Cámara oscura

Jerome Muñoz en la cámara oscura del CISLAN. 5 de junio de 2015. © Miki López

Jerome Muñoz en la cámara oscura del CISLAN. 5 de junio de 2015. © Miki López


Lo de mi vocación docente me viene de atrás. Fui un convencido estudiante de magisterio reconvertido, también por razones vocacionales, en fotógrafo de prensa. En 2007 me dieron la oportunidad de fusionar mis dos pasiones enseñando fotografía y fotoperiodismo en el CISLAN de Langreo que dirigía y aún dirige mi amigo Jerome Muñoz. El centro que por entonces calentaba motores, me inyectó una sobredosis de optimismo e ilusión en unos años en los que comenzaba a flaquear mi ánimo de fotógrafo del siglo XX, consciente de que los nuevos tiempos digitales que se avecinaban, me hacían sentir como el dinosaurio que miraba la bola incandescente de aquel inmenso meteorito que se precipitó sobre el prehistórico suelo jurásico. Entré en clase por primera vez un día de febrero sin ser muy consciente de lo que me iba a encontrar en el interior de aquel laboratorio audiovisual. Aquellos chavales, hambrientos de ser fotógrafos, me hicieron sentirme orgulloso de haber elegido esta profesión tan hermosa como ingrata. Un oficio que siempre calificaré como el más hermoso del mundo, un trabajo que solo puede llevarse a buen termino entendiéndolo como una filosofía de vida, como el oficio de un contador de historias congeladas en fracciones de segundo, que produce instantáneas capaces de helar el corazón o de romper con ternura la coraza de los sentimientos más duros a golpe de obturador, con el simple apretar del botón de una cámara en el momento justo y en el lugar adecuado.
Tras tres años vinculado al centro, las vueltas de la vida me hicieron abandonar esa incipiente labor docente y me fui con el buen sabor de boca que te deja el haber compartido tanto, enseñando y aprendiendo de unos chavales extraordinarios que todavía hoy se pasan por el periódico, junto con otros compañeros de El Aramo, en unos periodos de prácticas que se me hacen cortísimos y que me aportan dosis de ilusión cuando llegan y de pena cuando se va terminando el curso y dejan el espacio vacío en unos puestos de trabajo donde cada día es más difícil encontrar gente joven. Se van y la mayoría, pese a las dificultades, siguen adelante con su proyecto de ser fotógrafos. Algunos hacen el petate y se lanzan a la aventura con una valentía admirable. Con poco dinero y muchos cojones siguen adelante. Están acostumbrados a ver el mundo boca a bajo, como en la cámara oscura. Un par de huevos (también ovarios) y una cámara en la bolsa. Basta solo eso para sentirse orgulloso de todos vosotros. Mucha suerte compañeros.

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Un pensamiento en “Cámara oscura

  1. ¡Grande Miki! Ojalá volvieras a dar clase, ya sea en el CISLAN o en el Aramo donde estudié yo. Solo que consiguieras transmitir una milésima parte de tu pasión e ilusión por esta profesión, ya valdría más que todos los estudios de 2 años. No estoy entre los más jóvenes que habrán pasado por allí, pero me has hecho tener ilusión por esto, aunque sea fuera de un periódico. Gracias Miki, las prácticas nunca las olvidaré. ¡Un saludo!

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