“Desunion Jack”

Una mujer graba la intervención de Juan Carlos Monedero con un móvil personalizado con la bandera del Reino Unido. Oviedo, 19 de junio de 2016 © Miki López/La Nueva España

Una mujer graba la intervención de Juan Carlos Monedero con un móvil personalizado con la bandera del Reino Unido. Oviedo, 19 de junio de 2016 © Miki López/La Nueva España

Es lo que tienen los referendums: no valen las medias tintas. Es el infierno de los indecisos. Siempre hay que optar por un si o un no, por una cara o una cruz, por un blanco o un negro. Y como fotógrafo que soy, reconozco que no me gusta nada eso de que no haya tonalidad de grises. Para el ciudadano que se enfrenta a esa decisión, muchas veces implica un esfuerzo añadido al tratar por poner en una balanza los pros y los contras de esa papeleta que, en un sentido u otro, cae en una urna sin posibilidad de retorno. Muchas veces este juego consiste en un intento por conciliar lo que siente el corazón y lo que dicta la cabeza, que no es moco de pavo. Tras ese voto anónimo, nos damos de cara con lo más noble o lo más rastrero de la sociedad que conformamos como votantes, llevado siempre a los extremos por esa forma polarizada de decisión. Pensando en el Brexit, no creo que la apática flema británica les haya convertido en imbéciles de la noche a la mañana, pero desde luego se han metido y nos han metido en un lío de tres pares. Muchos buscan justificación en la inmigración, por ejemplo en la picaresca de las ayudas sociales que convirtieron el Reino Unido en el reino de los jetas comunitarios donde conseguían subsidios mileuristas a costa de las garantías económicas a las que optaban por derecho europeo. Cameron puso fin a ese descontrol, a ese claro síntoma de que la pesada burocracia europea  está acabando con la propia Europa. Pero el mal ya estaba hecho y fue algo de lo que se aprovecharon la panda de xenófobos y  nostálgicos de sueños coloniales victorianos. Son esos los que ahora quieren cerrar sus fronteras a lo que consideran una peste de famélicos refugiados que se acercan peligrosamente al canal de la mancha, muy cerquita de las playas de Normandía en las que paradójicamente desembarcaron y murieron tantos británicos por conseguir librar a Europa de la amenaza del nazismo. Los mismos que desconfían y expulsarían gustosamente a todos los ciudadanos no británicos que trabajan y contribuyen a que el Reino Unido sea una de las economías más fuertes del mundo.
Es curioso. Resulta que la bandera británica se ha puesto de moda: hace meses que vemos por todas partes camisetas, cascos de moto y fundas de móviles que se adornan con la “Union Jack”, la bandera de la Unión que curiosamente corona el mástil de los que abanderan lo contrario. Una pena.

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