Extinción

Los de piel nórdica agradecemos enormemente esta tregua que nos da la ola de calor estival, aunque en general es algo que estamos bendiciendo todos los asturianos. A mi siempre me pasa. Cuando llega agosto ya estoy hasta las narices de pasar por el agobio del calor húmedo cantábrico y no dejo de mirar las hojas de los castaños añorando un septiembre que todavía se ve lejano. Aprovechando estas pausas nos acercamos al MUJA, el museo del jurásico de Asturias, reclamo para niños de 0 a 100 años que a mi siempre me da mucho que pensar.

Tiranosaurio Rex. MUJA, Colunga. 21 de julio de 2015.  © Miki López

Tiranosaurio Rex. MUJA, Colunga. 21 de julio de 2015. © Miki López

Esas moles descomunales que dominaron el mundo son un ejemplo claro de que las cosas no cambian. Uno puede imaginar el terror que debía despertar en cualquier animal la visión de un Tiranosaurio Rex lanzado a la caza en un galope bípedo de mas de 40 km por hora. Era el puto amo y no tenia mayor preocupación que la de llenar la panza y reproducirse para perpetuar su tiranía tiranosauria. Es inevitable la comparación. El tiranosuario y los grandes carnívoros jurásicos capitalizaban la vida de los dinosaurios devorando a la gran masa de herbívoros que pululaban pacíficamente en manadas por las llanuras del Pangea. Seguramente esta es una visión hollywoodiense de una etapa geológica que afortunadamente no nos tocó vivir como especie, pero hoy nosotros somos los tiranosaurios elevados a la enésima potencia. Está claro que los Rex no tuvieron nada que ver en su propia extinción. Por lo visto la culpa la tuvo un gigantesco meteorito que impactó a velocidad vertiginosa en lo que hoy es el golfo de México. A partir de ahí, una catastrófica reacción en cadena terminó con la vida de los grandes dinosaurios y puso a prueba las capacidades de supervivencia de los seres vivos que no formaban parte de aquella élite de gigantes.

MUJA, Colunga. 21 de julio de 2015.  © Miki López

MUJA, Colunga. 21 de julio de 2015. © Miki López

La humanidad apenas lleva caminados unos segundos de ese tiempo geológico desde que surgió la vida en la tierra, pero lleva consigo el dudoso mérito de haberse convertido en la especie más dañina que haya poblado el planeta, tanto para su entorno como para si mismo. La voracidad del T Rex es un tontería comparada con la voracidad del mercado que se han impuesto las personas. El consumo indiscriminado de recursos desertiza los espacios naturales que fueron su propio sustento durante siglos, abocan a la mayor extinción de especies animales y vegetales que se haya conocido hasta el momento y cambian el clima del planeta a una velocidad que pone en duda la propia supervivencia de la raza humana. Y toda esa inteligencia que nos caracteriza como especie dominante es incapaz de detener la sinrazón de nuestra propia auto destrucción. Algunos dicen que ya entramos en un punto sin retorno. Que más da. Mientras no afecte a la previsión del crecimiento económico del primer mundo, porque a fin de cuentas nosotros hemos creado la más grande de las burbujas. Vivimos en la burbuja de creer que todo es de nuestra propiedad. Encima de ser mentira, la distribuimos fatal. Este planeta tierra terminará por darnos una patada en el culo. Los dinosaurios no lo eligieron. Nosotros si.

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