Asturias por bandera futbolera

Derbi Real Sporting de Gijón-Real Oviedo. © Miki López

Derbi Real Sporting de Gijón-Real Oviedo. © Miki López

Los que me conocen saben que me gusta tanto el fútbol como lo puedo llegar a detestar. Hay demasiadas cosas antideportivas en un juego que desata pasiones, mueve ingentes cantidades de dinero y convierte a determinadas personas en verdaderos animales. Me parieron sportinguista por obra y gracia de mi añorado padre que se aficionó al equipo rojiblanco durante su época de estudiante en la Universidad Laboral de Gijón. Mi madre cosió un maravilloso 11 en la espalda de aquella primera equipación que me regalaron una navidad, el número de Enzo Ferrero, el inolvidable zurdo argentino que acompañaba a Quini, Abel, Joaquín, Cundi y demás galácticos del Molinón que apunto estuvieron de tocar el cielo futbolístico a finales de los 70. Aquel escudo triangular me llenaba de orgullo infantil en unos años en los que para mi no había otro equipo que el Sporting de Gijón.
Los años fueron pasando y los críos de mi pueblo, de amplia mayoría gijonuda, disfrutábamos jugando al fútbol despellejando los balones de cuero contra el asfalto de las carreteras en las que arañábamos rodillas, codos y manos. Poco a poco fui conociendo la virulencia del fútbol, pero no fue hasta los años 90 cuando conocí de primera mano la rivalidad de los derbis asturianos y, paradójicamente el destino me puso a trabajar al lado del Real Oviedo, y no de un Real Oviedo cualquiera. En el viejo Tartiere fotografié cientos de veces a Carlos, Jerkan, Berto, Jankovic…Mi sportinguismo reconocido no me impidió disfrutar del fútbol de los carbayones a los que acompañé en muchas ocasiones por algunos de los mejores campos de España. Y como uno siempre lleva a Asturias por bandera, también simpaticé con los colores que defendían aquellos héroes de Buenavista. Excepto en los derbis, claro. La vena rojiblanca me hacía difícil concentrarme en el trabajo, teniendo muchas veces que morderme el labio para no cantar un gol de Manjarín, Juanma o incluso Abelardo agujereando la portería de Zubeldia o Mora
Fueron años gloriosos y la sincera alegría que siento por el Oviedo va más allá con la euforia que me embarga con el ascenso a primera de mi Sporting de Gijón. El derbi bien puede esperar un año más. Enhorabuena a todos. De corazón.

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