El erial

Muelle y plata de ALCOA.  Avilés, 2 de diciembre de 2014. . © Miki López

Muelle y planta de ALCOA. Avilés, 2 de diciembre de 2014. . © Miki López

Se veía venir. Lo de Alcoa no era ningún secreto. Por lo visto, es la consecuencia de eso que llaman subasta eléctrica, un concepto de fuerte peso para la viabilidad de la gran industria, aunque alguno de mis compañeros de economía comentan que hay muchas más cosas detrás de ese despido colectivo que plantea la multinacional. A mi realmente, lo único que me importa son esos 1.400 puestos de trabajo (entre directos e indirectos) que menguan una vez más el empleo de una comarca tradicionalmente industrial, castigada por varias décadas de fuerte reconversión y que parece incapaz precisamente de eso, de reconvertirse. Vimos caer los Altos Hornos, el Sinter, la Térmica al tiempo que caían las esperanzas de trabajo. Vimos alguna tímida reacción sindical, pero al final los números son los números. Lo triste es que detrás de esas cifras están las personas y los dramas. Como trabajadores nada podemos hacer contra la macroeconomía de las multinacionales porque el mercado es el dueño de todo, absolutamente de todo. Y si a eso añadimos las facilidades que les presenta la última reforma laboral, podrán hacer lo que les venga en gana. Además, resulta que si aparece un proyecto ilusionante (léase el Niemeyer) nuestros políticos son incapaces de estar a la altura, en connivencia o engañados por las personas que se ponen al frente de esa ilusión para acabar, una vez más, desilusionados con tanto cara dura, tanto geta y tanto chorizo impresentable.
Hoy en Avilés y en Asturias nos volvemos a sentir engañados e indefensos porque sabemos que ninguno ninguno de los elegidos por nosotros será capaz de resolver la situación. Volvemos a estar en manos de alguien que no tiene cuerpo físico y que se oculta detrás de unas siglas en forma de consejo de administración formado por personas que no tendrán problemas en conciliar el sueño esta noche, ni aun sabiendo que los que no serán capaces de dormir serán muchos currantes con cargas familiares a los que se les presenta un futuro inmediato negro e incierto. Mientras tanto los asturianos mejor formados comienzan a mirar lejos de sus fronteras, hastiados de ofertas de empleo que, con suerte, llegaran a los 1000 euros en condiciones difíciles de creer incluso para nuestros privilegiados padres pensionistas. En definitiva, que se estamos conduciendo la Asturias postindustrial por el camino de la desertización y el envejecimiento que nos lleva a convertirnos en el erial de Europa. Sinceramente, no confío en que nuestros representantes políticos o sindicales puedan revertir ese camino. Quizás no puedan, quizás no sepan o quizás las dos cosas al mismo tiempo. Pese a todo, no deberíamos resignarnos. Siempre queda una resquicio de esperanza por el que habrá que pelear hasta el último aliento. Nunca llovió que no “escamplara”. Animo y suerte.

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