Luces y sombras para 2015 (a mis foteros del alma)

2015, como todos los años, será imprevisible, cojonudo para unos y desastroso para otros. En este juego de azar, si se cumplieran todos mis deseos primordiales, ya no sería necesaria la Seguridad Social, ni las oficinas de empleo, ni los cursillos del INEM. Todo lo demás cada día me parece más prescindible. Para mi familia, después de unos años muy malos, solo deseo que las cosas sigan como terminan en este 2014. Mis mejores deseos para esos compañeros y amigos a los que la suerte no sonríe y que son incapaces de ver esa luz al final de un túnel demasiado largo. Me acuerdo de vosotros muchas veces por ser grandes personas, grandes profesionales, algunos incluso verdaderos maestros de este oficio que parece que ya lleva demasiados años en caída libre y transformación continua.

Sombras. El Fontán, Oviedo. 22 de diciembre de 2014. © Miki López

Sombras. El Fontán, Oviedo. 22 de diciembre de 2014. © Miki López


Pase lo que pase en el futuro, el tiempo os dará la razón porque vuestra labor sigue presente en las imágenes que removieron conciencias, que conmovieron los espíritus más insensibles y que son historia de una sociedad que hoy vive sobresaturada de la mediocridad que impera entre la gratuidad de la red, desvirtuando un trabajo que nos quita salud e ilusión y que algunas empresas del sector están poniendo al borde de la extinción. Porque no olvidemos que esto es un trabajo. Tristemente sabemos y sufrimos en nuestras carnes que ahora vale cualquier cosa siempre que sea gratis. También sabemos que el efecto boomerang está siendo arrollador. Pido para todos el sentido común que permita salvar no solo nuestra labor profesional, sino también el canal que consigue que las verdades contadas con textos e imágenes de calidad lleguen con todo el peso de su veracidad a unos lectores que cada día nos valoran menos precisamente por esa falta de profesionalidad que denota las mala calidad de la información. Asistimos impotentes a un suicidio colectivo difícil de explicar. Y para los que tenemos la suerte de seguir en el tajo, pido ilusión, mucha ilusión para remar contracorriente desde nuestro periódico, desde nuestro blog, para buscar cada día las ganas de conseguir el milagro de seguir formando parte de la mejor profesión del mundo, para seguir siendo el ojo indiscreto que se revelará contra las cada día más comunes trabas y leyes mordaza que quieren dar la puntilla al periodismo del siglo XXI. Quizás no nos queden medios, seguramente los tiempos tengan que seguir cambiando, pero la esencia de lo que somos, contadores de historias, retratistas de sentimientos, pintores de realidades incómodas, seguirá dentro de todos y cada uno de nosotros. A fin de cuentas es algo que se lleva en la sangre.
Feliz Navidad foteros. Las luces y las sombras son inevitables, como los sentimientos. Se os quiere, eso también es inevitable.

Alcoa, megavatios y emociones

Un trabajador de Alcoa besa a su hija en la Plaza de España tras la marcha a pie que llevaron a cabo desde la factoría de Avilés. © Miki López

Un trabajador de Alcoa besa a su hija en la Plaza de España tras la marcha a pie que llevaron a cabo desde la factoría de Avilés. © Miki López/La Nueva España

Ayer, después de la llegada de los trabajadores de Alcoa a Oviedo, alguien de redacción me preguntó por los políticos y personalidades que habían acudido a esperar a los trabajadores. Es extraño, pero me sorprendió la lógica de la pregunta porque sencillamente no vi a ninguno. Y creo que nadie les echó de menos. Fueron tales las emociones que se respiraron en la Plaza de España que me imagino que el resto de añadidos sobraban. Acompañé un rato a todos aquellos trabajadores que, calados hasta los huesos, avanzaban a buen ritmo por las calles de un Oviedo casi vacío por el puente festivo. Pero al girar por Toreno, enfocando la Delegación del Gobierno, los aplausos hicieron brotar las lágrimas tras las pancartas y los niños de esos padres que hoy luchan por su medio de vida comenzaron a invadir la cabecera, ocupando lugares privilegiados sobre los hombros de sus progenitores. Abrazos de hijos pequeños que se comían a sus padres a besos mientras que aquellos hombres se derrumbaban por la emoción de sentir el cariño de lo que más quieren y por lo que luchan a diario. Al final eso es lo que cuenta y lo que tenían que ver todos esos consejos de administración que solo saben de números. A esos si que los echamos de menos. A los que solo ven la vida en Megavatios ocultos tras sus trajes y sus hojas de Excel. Sólo quisiera ver a uno de esos tipos frente a esa niña que besaba los ojos húmedos por el agua y la emoción de un padre con casi 40 kilómetros en las piernas. Un padre que lleva varios días sin dormir por la incertidumbre de un futuro que no solo le afecta a él. El futuro va en sus brazos. El suyo y el de todos. Allí en medio también iba mi hermano. Más emociones.
Orgulloso de todos vosotros. Mucho ánimo a todos.

Huellas y sabuesos

Isaac Carrrera, Inspector Jefe de la Policía Científica de Oviedo, delante de unas fichas policiales. Oviedo, 6 de diciembre de 2014. © Miki López/La Nueva España

Isaac Carrrera, Inspector Jefe de la Policía Científica de Oviedo, delante de unas fichas policiales. Oviedo, 6 de diciembre de 2014. © Miki López/La Nueva España


Lo bueno de este trabajo es que, en ocasiones, surge la oportunidad de conocer a gente como Isaac. Por una vez entré con tiempo en aquel despacho de la policía científica donde un hombre de bata blanca, barba canosa y mirada inteligente hablaba animádamente con mi compañera Marta Pérez. Ambos estaban de pie, separados por una mesa de despacho abarrotada de un material variopinto y perfectamente ordenado. Tijeras, rotuladores, lupas y documentos con huellas dactilares llamaron poderosamente mi atención, y en un intento por romper aquella simetría matemática que casi me agobiaba, me agache sobre la mesa con la cámara al hombro buscando un plano en el que integrar las fichas policiales con huellas dactilares con la silueta de Isaac Carrera, jefe de la científica de Oviedo. El policía observaba mis movimientos sin perder detalle al mismo tiempo que seguía la conversación con la periodista sin perder el hilo en ninguna de las dos cosas.
Restos y pruebas de antiguos delitos. Policía judicial. Oviedo, 5 de diciembre de 2014. © Miki López/La Nueva España

Restos y pruebas de antiguos delitos. Policía judicial. Oviedo, 5 de diciembre de 2014. © Miki López/La Nueva España


Alguno podrá reirse, pero os juro que me sentía vigilado. Viendo mis intenciones, detuvo un segundo su entrevista para comprobar que en las tarjetas de identificación no se veía ningún dato personal, algo en lo que yo había tenido cuidado antes de disparar la primera foto. Comentamos ese aspecto y viendo que todo estaba en orden, el hombre se relajó, periodista e inspector se sentaron y pude comenzar a trabajar con cierta soltura. Al margen de la cantidad de datos estadísticos que demuestran que esta es una de las mejores brigadas de España, pudimos constatar la meticulosidad y puesta al día de una unidad que hasta hace apenas una década, trabajaba con materiales de mediados del siglo XX, tal y como se puede apreciar en un pequeño museo que se aloja en los pasillos de las instalaciones policiales, en cuyas vitrinas conviven antiguos materiales de trabajo (cámaras, fichas policiales, etc…) con pruebas de delitos que en su tiempo fueron objeto de investigación, incluido el cepillo de una iglesia que alguien robó pero que ninguna parroquia reclamó. Todo esto explicado con la prosa inteligente de un policía atento a todo (como personalmente pude comprobar), que adora su trabajo y se siente orgulloso de su equipo.
Tristemente estas semanas están dando sobradas pruebas de su buen hacer en los escenarios de la crónica negra asturiana. Con resignación, reconoce que lo peor de todo son los horarios porque sencillamente no los hay. Cuenta como el pasado miércoles, mientras volvía a casa, recibió la noticia la llamada de emergencia que le informaba de un incendio con heridos en la plaza de la catedral. Media vuelta y a currar bajo la lluvia. ¿A que me sonará eso?
Un trabajo espectacular. Enhorabuena sabuesos.

El erial

Muelle y plata de ALCOA.  Avilés, 2 de diciembre de 2014. . © Miki López

Muelle y planta de ALCOA. Avilés, 2 de diciembre de 2014. . © Miki López

Se veía venir. Lo de Alcoa no era ningún secreto. Por lo visto, es la consecuencia de eso que llaman subasta eléctrica, un concepto de fuerte peso para la viabilidad de la gran industria, aunque alguno de mis compañeros de economía comentan que hay muchas más cosas detrás de ese despido colectivo que plantea la multinacional. A mi realmente, lo único que me importa son esos 1.400 puestos de trabajo (entre directos e indirectos) que menguan una vez más el empleo de una comarca tradicionalmente industrial, castigada por varias décadas de fuerte reconversión y que parece incapaz precisamente de eso, de reconvertirse. Vimos caer los Altos Hornos, el Sinter, la Térmica al tiempo que caían las esperanzas de trabajo. Vimos alguna tímida reacción sindical, pero al final los números son los números. Lo triste es que detrás de esas cifras están las personas y los dramas. Como trabajadores nada podemos hacer contra la macroeconomía de las multinacionales porque el mercado es el dueño de todo, absolutamente de todo. Y si a eso añadimos las facilidades que les presenta la última reforma laboral, podrán hacer lo que les venga en gana. Además, resulta que si aparece un proyecto ilusionante (léase el Niemeyer) nuestros políticos son incapaces de estar a la altura, en connivencia o engañados por las personas que se ponen al frente de esa ilusión para acabar, una vez más, desilusionados con tanto cara dura, tanto geta y tanto chorizo impresentable.
Hoy en Avilés y en Asturias nos volvemos a sentir engañados e indefensos porque sabemos que ninguno ninguno de los elegidos por nosotros será capaz de resolver la situación. Volvemos a estar en manos de alguien que no tiene cuerpo físico y que se oculta detrás de unas siglas en forma de consejo de administración formado por personas que no tendrán problemas en conciliar el sueño esta noche, ni aun sabiendo que los que no serán capaces de dormir serán muchos currantes con cargas familiares a los que se les presenta un futuro inmediato negro e incierto. Mientras tanto los asturianos mejor formados comienzan a mirar lejos de sus fronteras, hastiados de ofertas de empleo que, con suerte, llegaran a los 1000 euros en condiciones difíciles de creer incluso para nuestros privilegiados padres pensionistas. En definitiva, que se estamos conduciendo la Asturias postindustrial por el camino de la desertización y el envejecimiento que nos lleva a convertirnos en el erial de Europa. Sinceramente, no confío en que nuestros representantes políticos o sindicales puedan revertir ese camino. Quizás no puedan, quizás no sepan o quizás las dos cosas al mismo tiempo. Pese a todo, no deberíamos resignarnos. Siempre queda una resquicio de esperanza por el que habrá que pelear hasta el último aliento. Nunca llovió que no “escamplara”. Animo y suerte.