El cielo congelado

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Cielo estrellado. Puerto de Leitariegos. 18 de enero de 2017.© Miki López

Nunca me había planteado la idea de trabajar a 10 grados bajo cero. Mi última experiencia a bajas temperaturas en medio del temporal, terminó con la avería de las dos cámaras de fotos que me acompañaron en la aventura y eso que en ningún momento habíamos bajado de los 4 grados negativos. La tecnología sufre con el frío, pero desde luego lo pasamos peor los que no estamos acostumbrados a las cortantes ráfagas de viento gélido que atraviesan los valles más altos de las cordilleras asturianas. Subíamos el Puerto de Leitariegos con la vista fijada en el termómetro exterior de nuestro coche. Los números negativos nos acompañaron desde Cangas del Narcea hasta alcanzar los más de 1500 metros de altitud que terminan en las casas del Puerto de Leitariegos. Alguna luz tenue comenzaba a iluminar el interior de unos hogares que se cerraban herméticos a la cruda noche en mitad de la montaña. Dejamos el coche y cruzamos la carretera para perdernos en la oscuridad que a duras penas rompían las escasas farolas que bordeaban una de las calles del pueblo. Seguimos el estrecho camino que asciende con suavidad desde la pequeña plaza de la iglesia hasta los huertos que bordean la senda de la laguna de Arbas. Cuando miramos atrás, vimos el pueblo envuelto en la pátina  de una niebla casi trasparente, emergiendo de la oscuridad con la calidez de una hoguera recién encendida.  De pronto el viento levantó el telón de la calima que nos envolvía para mostrar por sorpresa la maravilla del cielo más estrellado que jamás habíamos contemplado. La temperatura bajaba por momentos y el frío entumecía los dedos con los que intentaba ajustar los controles de mi EOS 5, una cámara que decidió que esa noche, pese al frío, lo que iba congelarse era semejante espectáculo.