Acosados

Víctima de acoso escolar. Oviedo 18 de febrero de 2016. ©Miki López

Víctima de acoso escolar. Oviedo 18 de febrero de 2016. ©Miki López

Algo tenemos que estar haciendo mal. Los profesionales de los medios de comunicación, vemos como cada día se recorta nuestro ámbito de actuación atendiendo a las libertades de los demás, a las libertades individuales que en ocasiones chocan con nuestra cada vez más maltratada libertad de información. El “a mi no me hagas fotos” está al orden del día en los contextos más inofensivos que uno se pueda imaginar. Incluso me ha soltado ese improperio un señor semioculto tras una pancarta en medio de una manifestación en contra, entre otras cosas, de la famosa ley mordaza. Paradojas de la vida.
El caso es que con tanto derecho a la propia imagen me enciendo cada vez que leo o cubro una de esas noticias de acoso escolar. Resulta que nos preocupamos más por garantizar unas libertades que, salvo clara justificación, son de perogrullo mientras nuestro sistema es incapaz de proteger a los críos que todos los días temen la hora de entrar al colegio o al instituto, donde le esperan media docena de sinvergüenzas que disfrutan impunes de su “juego infantil”, un juego muchas veces mortal. Y la comunidad escolar mirando para otro lado, en parte porque los padres de los sinvergüenzas, en algunos casos, más sinvergüenzas todavía, se sienten ofendidos si alguien pone en duda la integridad moral de las alimañas que tienen en casa. Eso no es cosa de críos señores, es cosa de cobardes hijos de puta. Y nadie está libre de que le salga un guaje torcido, pero como padres tenemos la obligación de detectarlo y corregirlo en cuanto se tenga la más mínima sospecha al respecto. Leo con tristeza el episodio de esa niña de Oviedo que entregó hasta 400 euros a los verdugos de su acoso, escucho en la radio como queda de nuevo sobreseido el caso de Diego, el pobre chaval que se suicidó en Madrid hace un par de años lanzándose por la ventana de su habitación, incapaz de soportar más vejaciones. La carta de despedida a sus padres es sencillamente desoladora. Y me quedo boquiabierto ante la queja del centro escolar lamentando que la imagen del colegio quede dañada de por vida. Por mi como si os cerraban el chiringuito para siempre, a ver si ponemos solución a esta mierda que envilece cada día más esta sociedad de hipócritas que nunca quieren salir en la foto.
Que ya esta bien hombre.

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