Vamos allá

Bicicleta. Plaza de España. Avilés, 8 de marzo de 2015. © Miki López

Bicicleta. Plaza de España. Avilés, 8 de marzo de 2015. © Miki López


La vida es un regalo aunque a veces parezca más una putada. Como no son tiempos fáciles para nadie me gustaría aparcar el pesimismo por unas líneas y comenzar a agradecer las cosas hermosas que he aprendido de la gente que ha despertado tantos buenos sentimientos a mi alrededor. Estoy en deuda con vosotros por hacerme entender que la mierda de valores que nos meten a diario por los ojos, aunque nos parezcan lo más importante del mundo, no son más que eso, una gran mierda.
Nos preocupamos por nuestros hijos, por hacerlos tan competitivos como máquinas indiferentes a los demás, cuando nuestra meta debería ser crear personas que vivan y convivan en sociedad. Personas que aprovechen su formación para derribar los muros de la injusticia que divide el mundo en dos polos bien definidos. Cuando voy a casa de mis padres me sacudo esa idea de esta puta sociedad que me ha envuelto en la ola de basura de un sistema que soy incapaz de entender. Mi padre, tras muchos años de trabajo, dejó atrás esa rancia realizad porque su alma de trabajador incasable ya no aguantaba más. Hombre perfeccionista hasta extremos insospechados fue victima de la presión del sistema y redescubrió la vida en un retroceso a su infacnia, a su pueblo candamín a orillas del Nalón en el que cultivó tanto la huerta como el espíritu del poeta que lleva dentro. Y como buen artista tenemos que lidiar con esa dosis de egoismo pesimista de la que hizo gala toda la vida convirtiéndolo en coasiones en un tren de mercancías con más mala leche que un toro con dolor de muelas. Para él, su Sporting siempre va a perder, las pensiones siempre van a bajar, los jóvenes lo tenemos fatal y España no tendrá una solución en manos de nadie…y menos de un chavista. Pero no dudéis que su sidra, sus patatas, tomates, pimientos, cebollas y demás productos de la huerta de su Espinosa del alma, son y serán sin duda lo mejor que podrán catar vuestros refinados paladares.
Llega marzo y, tras un duro invierno, salimos como los caracoles al sol. La luz regenera el espíritu y el ánimo de un Avilés alicaido entre sus sombras y sus eternas obras. La ciudad comienza a vestirse de gala ante la inminente llegada de las fiestas de El Bollo. Pero no nos confiemos. Aun queda invierno… y hasta el rabo todo es toro.
Feliz Marzo