Tiempo

nelcumple
Crecéis tan rápido y vivimos tan deprisa que cada día que pasa tengo más ansias de disfrutar de todos y cada uno de los momentos importantes de vuestra vida. Sufro por cada segundo que me pierdo. Sois unos trastos, una hipoteca, un dolor de cabeza, un ganas de tirarse por la ventana…. pero fundamentalmente sois lo más importante que se ha cruzado en nuestro camino. Magia pura.
Felicidades Nel. Ayer ya cayeron los 11. Besos.

Lost in the Storm (y III). La Conclusión del Urbanita

Con la falta de electricidad uno se da cuenta de la “watiodependencia” que tenemos de todo lo que nos rodea. Hoy en día volver a los años 80 sería una debacle, un desastre de proporciones inimaginables.

Iván da un biberón de leche a un cabrito en Valle del Lago. Somiedo, 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Iván da un biberón de leche a un cabrito en Valle del Lago. Somiedo, 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Las 17 horas de apagón tecnológico en el Valle del Lago fueron aliviadas por la obsoleta tecnología del siglo XX: un teléfono de clavija, una radio a pilas y una linterna de dinamo. Ordenadores, redes wifi, cámaras digitales, teléfonos 3G y demás joyas tecnológicas no servían ni para atizar la cocina. La flamante Canon EOS 5D Mark II, con baterías de Litio de larga duración, capaz de disparar fotos en formato RAW en tomas de 24 Megapixeles y de grabar vídeo en HD no tuvo nada que hacer con los contrastes de temperaturas extremas que bloquearon todo sus imponentes circuitos integrados hasta dejarla totalmente K.O. No sabeis cuanto eché de menos mi Nikon FM2 del año 86, aquella que solo usaba una pila para el fotómetro, aquella que se me sumergió en el río Sella y siguió funcionando al día siguiente, aquella que bajó rodando 20 metros por un desnivel de la canal del Texu y siguió disparando, aquella que dejaba pasar la luz a una simple película en blanco y negro, un soporte físico que todavía hoy puedo mirar al trasluz. Mientras escribo estas líneas, estoy rodeado de discos duros de 1 y 2 Terabites donde se almacena el trabajo de más de una década. Cientos de miles de fotos en códigos binarios solo descifrables con una tecnología informática que soy incapaz de entender. Pequeños trastos metálicos inservibles sin el monopolio de las compañías eléctricas que nos tienen cogidos por los cataplines.
Leo en la escalera. Somiedo, Valle de Lago. 5 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Leo en la escalera. Somiedo, Valle de Lago. 5 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


He aprendido mucho estos días encerrado con los hospitalarios vecinos somedanos de este maravilloso pueblo. He envidiado su actitud tranquila y sosegada ante la vida y ante ese 70 por ciento aproximado de urbanitas asturianos que somos incapaces de mirar a otro lado que no sea el centro de nuestro culo bien abrigado. Lecciones de vida en forma de un café caliente, de charlas al amor de la lumbre en las que quedaba patente el inmenso respeto que estos hombres sienten por el entorno que les mantiene. Un medio que en muchas ocasiones se vuelve hostil pero al que entienden mejor que ningún tecnócrata teórico del desarrollo rural. Me atrevería a decir que las soluciones a sus problemas solo pasan por escucharles y hacerles caso. Ellos mejor que nadie saben lo que necesitan: infraestructuras, innovación, formación y un desarrollo sostenible que les permita poder vivir de lo que siempre vivimos los asturianos: de Asturias.
Lo que no puede ser es que esta gente viva totalmente aislada (con y sin nevadas) por la indiferencia de las administraciones que siempre encuentran una razón para mirar para cualquier otro lado que no sea el medio rural. Y me muero de vergüenza pensando en la cantidad ingente de millones dilapidados en proyectos etéreos que llenaron los bolsillos de dudosa dignidad cuando las inversiones en las alas de Asturias eran tan necesarias.
NIEVE-(12)
Gracias Gloria, gracias Leo. Y no solo por esa hospitalidad en medio de la tormenta. Entender y sentir en mis carnes que la tecnología por rudimentaria que sea, está al servicio de la vida y no al revés, ha sido toda una lección de humildad para este prepotente urbanita.
Mil gracias otra vez.
Y este cuento se acabó.

Lost in The Storm (Part II). Hágase la luz

Valle del Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Valle del Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Ni rastro de la electricidad, pero la luz de la mañana llegó con la tregua de la tormenta. Miércoles 4 de febrero. Viendo el panorama que teníamos en el exterior poco importaba la fecha. Abrí la puerta de la casa. Estábamos en el primer piso de la vivienda, encima de las cuadras en las que se almacenaba la leña. El corredor, con su sillón de mimbre, se encontraba totalmente escarchado como si de uno de los escenarios de Las Crónicas de Narnia se tratara. La nieve se amontonaba contra muros y ventanas convirtiendo la escalera en una rampa gélida, blanda y esponjosa que te hundía hasta las rodillas. Alcancé la portilla entreabierta y salté a la carretera. De nuevo la nieve hasta las rodillas. Imposible avanzar. Disfruté un rato del paisaje que dormía cubierto del manto blanco más espectacular que jamás había visto.
Leo sale de casa. Valle de Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015.© Miki López/La Nueva España

Leo sale de casa. Valle de Lago (Somiedo). 4 de febrero de 2015.© Miki López/La Nueva España


El silencio perfecto, la extraña sensación de solo escuchar tu propia respiración y el chasquido del obturador de una cámara incapaz de congelar la inmensa belleza que nos rodeaba. Volví a la casa. Marcos ya estaba listo pero no podríamos cubrir los 100 metros que nos separaban de la casa de Gloria hasta que no pasase la quitanieves. Eran las 9:30 de la mañana y llevábamos más de 10 horas sin contacto con el mundo exterior. Planificamos el día y esperamos. La tormenta volvía a arreciar y entre los silvidos del aire escuchamos el rugir profundo de un motor de gasóleo. La quitanieves renqueaba casi ahogada entre las murallas de nieve que la frenaban. Reculaba y embestía hasta que la cuña conseguía desalojar verdaderas olas de hielo sobre los bordes de la estrecha carretera. Con el camino libre llegamos a casa de Gloria. Aquel café era una bendición. Los niños hacían los deberes que no podrían corregir en unos días y Leo miraba incrédulo el arreciar de la tormenta. Revisé el equipo.
Quitanieves. Valle de Lago (Somiedo). © Miki López/La Nueva España

Quitanieves. Valle de Lago (Somiedo). © Miki López/La Nueva España


Los contrastes de temperatura empañaban cámara y objetivos después de haber estado a la intemperie fotografiando a los operarios de la quitanieves que reponían las cadenas perdidas en uno de sus envites nevados. El polvo de hielo se pegaba a todo y cada 30 segundos soplaba sobre el objetivo para tratar de quitar toda aquella nieve que se colaba por los botones y ranuras de la EOS 5. Imposible. El agua terminó por colarse por una pequeña herida de guerra de la pantalla de control y la humedad invadió todo el equipo. Visitamos la cuadra de Carlos acompañados de su mujer y su hijo. Cubrir los 100 metros que separaban la carretera de las instalación ganadera fue toda una aventura. Era casi imposible caminar por aquel montón de nieve fresca cegados por la ventisca que la levantaba con violencia. Entramos en la cuadra. Dentro hacía calor y la cámara volvió a empañarse. Comenzó a fallar pero aguantó el tirón.
Gloria y Marcos. Valle del Lago. 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Gloria y Marcos. Valle del Lago. 4 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Con el trabajo hecho volvimos a casa. Nos quedaba algo de batería en los portátiles y decidimos adelantar tarea por si la luz volvía. Edité media docena de fotos antes de que el ordenador se apagara. Volví a coger la cámara y me di cuenta de que ya no encendía. Solo quedaba esperar. Y sobre las 4 de la tarde llegó el milagro. Teníamos electricidad. La linea de movistar volvía a funcionar y al encender el ordenador se iluminó la conexión GPRS. Bajé las fotos a 100 k y conseguí enviarlas una por una. Marcos hizo lo mismo con su texto. El trabajo estaba hecho.
Serían las seis de la tarde y volvimos a casa de Gloria no sin antes dejar bien encendida la estufa de leña. La tormenta arreciaba y no sabíamos cuanto duraría la corriente.
Comunicamos con el mundo exterior. Toda Asturias vivía congelada en una de las peores olas de frío que se recuerdan pero por lo demás todo iba bien.
-“¿Cuando saldréis de ahí?”, preguntó una voz al otro lado de la línea.
-“Hoy imposible…quizás mañana”
-“Pues no dan mejoría…”
En fin… que se le iba a hacer. Paciencia. Afuera caía la noche. La cámara ya no encendía.
Miré a la mesa. Sopa, picadillo y vino en abundancia. Las penas así son menos.
-“Gloria..¿tendrás por ahí una cámara?
…continuará.

Lost in the Storm (Part I)- La noche fría

Tormenta en la noche. Valle del Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Tormenta en la noche. Valle del Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


La noche había sido larga y fría después de que, sobre las cuatro de la madrugada, el fuego consumiera los últimos restos de leña que quedaban en el cesto. La tormenta cortó el suministro eléctrico sobre las 11 de la noche y El Valle del Lago aguantaba a oscuras las embestidas del mayor temporal de nieve que recordaban sus vecinos más ancianos. En el exterior el termómetro bajaba de los -4º C y y la ventisca azotaba las hojas de las ventanas con violencia, mostrando la cara más dura de un invierno como los de antes. El frío espabiló mi duermevela. Los últimos rescoldos de la chimenea se apagaban y el calor huía por todas las rendijas de la casa. En uno de sus gélidos soplidos el aire abrió la ventana mal cerrada de la cocina escupiendo ráfagas de nieve en polvo al interior de la casa. Saltando del sofá alcancé a cerrarla con toda la rapidez con la que fui capaz.
Nevada. Valle de Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España

Nevada. Valle de Lago (Somiedo). 3 de febrero de 2015. © Miki López/La Nueva España


Miré al exterior. Pese a la ventisca el resplandor de la luna permitía vislumbrar los perfiles de los portillos enterrados ya en más de un metro de nieve. Eran las cinco de la mañana y la naturaleza seguía enfurecida haciendo gala de su omnipotente poder. Deseché la idea de bajar a la cuadra a por más leña. Sin linterna y con la nieve amontonándose sobre la puerta no me parecía la mejor idea a esas horas de la madrugada. Cogí mi “Northface” y recostándome en el sofá esperé al amanecer. Sobre la mesa que había frente a la ventana reposaban joyas de la tecnología en forma de cámaras, objetivos y portátiles con las baterías agotadas. Miles de euros totalmente inútiles en medio de la tormenta. El teléfono solo servía de reloj. Ni una sola vibración de wasap, ni mail, ni face en las últimas 5 horas. El síndrome de abstinencia Periodista 2.0 comenzaba a hacer mella en mi y pensé con cierto temor en la bendición de un apagón digital y en las teorías de la conspiración de “Cuarto Milenio” mientras la luz de la mañana parecía reconfortar el espíritu urbanita que llevo dentro. La tormenta dio tregua sobre las 8 de la mañana. Y de pronto silencio. Un silencio absoluto. “Dios, esto ye el fin del mundo” pensé. El crujido de una madera en la habitación de al lado rompió la antesala del Armagedón.
-Marcos…¿que tal?
-Pufff… ¡Congelao!
-Ya somos dos colega. Seguimos sin luz…
-Pues creo que tenemos un par de páginas pa hoy.
-Como no venga la luz, vamos escribir en la nieve. Las fotos que se las imaginen.
-López, no crees en los milagros…
-Después de esta noche me creo cualquier cosa.
….continuará

Adiós enero

Actos del Día de La Paz. Oviedo 30 de enero de 2015. © Miki López

Actos del Día de La Paz. Oviedo 30 de enero de 2015. © Miki López


Terminamos el mes con el frío propio del invierno. Los días crecen y se me ha hecho larga esta cuesta de un enero con menos sonrisas y más lágrimas. Lágrimas por Chus, una de las mejores personas que he tenido la suerte de conocer. El cáncer no hace distinciones con la buena gente y se ha llevado a un tipo extraordinario, un enamorado de la vida que disfrutaba de su profesión y lo reflejaba en su trabajo. Desde aquí un abrazo muy fuerte para todos sus amigos y especialmente para Begoña, la otra gran profesional de Ñu Grafic. Mucho ánimo.
Y mucho ánimo también para los compañeros de La Voz de Avilés que sufren en primera persona las consecuencias de las reformas laborales que facilitan despidos y promueven bajadas salariales inasumibles. Hay empresas incapaces de entender que el valor de lo que venden esta en la calidad de sus recursos humanos y se empeñan en cavar su propia tumba con acciones que solo miran el ascenso de los números de su balance económico. Pan para hoy…
Mientras tanto febrero hará continuar las vidas que, como los globos del Día de La Paz, tomarán rumbos diferentes. Unos tendrán más suerte que otros y volarán más alto, pero al final todos volverán al mismo sitio. Así que lo mejor es relativizar los problemas y pensar en positivo. La vida son cuatro días y aunque pasemos la mitad de ese tiempo rodeados de mala gente, hay que dar la espalda a la amargura y la cara a las buenas personas. Seremos más felices.
Va por ti Chus. Hasta siempre socio.