Peregrinos del viento

Thijs Droogmas en el Camino de Santiago.  Allande, 15 de julio de 2016.  © Miki López/La Nueva España

Thijs en el Camino de Santiago. Allande, 15 de julio de 2016. © Miki López/La Nueva España

Thijs es el nombre de 2 metros de peregrino nórdico que remonta los repechos del Canino de Santiago con la firmeza de un ciclista-escalador en el Tour de Francia. Los del sur no estamos acostumbrados a estos portentos físicos, rubios y de ojos azules inasequibles al desaliento que demuestran su poderío con una facilidad pasmosa. A poca distancia de nuestro punto de partida entablé conversación con este agradable holandés errante que repite ruta jacobea, esta vez por el denominado Camino Primitivo. Como tantos otros peregrinos, Thijs se busca a si mismo en un paisaje en el que es más que fácil perderse, especialmente en esta etapa rompepiernas, la etapa de los hospitales, que hace referencia a las tres hospederías medievales que bordeaban el sendero tras superar algunas de las rampas más duras en el ascenso al desierto de La Marta, el puerto allandés que, junto con el del Palo, son parte del reino del viento y la niebla de Asturias. Hoy los restos de aquellos antiguos refugios de piedra siguen siendo testigos mudos del peregrinar jacobeo.

Camino de Santiago. Montefurao, Allande. 15 de julio de 2016.  © Miki López/La Nueva España

Camino de Santiago. Montefurao, Allande. 15 de julio de 2016. © Miki López/La Nueva España

Cuando uno se para ante sus ruinas es inevitable pensar en la cantidad de viajeros que encontraron calor y comida en mitad del frío, la niebla y la ventisca que en invierno se adueñan de este paisaje de montaña tan maravilloso como hostil. Pero también en verano solo los peregrinos más audaces se atreven con la ruta de los hospitales. En estos meses estivales las altas temperaturas se alían con las rampas verticales que quiebran los 26 km eternos en los que no es posible encontrar ni aldeas ni agua potable, por lo menos hasta llegar a Montefurao, a unos 8 km del destino que marca Berducedo. Y allí se quedó mi amigo holandés, encontrando un trozo de si mismo a la sombra de un rincón en el que parece que se detuvo el viento, el tiempo y el silencio. El camino continúa por la única calle de Montefurao, bordeada por muros que desfilan entre casas de piedra y pizarra antes de iniciar otro duro ascenso en dirección a Lago. La brisa cede y el calor asfixiante del mediodía golpea en el rostro y en el ánimo antes de llegar a la carretera y al oasis del único bar que se puede encontrar a lo largo de la ruta.
Tras una de esas cervezas inolvidables, seguimos el sendero que serpentea entre los montes de pinos que sirven de puerta a Berducedo. Cuatro kilómetros llanos que se convierten en un paseo placentero donde las piernas siguen con facilidad la inercia del maltrato al que las hemos sometido durante esta durísima etapa del Camino de Santiago. Al fondo, entre la arboleda se vislumbra el albergue de Berducedo, donde los peregrinos ya descansan a la sombra acogedora de sus paredes. Para ellos mañana el camino continuará descendiendo la vertiente de El Palo que muere en Grandas de Salime, donde enfilaran el puerto del Acebo que les introducirá en la Galicia del Apostol Santiago. Buen camino Thijs. Buen camino peregrinos. Merece la pena.

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