No solo fútbol

Red de portería de fútbol. Avilés, 2014. ©Miki López

Red de portería de fútbol. Avilés, 2014. ©Miki López


Nacho se mordía las uñas con nerviosismo. Seguro que mamá le estaba mirando desde la grada y se enfadaría, pero él no podía evitarlo. Miraba fijamente sus relucientes botas amarillas, el mismo modelo que calzaba su ídolo CR7 y que le habían traído los reyes las navidades pasadas. Mientras trataba de acomodarse por enésima vez entre las tablas del duro banquillo de madera, observaba de reojo a su entrenador que no dejaba de dar voces a los 5 compañeros que correteaban por la pista de fútbol sala. De pronto Javi falló un gol solo delante del portero. Nacho se estremeció, casi agradeciendo el no haber salido todavía a jugar.
-“¡Chaval! ¡Pero como cojones fallas eso! ¡Inútil!
-“¡Jose! Prepárate para salir que Javi va calentar el banquillo los 10 minutos que quedan.
Nacho se dio cuenta de que ya quedaba poco y que a él nadie le había mandado calentar todavía. Sabía que no era el mejor del equipo, pero le daba un poco de vergüenza que sus abuelos hubiesen ido a verle y que todavía no hubiese tenido la oportunidad de tocar el balón para que viesen que él también sabía hacerlo bastante bien. El entrenador seguía dando voces a sus compañeros, mientras escuchaba como los padres de Berto insultaban a un jugador del equipo contrario que había llegado tarde a la disputa de un balón llevándose por delante a su compañero.
-“Imbécil”…¡Pero a ti como te dejan pitar! ¡Payaso! Le gritaron al árbitro
El equipo de Nacho ganaba 5 a 4 y los gritos entre los padres en la grada se hacían cada vez más ofensivos según se acercaba el final del partido. Faltaban 5 minutos…
Y por fin llegó el momento:
-Nacho, calienta…
Como un resorte Nacho se levantó quitándose la sudadera y comenzó a calentar: tobillos, rodillas, cadera…todo con movimientos envolventes tal y como le enseñaron cuando tenía 6 años, cuando fue con tanta ilusión a su primer entrenamiento con el club. Ahora ya era todo un chavalote de 9 y por fin podría demostrar a su abuelo que jugaba en el mejor equipo de la comarca. Al menos eso decía el mister.
El entrenador le llama…por fin va a salir. De pronto un jugador contrario lanza un tremendo zapatazo batiendo a Samuel, nuestro portero, con un golazo por toda la escuadra.
-“¡Joder!!¡Pero que coño estáis haciendo!!
-¡Javi!!! Calienta!!! Nacho siéntate..hoy no vas a poder jugar por culpa de los inútiles de tus compañeros.¡Mierda! ¡Se nos escapa el puto primer puesto!
Quedaba un minuto. Javi robó un balón en el medio del campo, regateo a dos contrarios quedándose solo delante del portero batiéndolo con maestría con su pierna izquierda. El delirio se apoderó de sus compañeros, de los padres de la grada y de su entrenador que daba botes de alegría mientras el árbitro señalaba el final del partido.
Nacho se alegró pero fue incapaz de levantarse del banquillo. Volvió a bajar la mirada al reluciente amarillo de sus botas de fútbol y la tristeza volvió a apoderarse de él cuando recordó que sus padres y sus abuelos estarían en la grada esperando para verle jugar.
-Venga Nacho..¡Anímate! El próximo día jugarás todo el partido. Además aquí hoy ganamos todos, aunque no hayas jugado, hombre. Esto es un equipo.
Cabizbajo se levantó y caminó solo hacia el vestuario.
“El próximo día…” pensó.
“El próximo día no quiero venir”
Y una lágrima rodó por la mejilla de Nacho
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Aunque no sea un caso generalizado, seguro que más de uno sabrá que esto es una historia real con montones de nombres que todos podemos poner a los protagonistas de esta historia. Hago esta reflexión para hacer ver que nuestros críos están en muchos casos en manos de entrenadores que tienen poco o nada de pedagogos, que creen que trabajan con equipos profesionales cuando su única misión es la de formar a los niños en los valores propios del deporte en general sin la contaminación que supone el fútbol profesional, cargado de vicios, tópicos e ídolos millonarios que tristemente son el modelo para gran parte de nuestros chavales y la ilusión utópica de muchos más padres de los que pudiésemos creer. La labor de los entrenadores es enseñar a chavales y a padres que ese fútbol profesional es un mundo al alcance de muy pocos y que es mucho más fácil que te toque la lotería para arreglarse el futuro propio y el de sus hijos. Que los Messi, los Cristiano y los Neymar además de ser unos fuera de siere, son producto de un marketing muy estudiado. Cualquier entrenador de niños debería preocuparse en hacer ver a sus jugadores que los rivales están en uno mismo, no en el compañero que juega en su misma posición. La autosuperación es mejorar ese disparo, esa zurda o aquel control de balón. Ahí es donde está el verdadero éxito de un jugador de fútbol en edad escolar. Mucho más que en los resultados del equipo.
Gracias a dios, el fútbol en esta casa ha sido una cosa efímera. Hicimos buenos amigos, lo pasamos bien y, salvo excepciones, tuvimos buenos entrenadores. Pero agradezco que ese tiempo haya pasado. Es una pena que un deporte tan hermoso sea fuente de conflictos y de falta de valores. Y a los padres que tengáis críos especialmente hábiles con el balón, por favor, nunca perdías la perspectiva de la realidad. Son niños y el fútbol no deja de ser un juego y un lugar en el que aprender muchos aspectos de la vida diaria: respeto, colaboración, autosuperación y vida sana. A fecha de hoy, personalmente lo veo bastante lejos de ese propósito.
Bendito deporte

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