Molinera

MOLINERA-(21)
El verde primavera de los valles del oso levanta el ánimo a cualquiera, aunque la fresca brisa que corre a la sombra de estos bosques esmeralda enseguida nos hacen recordar que al verano todavía le quedan algunos días para llegar. Es miércoles y la senda que lleva al cercado de Santo Adriano se llena de escolares que agotan las últimas excursiones del ciclo escolar. Molinera, la joven osa rescatada malherida en 2013 luce un pelaje luminoso y un aspecto saludable. Se mueve inquieta por el entorno del comedero en el que Roberto le suministra su rancho diario. El cuidador es la persona de este país que más sabe de Paca y Tola y sin duda, el más apropiado para seguir esa labor con la joven Molinera. No en vano se encargo de los cuidados de las dos peludas hermanas, símbolo de la recuperación del oso pardo cantábrico desde su llegada al cercado de Proaza. La polémica, lo miedos y los oportunismos políticos siempre han envuelto la realidad de unos animales a los que el destino y la mano furtiva de un cazador convirtieron en el atractivo turístico de toda una comarca. Y Molinera tampoco se encuentra al margen de esa polémica. La realidad es que nuestro oso pardo sigue recuperando su población, alcanzando números que demuestras que al menos, en el bosque, las cosas se están haciendo bien. Los demás son particularidades y circunstancias que a mi, personalmente, se me escapan.
Llega el verano. No perdáis la ocasión de ir a ver a esta maravilla de animal. Merece la pena,

Recordando al presidente II. Antonio Trevín

Conocí a Antonio Trevín en Llanes. Las gigantescas gafas que se llevaban en aquellos primeros años 90 aumentaban la sensación de una mirada entrecerrada por unas grandes bolsas que abultaban sus párpados inferiores. Hombre de caràcter tranquilo, ya lucía un porte un tanto encorbado, pero se movía con soltura por un despacho que se me antojaba enorme.

Antonio Trevín. Llanes, 1992. © Miki López

Antonio Trevín. Llanes, 1992. © Miki López


Es curioso, pero en aquellas primeras entrevistas no soy capaz de recordar que su mano sostuviese ninguno de esos puros que parecía que formaban parte de su mano. Pronto comencé a seguirle como presidente, cargo que asumió tras el escándalo del Petromocho. En sus primeros meses al frente del ejecutivo, le toco viajar mucho por Asturias y en especial por una zona occidental de carreteras impracticables, que, en alguna ocasión, nos obligó a tener que hacer noche por tierras de los Oscos para no perder el tiempo con idas y venidas desde la capital a lo más profundo de una Asturias tan olvidada como desconocida que comenzaba a experimentar opciones de futuro con el turismo rural, buscando una alternativa en la desventaja de la incomunicación. La incomunicación que la convertía en la Asturias del tiempo detenido desde hacía siglos, conservando la esencia de un país cautivador, de espacios envueltos en el halo de la magia que creo a los trasgos, los cuélebres y los nuberos. Desde entonces nuestro suroccidente mejoró bastante sus accesos y aquel recien estrenado presidente ya no tuvo que hacer noche en la Asturias profunda y tras ser derrotado en las elecciones de 1995 por Sergio Marqués. Siguió como portavoz socialista en la Junta General y recuperó la alcaldía de Llanes en 1999. Con los años cambió su despacho municipal por otro en la Plaza de España de Oviedo donde ejerció como delegado de gobierno bastante más más tiempo que como presidente. Llegó Rajoy y Antonio dejó la delegación pero por ahí sigue con sus cosas de Diputado por Asturias en Madrid. Cuantas vueltas da la vida. Que se lo digan a Antonio.

Recordando al Presidente I – Juan Luis Rodríguez Vigil

Vi por mprimera vez a Vigil durante aquella histórica reunión que mantuvo el recién llegado mandatario en Soto del Barco con los distintos representantes municipales de los concejos del Bajo Nalón. Tengo en la memoria aquella escena en la que, apoyado sobre las murallas del Palacio de La Magdalena, observaba la belleza pictórica de la desembocadura del Nalón, la que cautivó a aquella afamada colonia de pintores de finales del Siglo XIX encabezados por Tomás García Sampedro .

José Luis Rodríguez Vigil .Pola de Siero, octubre de 1991.  © Miki López

José Luis Rodríguez Vigil .Pola de Siero, octubre de 1991. © Miki López


Era la “Nueva Pompeya”, el gran proyecto turístico y cultural que quería ser el motor de arranque del sucesor de Pedro de Silva. La verdad es que para mi, un recién estrenado fotógrafo de prensa con apenas 21 años, aquel concepto que tanto revuelo e ilusiones había inyectado en mi comarca, se me antojaba como algo extraordinario. Una ría de aguas negras, aun con las cicatrices de los lavaderos de carbón y la contaminación provocada por los desguaces de buques de gran tonelaje que se despiezaban en varias instalaciones a ambos márgenes del río, teñían de gris una de las mas hermosas ensenadas de la costa asturiana. Aunque las “pompéyicas” previsiones del presidente perdieron fueye, si se notó un cambio sustancial en lo que se convirtió en el desarrollo del proyecto Puerto Norte. La ría se saneó y se recuperó buena pare del patrimonio industrial de San Esteban de Pravia.
Seguí al presidente por algunos actos institucionales a lo largo de la región. Eran mis primeros años de trabajo y las cosas de Palacio caían en manos más expertas que las de este recién estrenado fotoperiodista sotobarquense. Creo recordar que durante su mandato siempre fue una persona educada y poco expresiva. Poco tuvo que ver esa personalidad con lo estrepitoso de su caída política. Lo que comenzó con Pompeya terminó con el Petromocho. En eso último, por lo menos, fue bastante coherente presentado su dimisión. Un pena. Lo que pudo haber sido en poco se quedó. Y llegó Trevín…(continuará)

Sonrisa de mayo

Mientras la mayoría de los españoles se derriten bajo una intensa ola de calor empeñada en batir recrods de temperaturas más propias de agostos andaluces, los asturianos vivimos encantados con nuestro sempiterno nordeste purificador. Aquí lo del 40 de mayo es una realidad tan grande como el picu Urriellu y esta frialdad primaveral nos hace también enfriar la mente en la antesala de unas elecciones autonómicas y municipales que muchos vaticinan como históricas.

Músico callejero. Oviedo, 3 de mayo de 2015. © Miki López

Músico callejero. Oviedo, 3 de mayo de 2015- © Miki López


Algo nos dice que las cosas pueden cambiar bastante en lo que se refiere a la distribución de los escaños de la Junta General y de los salones de plenos de los ayuntamientos asturianos. Tendremos de todo: los nuevos y los de siempre, algunos que cambiaron de siglas y, en lineas generales, una pluralidad tan grande que necesitará mucho sentido común para que una olvidada, perdida y abandonada Comunidad Autónoma de Asturias sea gobernada y guiada por los senderos de la recuperación no solo económica, sino también moral. No se yo… Vivo día a día la campaña electoral con apatía y aburrimiento. Prefiero perderme por las calles de este Oviedo bullicioso tratando de contagiarme del optimismo de esas sonrisas que se cruzan en mi camino durante estas frescas tardes de mayo, sonrisas arrancadas por ese sol que a veces rompe los nubarrones de nuestro cielo vertical e inquebrantable que diría Victor Manuel.
Asturias, si yo pudiera….

De villancicos, poemas y recuerdos

Papá. Soto. 31 de diciembre de 2014

Papá. Soto. 31 de diciembre de 2014

Qué fácil es recordarte. viejo Te seguíamos por el pequeño sendero que atravesaba el bosque entre los restos del abandonado jardín francés de Los Cedros. Con las cañas al hombro y un cesto de mimbre que volvería lleno de roballizas, cruzábamos la arboleda en aquellas lejanas tardes de verano que tantas veces terminaron en chapuzones infantiles con la pleamar de la ría, en las inmediaciones de la vieja rambla.  Todavía hoy soy capaz de recordar el aroma a salitre, gasóleo y alquitrán al pasar por los destartalados embarcaderos de madera que aún perviven en la margen derecha de esta maravillosa desembocadura del río Nalón. Todo aquí me recuerda a ti, papá. Los cañizos, las barcas, los recodos. Todo lleva un trocito de tu alma y un pedazo de mi infancia. De las tardes calurosas a las frías noches pescando angula a la luz de los candiles de carburo que hacías con hojalata. De las comidas de San Pedro a los villancicos que componías para nosotros por Navidad. La Navidad que tanto te gustaba y que nunca volverá a ser como antes. Fuiste maestro, músico y poeta escondido tras tu profesión de sobresaliente instrumentista en la planta de abonos. Un hombre trabajador y enamorado esta la médula de su flor, de la compañera que es nuestra madre y, posiblemente la mujer mas buena que haya pisado la faz de la tierra. Supiste elegir papá. Y supiste contagiar tu romanticismo por Asturias, por todo la asturiano y en especial por tu tierra candamina, esa aldea de Espinosa que te vio nacer, crecer y morir orgulloso de esos prados, de esos bosques y regueros entre los que disfrutaste durante todas las etapas de tu vida. Es cierto que fuiste obstinado y cabezón, con un punto de egoísmo que jamas traspasaba las necesidades de una familia por la que eras capaz de todo. Pero al final nos diste una lección de vida cuando mamá tuvo aquella angina de pecho y te convertiste de repente en su ángel de la guarda. Jamás vi tanto cariño es esas miradas que dedicabas a tu mujer, especialmente durante estos últimos días en los que cada gesto era una despedida y un latigazo al corazón de los que la recibíamos. Pero te fuiste tranquilo y fui testigo de ello. Cogiéndote la mano lloré una eternidad en tu último suspiro, el que dio paso al recuerdo. Al mejor de los recuerdos. Ya sabia que te quería papá. Lo que era incapaz de imaginar es que te quisiese tanto. Que la tierra te sea leve viejo. Siempre en el corazón papá. Siempre en el recuerdo.