban con ocultar su espectáculo. Pero teníamos el viento del norte y la suerte de cara. Las nubes se retiraron y la oscuridad nos dió la oportunidad de iluminar la cabaña con la linterna del frontal. Nada se movía en el Lago Del Valle, nada interrumpía la belleza que la noche otorgaba a aquel paraje de ensueño. Entre disparo y disparo solo podíamos disfrutar de esos momentos únicos que te regala Somiedo, entre los aromas limpios de su naturaleza y el murmullo acogedor de aquella fuente que brotaba un poco más arriba de la cabaña del lago. Hay cosas en la vida que no se pagan con dinero.

Silencio en Saliencia

Mar de nubes sobre el valle de Saliencia. Alto de La Farrapona, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

La carretera del puerto de La Farrapona serpentea por el valle de Saliencia entre la densa niebla de la tarde y se empina con rampas que se abren al esplendoroso cielo azul durante el último tramo del trayecto. La que ya es una de las etapas míticas de la Vuelta Ciclista a España, corona en el alto de la cordillera que nos separa de las tierras leonesas, a las que se accede por una pista de tierra que no invita demasiado a continuar el camino. El amplio aparcamiento de La Farrapona está casi vacío. Dos o tres coches aparcados junto al terraplén del que arranca la senda a los lagos de Saliencia. Cae la tarde y algunos ganaderos observan sus reses desde la orilla de la carretera, convertida en un espectacular balcón al mar de nubes que comienza a inundar el valle.

El sol se pone sobre el lago Cerveriz. Saliencia, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

El camino  desciende suavemente hacia la enorme cazoleta cóncava en la que se esconde el lago de la Cueva. El silencio se rompe únicamente por el crujir de las piedras  bajo las botas que avanzan por la senda que aprovecha los accesos a la antigua explotación minera que se levantaba en el entorno del lago. Tras la curva se descubre el verde turquesa de sus aguas. Silenciosa y tranquila, la enorme laguna se presenta a la vista como una piedra preciosa que emerge del fondo del pozo sobre el que descansa. Las sombras avanzan sobre esta maravilla de la naturaleza que rodean las cumbres más altas del concejo de Somiedo. La ruta se empina bordeando las terrazas de escombro que la actividad minera fue amontonando en las laderas. La altura va empequeñeciendo el lago en la inmensidad del valle moteado de hierba y caliza rota por la antigua glaciación.

Lago Calabazosa. Saliencia, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

Un poco más arriba se adivina el lecho de una laguna desecada por la escasez de lluvias de la época estival. Desde el alto se descubre el lago Cerveriz, asentado sobre una espectacular campera que desciende con suavidad hacia sus orillas, escoltado por los riscos escarpados entre los que ya comienza a esconderse el sol. Por unos momentos el tiempo se detiene mientras observo el espectáculo. Preparo la cámara y me dispongo a capturar el efecto cegador de este tardío sol de junio que no quiere irse a dormir. Los reflejos del agua vuelven a facilitarme la composición con esas simetrías perfectas que únicamente puede ofrecer la naturaleza. A mi espalda se abre el valle que conduce al otro gran lago de Saliencia: el de Calabazosa. Enorme, oscuro y con un halo de misterio algo inquietante pero con un irresistible magnetismo que te hace contemplarlo sin prisas desde el alto de la vega de Cerveriz.

Las estrellas sobre el lago de la Cueva. Saliencia, Somiedo. 15 de junio de 2017. © Miki López/LNE

La luz anaranjada de la tarde ya inunda todo con la calidez de las últimas horas de la tarde. El azul del cielo se oscurece para dar paso a las primeras estrellas sobre el firmamento. Comienzo a hacer fotos cuando el silencio comienza a reinar en Saliencia, cuando la noche y las estrellas se convierten en protagonistas del paraíso. Como en Covandonga, la velada se me hizo corta. La distancia, la oscuridad y el tiempo hicieron que al menos, esa noche, desechara la idea de acercarme al Lago del Valle. Con la idea de hacerlo a la semana siguiente, recogí el material dejando tras de mi los lagos de Saliencia en la paz absoluta de la oscuridad de una noche con estrellas. Continuará…

La magia de la noche en los Lagos de Covadonga

La noche cae sobre el lago Enol, 6 de junio de 2017. Miki López/LNE

En el mes de mayo es habitual que me reúna con alguno de los responsables de este periódico para tratar de poner en marcha algún reportaje que de inicio al suplemento de verano. Hacía tiempo que le habíamos dado vueltas al asunto de fotografiar la naturaleza durante la noche aprovechando la luz de la luna. Lo intenté en mayo, pero las condiciones meteorológicas no fueron las adecuadas, por lo que decidimos esperar al mes siguiente. Yo no estaba demasiado convencido de este experimento por varias razones. Una, por el mero hecho de mi falta de experiencia en  fotografía nocturna. La otra, por la seguridad de que este tipo de imágenes serían muy difíciles de trasladar al papel de un periódico, que no tiene precisamente la calidad de una revista.

Lagos de Covadonga y Picos de Europa al atardecer

Lago Ercina por la noche. 6 de junio de 2007. Miki López/LNE

Así todo, una tarde de junio cogí el equipo y el trípode y arranqué camino de los Lagos de Covadonga con más ganas que fe en los resultados. Al llegar a la vega de Enol, el sol caía sobre el horizonte escondiéndose de vez en cuando entre las nubes que arrastraba un primaveral viento del sur. La luna a la espalda, con un brillo aún tenue ahogado entre el resplandor del atardecer y el cielo azul pálido que todavía dominaba el firmamento. La tarde era tan agradable que decidí sentarme en la hierba y esperar a ver que sorpresas me deparaba la noche.

Me sentí bastante raro disfrutando de aquellos momentos de paz mientras trabajaba. Para un fotoperiodista como yo, los acontecimientos suelen ir mucho más deprisa. No solemos tener tiempo a pensar tanto las cosas, así que salió de mi el sentimiento negativo de que aquello no podría salir demasiado bien. Pero me dejé llevar por las circunstancias y decidí disfrutar de aquel anochecer que me regalaba la naturaleza.

Lagos de Covadonga y Picos de Europa en una noche de luna llena

Reflejos del Lago Enol. 6 de junio de 2017. Miki López/LNE

Jugué con el equipo, imaginé composiciones y las ensayé desde el trípode minutos antes de que alguien decidiese apagar las luces del paraíso. Y con la oscuridad llegó la magia y mi esfuerzo personal por tratar de grabar aquel espectáculo en el sensor de la cámara. Me sentí como un cazador del tiempo incapaz de dar alcance a su presa, pero también fui consciente de que estaba disfrutando del privilegio de haber tenido la oportunidad de presenciar aquel espectacular atardecer en los Picos de Europa.

La noche pasó rápido. Con la mirada acostumbrada a la plateada luz de la luna, recogí el equipo y revisando la cámara, me sorprendió el hecho de haber disparado apenas una veintena de fotografías. Casi tanto como el paisaje de cuento que tuve la suerte de presenciar en mitad de aquella cálida noche de junio en los Lagos de Covadonga.

-“Está claro que tendré que repetir en Somiedo”, pensé.  Un día de estos os lo cuento.

Pompas de Jabón

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Pompas de Jabón. Entrega de premios de la Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Asturias. Oviedo, 16 de enero de 2017. ©Miki López/LNE

La vida es un bucle. Es curioso ver como las modas tienen un ciclo que, siempre, de una u otra manera, reaparecen en nuestra vida con la fuerza de la juventud, con la apariencia de algo nuevo que en realidad hace ya décadas que estaba inventado y que consiguen hacer el agosto a los avispados del marketing que se esconden tras las fiebres reinventadas. Las peonzas, los cubos de Rubik o incluso conceptos de relax como el spinner, son elementos que curiosamente consiguen apartar, al menos por una temporada, a niños y adolescentes de los estresantes  smartphones y consolas. Es como si la vida le hiciera un corte de mangas a la informatizada sociedad de la tecnología. Pero como todo ciclo, también tiene un final que explota como una pompa de jabón. Igual que aquellas con las que jugábamos de críos y que también volverán a ponerse de moda. Eso es más que seguro.

El lenguaje de Errejón

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Iñigo Errejón saluda a Daniel Ripa en el Calatrava de Oviedo. Oviedo, 28 de abril de 2017. Foto: Miki López/La Nueva España

El amago de moción de censura que anunciaba estos días Pablo Iglesias, despertó un interés añadido a la tertulia intergeneracional que Íñigo Errejón protagonizaba este viernes en el el Calatrava de Oviedo. Una nube de fotógrafos, cámaras de TV y periodistas rodeamos al “chavalín” de Podemos minutos antes del inicio del acto. Las preguntas pertinentes y las respuestas claras como suele ser habitual en la gente del partido morado. Lo que nos descolocó un poco fue el uso de algunos términos del lenguaje tras la improvisada rueda de prensa. Un compañero observa que Errejón no se encamina hacia la sala donde le esperaban más de un centenar de personas y preguntó a su jefe de prensa que a dónde iba. La respuesta fue sencilla:

– Primero tiene que ir al sanitario.

¡A un asturiano no le puedes soltar eso ho! Poco a poco nos fue entrando la risa floja imaginando al carismático político preguntando por el sanitario en un chigre de Langreo. Los más probable sería que el camarero interpelado llamase primero a una ambulancia del SAMU antes que indicarle el camino de los urinarios. Cuando Iñigo volvía del water, el servicio, los mexaderos, el baño….(¡cualquier cosa menos sanitario, por dios!) yo no podía dejar que contener la risa. Espero que tras la conferencia no se haya pasao con la sidra. Iba ser la comedia.

Humo

 

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Humo de los incendios en los valles del concejo de Ibias. 21 de abril de 2017.©Miki López/La Nueva España

El coche iba trazando con suavidad las curvas del corredor del Narcea bajo un sol primaveral. El verde intenso de los árboles suspendidos sobre el embalse de Pilutuertu oculta la realidad de un abril que se presentan como uno de los más secos de los últimos años. Al llegar a Cangas una inmensa nube de humo blanco con reflejos ocres se recortaba sobre el cielo como un extraña nube de tormenta. En línea recta calculamos que estaría a unos 15 km de distancia en dirección al Pozo de las Mujeres Muertas. Un incómodo hormigueo en el estómago me recuerda sensaciones ya vividas meses atrás: Allande, El Valledor, El Franco, Tapia…vuelve el fuego devastador, el cáncer de la España Verde que transforma el verde primaveral en naranja que vuelve negro todo lo que toca.

Atravesamos el puerto siguiendo la huella inconfundible del desastre, atravesando un valle de Valvaler calcinado donde ya no queda nada que el fuego pueda consumir. El aire seco huele a madera quemada y el sol de la tarde intenta abrirse paso entre la siniestra calima rojiza que lo envuelve todo. Llegando a San Antolín vemos los primeros helicópteros que cogen rumbo hacia las  columnas de humo que se ven a lo lejos. Se pierde entre ellas haciéndose pequeño, casi como una mota de polvo sobre el horizonte que domina el fuego. David contra Goliat en medio de un paraíso de nuevo en peligro. Media hora más tarde llegamos a Torga, un pueblo pequeño moteado por cerezos en flor y con una población mermada en la que el vecino más joven ya ha superado los 70 años. Torga es el balcón al desastre ecológico que amenaza a la reserva de Muniellos, una de las masas forestales más espectaculares de Europa. Los helicópteros maniobran con destreza sobre las lomas humeantes del Valle . Las lenguas de fuego, con llamas de más de tres metros devoran todo con la avidez de un monstruo incontrolable. Un hidroavión aparece sobre el horizonte descargando miles de litros de agua que se evaporan antes de tocar el suelo. La tarde avanza y la caída del sol deja un agridulce espectáculo de color gris anaranjado sobre el estrecho valle donde se esconde Omente, el pueblo donde se originó el incendio. Dos enormes castaños centenarios parecen vigilar el pueblo que la noche anterior casi se había convertido en un infierno. El fuego respetó los años de los viejos árboles bordeando la cuneta de la carretera para emprender una carrera endemoniada monte arriba, dejando tras de si el negro manto del desastre. Que pena.