Día internacional de la fotografía

Fotografiando sombras. Lugones. 28 de agosto de 2015. © Miki López

Fotografiando sombras. Lugones. 28 de agosto de 2015. © Miki López

Echando cuentas resulta que llevo más de 25 años enganchado a una cámara de fotos. Viví la transición de lo analógico a lo digital sin apenas darme cuenta de lo que se nos venía encima, pero cuando hice mi primera foto con una cámara digital, entendí que las cosas iban a cambiar. Y mucho. A finales de los 90, los fotógrafos de prensa vivíamos deprisa. O eso creíamos. Cerramos los laboratorios analógicos de los periódicos y comenzó la locura de los ordenadores, los portátiles, las wifis y el trabajo en tiempo real. Llegó un momento en que nos olvidamos de lo que realmente éramos y vimos como la democratización de las imágenes en la red creó un inmenso mar de basura en formato jpg que inundaba páginas web y redes sociales. Y ese volumen de “ruido” fotográfico fue aumentando exponencialmente conforme iban bajando los precios de las cámaras de fotos. Incluso nosotros pasamos de tirar dos o tres carretes diarios, lo que vienen a ser unas 100 fotografías, a como poco, cuadriplicar esa cifra en un día de trabajo normal. En una jornada extraordinaria, como la de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, os podéis imaginar…
Cambiamos la calma del buen cazador de instantes decisivos por el estrés de cámaras capaces de disparar 10 fotogramas por segundo, imágenes que transfieren inmediatamente a un teléfono móvil para enviarlas en bruto y a lo bruto a una redacción situada a cientos o miles de kilómetros para, a continuación, ser publicadas en una edición digital de forma inmediata.
Los tiempos han cambiado la fotografía, un arte cuyo proceso se mantuvo prácticamente inalterable durante más de un siglo. pero ahora todos tenemos que saber de megapíxeles, espacios de color, formatos de imagen y software de procesado. Términos y tecnologías que cambian día a día dejando obsoletas nuestras cámaras de miles de euros cuando apenas hemos terminado de pagarlas.
Lo único bueno de esta nueva situación es que la primera parte del proceso sigue y seguirá siendo un arte. No hay tecnología que supere la capacidad de percepción de un buen fotógrafo. La creatividad, el sentimiento y el buen ojo son capacidades exclusivamente humanas. Si algo bueno tiene la red es que, entre toda esa basura que flota en el mar de las webs, todos los días encuentro a un fotógrafo que me hace sentirme orgulloso de pertenecer a este gremio de supervivientes. Feliz día de la fotografía a todos.

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