Recuerdos

Era un luminoso día de marzo aunque el sol en puertas de la primavera no era capaz de caldear el medio día.

Flores en el cementerio. Llamas, Aller. Marzo de 2007. © Miki López

Flores en el cementerio. Llamas, Aller. Marzo de 2007. © Miki López


Seguí con la mirada la figura encorvada de la anciana que se encaminaba a la entrada enrejada del cementerio. Me acerqué a la tapia mientras la mujer cruzaba el estrecho sendero que separaba las dos hileras de lápidas. Giró a la izquierda y se detuvo frente al mármol oscuro de una tumba grabada con frías letras metálicas: “Tu esposa, hijos y nietos no te olvidan”. Apoyada sobre su muleta, colocaba las flores de plástico en el jarrón con una ternura difícil de explicar. Fotografié la escena mientras una sensación de tristeza me anudaba la garganta. Pensé en los recuerdos de aquella mujer que, día tras día, seguía el ritual de su paseo diario camino del cementerio. Recuerdos de duros días de trabajo compartido en los oscuros tiempos del hambre y la misera, de noches en vela esperando la llegada de aquel hombre que trabaja a destajo en un chamizo con el único fin de poder dar de comer a una familia que se hacinaba en la pequeña casa de dos habitaciones caldeada por una vieja cocina de carbón. Una historia repetida tantas veces en tantos hogares asturianos. La memoria viva de la dureza de una vida que moldeó paradójicamente el abierto carácter de los asturianos.
La dejé sentada sobre la lápida y me di la vuelta con cierta sensación de culpabilidad por haber robado esos recuerdos con una simple fotografía. Pasan los años y cada vez que veo esta foto me pregunto por el destino de aquella mujer. 8 años después quizás ella ya no esté, pero seguro que el recuerdo seguirá vivo y las flores de plástico seguirán adornando aquella tumba del pequeño cementerio de Llamas.

Son gigantes

Ya es imposible desvincular las montañas occidentales asturianas de la omnipresencia de los molinos eólicos. Esos gigantes que diría don Quijote, que en Asturias serían capaces de iluminar los hogares de dos millones de personas, no dejan de tener un enorme poder de fascinación para el visitante, coronándose como reyes de esas sierras peladas donde los atardeceres se disfrutan como en ningún otro lugar de Asturias.

Parque eólico y lineas de alta tensión en la Sierra de Begega. Belmonte de Miranda. 14 de septiembre de 2006.  © Miki López

Parque eólico y lineas de alta tensión en la Sierra de Begega. Belmonte de Miranda. 14 de septiembre de 2006. © Miki López


Pese a las lógicos inconvenientes visuales que reclaman determinados colectivos ecologistas, he de reconocer que fotografiarlos tiene su encanto. Esta foto la hice en septiembre de 2006 para ilustrar un reportaje que hablaba del auge de las energías renovables y en concreto, del aporte eléctrico de las torres eólicas a la red general. Como tantas veces, esperé a la luz de la tarde combinando los dos elementos del reportaje: los molinos y las lineas de alta tensión. La luz oblicua y lateral de finales del verano, facilitó el contraluz en la ladera sobre la que brillan con intensidad los cables que cruzan el valle. La foto está hecha en la Sierra de Begega, concejo de Belmonte de Miranda.
Datos técnicos
Canon EOS 10D
Objetivo 70-200 mm f2,8 a 200 mm
Velocidad de obturación 1/320
Apertura de diafragma f 13
ISO 400

Escombros

Enero de 2007. Llevaba varios días cubriendo el desmantelamiento de uno de los históricos gasómetros de baterías de Coque de Avilés, observando como día a día aquel gigantesco monstruo, uno de los tres que se levantaban al lado del antiguo edificio de telefónica, era despiezado a golpe de soplete y radial dejando un rastro de escombros caídos frente a las nuevas naves del PEPA que iluminaban tenuemente las farolas de la calle principal.

Un trabajador corta a soplete los restos de uno de los gasómetros de Llaranes. Avilés, 3 de enero de 2007. © Miki López

Un trabajador corta a soplete los restos de uno de los gasómetros de Llaranes. Avilés, 3 de enero de 2007. © Miki López


Esperé a la oscuridad temprana de los primeros días de enero para conseguir que la luz del atardecer compensara algo la iluminación del soplete manejado con destreza por aquel trabajador ya entrado en años. Al fondo se recortaba a contraluz la imponente chimenea del Sinter, indultada del derribo años atrás para convertirla en el símbolo totémico del Avilés de los altos hornos, de las acerías y de los trabajadores que huían de la mísera postguerra franquista. Comenzaba 2007 y los avilesinos no éramos muy conscientes de que entrabamos de cabeza en una nueva era, una era marcada por una de las peores crisis económicas e institucionales de nuestra historia moderna. Como en aquellos inicios de los años 50, como al final de la época de las vacas gordas de estos primeros años del siglo XXI, aun seguimos rodeados de escombros. Y pa rato.
Datos técnicos:
Cámara Canon EOS 1D-Mark II
Lente 70-200 mm f 2,8 a 85 mm
Velocidad de obturación 1/80 Apertura f 3,2
ISO 800