¿Quien ye esi?

Pintada en favor de la oficialidad de la Llingua asturiana. Pola de Lena, 23 de marzo de 2007 ©Miki López

Pintada en favor de la oficialidad de la Llingua asturiana. Pola de Lena, 23 de marzo de 2007 ©Miki López


Güelita tiene 88 años bien trabajados. Lo demuestran los profundos surcos de unas arrugas que envejecen el rostro donde brillan sus profundos ojos azules, tan azules como ese cielo asturiano que tan poco se deja ver en estos días otoñales.
Todos sus nietos la llamamos Maru, el abreviado apodo de Maria Generosa que reza en su ya irrenovable DNI. El ictus que sufrió hace años restó energía a su cuerpo y a su voz, pero nunca terminó con la forma de ser de una mujer luchadora e incansable que cada día se hace un poco más niña. Pasé muchas tardes en la cocina de su casa, escuchando embobado las mágicas y legendarias aventuras de mi abuelo, Milio´l Castro. Pocos pueden presumir de haber tenido un güelo “ayalgueiro”, un buscador de tesoros al más puro estilo romántico, que buscaba una esperanza para sacar adelante a una familia en una época tan dura como la de la posguerra española. Maru hablaba utilizando un idioma que no hablaban en mi colegio, el rancio y elitista San Luis de Pravia de finales de los 70 y principios de los 80. Era el idioma que hablaba mi madre, mi padre, mis abuelos y mis tios. Era el idioma que continuamente me corregían algunos de aquellos profesores franquistas y de modelo británico que ejecutaban a la perfección con el castellano aquella máxima educativa de que “la letra con sangre entra” y actuaban a la inversa con nuestro maltrecho asturiano. Sacaban de nuestro vocabulario expresiones de nuestra lengua materna a golpe de colleja, haciéndote sentir un analfabeto y menospreciando el idioma y a las personas que te lo habían enseñado de forma tan natural. Era evidente que aquello tuvo en mi un efecto contrario al deseado porque todo lo relacionado con la llingua asturiana iba asociado a las personas que más querías y que más te querían. Era puro sentimiento y para cambiar los sentimientos nunca sirvieron ni los yugos ni los castigos. Esta situación de acoso que sufrimos en aquellos años, iba derribando día a día la posibilidad de perpetuar y normalizar el asturiano. Como tantos amigos y compañeros me convertí en un analfabeto de mi lengua vernácula, hablando con fluidez pero incapaz de trascribir esas palabras y pensamientos en un papel. Hoy sigue siendo mi asignatura pendiente.
En aquellos años 80 se libraba una batalla por la Llingua en la Universidad de Oviedo. Una guerra que hoy sigue cobrándose sus víctimas y en la que cada día que pasa se aniquila un poco más el asturiano. Al final las rencillas personales y el odio exacerbado hacia el asturiano tienen el apellido de Alarcos, Bueno y Fernández. Personas que llegan a tachar de mentira las palabras que salen de los labios de Maru. Palabras llenas de dulzura y sentimiento que no batallan con el castellano, sencillamente conviven con él porque se cuela en nuestras casas, como lo hizo toda la vida, en forma de periódico, de libro, de radio o televisión. Me gusta el castellano, pero el asturiano para mi es mi abuela, mi madre y mis hermanos. Sencillamente es parte de mi familia. Mi padre nos dejó verdaderas joyas escritas desde esa duda de como se deberían trascribir, pero que le brotaban de lo más profundo de su alma y de su corazón. Y le salían en asturiano. Poco sabías de filología viejo, pero que te hablaran a ti de Alarcos, ¿eh papá?
¿Quien ye esi?
Oficialidá

Hombres de otoño

Bosque del Infierno. Piloña, 2010. © Miki López

Bosque del Infierno. Piloña, 2010. © Miki López

No lo puedo negar. Soy hombre de otoño y como tantos otros, estoy muy lejos de ser uno de esos tipos de traje gris, corbata y eterna depresión que tanto inspiran a Joaquín Sabina. Soy más bien de los que se sentarían cómodamente a esperar la caída de las hojas en cualquiera de estos maravillosos bosques atlánticos entre los que he tenido la suerte de nacer. Disfrutar del proceso camaleónico del verde al ocre de estas hayas, robles y castaños pintados por la pobre naturaleza que tantas ganas tenemos de aniquilar con este afán de mantener la economía mundial. Ban Ki Moon, secretario general de la ONU, llama estos días a presionar a las grandes potencias mundiales a dar pasos en favor de una producción sostenible. Llevamos décadas ahogados en estériles burocracias, estancados en reuniones rimbombantes de las que solo salen buenas palabras. Los glaciares se deshielan, las sequías se prolongan y los animales se extinguen. Hasta las nieves perpetuas de nuestros picos se diluyen como las mismas palabras de las cumbres sobre el cambio climático. Los escépticos dicen que no son cosas que no hayan pasado antes. Cierto, pero con la diferencia de que hemos conseguido que procesos que evolucionaban a lo largo de milenios, se han acelerado en unas pocas décadas por las irresponsables acciones del ser humano. El proceso parece ser ya prácticamente irreversible, pero este mundo gobernado por verdaderos hipócritas, guardianes del feudalismo de los mercados, parece que quieren más reuniones. Yo por mi los sentaría aquí, en mitad de esta preciosa senda del Bosque del Infierno. Extraño nombre para un paraiso. Quien sabe si disfrutando de la lenta metamorfosis cromática de esta maravilla natural son conscientes de que siguen sin firmar la absolución de una pena de muerte cuya fecha está a la vuelta de la esquina.
Pero no. Seguirán sentados con su traje gris, su corbata y sus eternas depresiones económicas. Seguro que esto daría para una canción chunga del Sabina.
El otoño ya está aquí. Echemos a andar de una puta vez.