Sacando callo

Cuando uno lleva muchos años en esto parece que se saca callo para todo. En el plano personal, dedicarse al periodismo exige un fuerte componente vocacional para poder aguantar esa montaña rusa en la que nos subimos día a día, compartiendo cada jornada con gente de lo más variopinto: ciudadanos de a pie, políticos, artistas, gente desesperada y algún que otro sinvergüenza. Pasamos de la alegría a la tragedia con una simple llamada de teléfono o con un tono de wasap que te pone los pelos de punta. Es la inevitable bipolaridad del periodismo que escribe la historia diaria de una ciudad y que en muchas ocasiones pasará rapidamente al olvido en unas horas o apenas unos días. Aguantamos guardias interminables, picamos a puertas de dudosa legalidad y nos vemos en situaciones de las que, muchas veces, no tienes ni puta idea de como salir.

Un policía judicial se cubre la cara en el interior del coche en el que viaja esposado uno de los detenidos por el crimen del niño de Vallobín. Oviedo, 11 de noviembre de 2014. © Miki López/La Nueva España

Un policía judicial se cubre la cara en el interior del coche en el que viaja esposado uno de los detenidos por el crimen del niño de Vallobín. Oviedo, 11 de noviembre de 2014. © Miki López/La Nueva España

Y desde luego os puedo decir que no lo hacemos por gusto. Como yo, la mayoría de mis compañeros se mueven por el impulso de la profesionalidad, a veces con la angustia que aparece cuando crees que no estás en el lugar adecuado, convirtiendo este oficio en uno de los trabajos más estresantes del panorama laboral actual. El equipo de La Nueva España del que formo parte, lleva varios días informando del despreciable asesinato de Imran, un pequeño de dos años muerto a golpes dentro del entorno familiar. Un drama en toda regla difícil de entender para cualquier persona, pero mucho más para todos aquellos que somos padres normales, padres que moriríamos y mataríamos por nuestros hijos, incapaces de dormir cuando tienen unas décimas de fiebre, que nos desvivimos por su seguridad y bienestar, por allanarles un poco el camino de una vida en muchos casos dífícil e injusta por naturaleza. Por todo esto me acuerdo a diario del pequeño de Vallobín que murió sin apenas vivir, sin conocer el cariño y sufriendo un calvario difícil de imaginar para terminar tirado en un matorral víctima de unos miserables, unos individuos que llegaron ayer a las dependencias de la Policia Nacinal de Oviedo tras entregarse en León agobiados por la presión mediática y policial a la que se vieron sometidos. Cuando llegaron los fogonazos de nuestros flases sólo podían iluminar el interior de los coches para descubrir unos bultos cubiertos con cazadoras que tapaban la vergüenza que no exime de culpa. En el segundo coche nos despistó un policía judicial que se cubrió el rostro para no ser identificado. En ese momento creímos que se trataba de uno de los detenidos, pero al revisar las fotos, vi las manos en los grilletes de un individuo agazapado entre los asientos delanteros. No conseguimos la foto, pero esta noche antes de dormir, revisé una vez más las imágenes y me fijé con detenimiento en esas manos esposadas casi desapercibidas bajo el brazo derecho del policía que se cubre la cara. Las manos de la infamia. Joder…. hay veces que me gustaría tener a mano otra arma que no fuese una cámara de fotos. Con estas cosas no hay dios quien saque callo.

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3 pensamientos en “Sacando callo

  1. Tranquilo Miki. Esta profesión que tanto nos gusta y tan bien describes en tus magistrales comentarios, es así. Luces y sombras. Palos y caramelos. Halagos y hostias. Al menos tú, tienes el valor de reconocer las cosas como son. Hoy, en muchas cadenas estatales de TV comentaban esta imagen diciendo que era el asesino. No me extraña que el policía se cubriese. Bien sabe que una vez que te atribuyan el rol que no le corresponde, pesará como una losa sobre él durante mucho tiempo. Enhorabuena por tu trabajo diario, historia viva de Asturias, y por este magnífico blog en el que das a conocer tu lado mas personal. Un abrazo.

  2. Hola Miki: Palabras directas ante un suceso que nos ha jodido la realidad diaria y que nos sacude tràgicamente.Asì nos sentimos los que estamos peleando en esta profesión.

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