Un pueblo ejemplar

Pescando en el Navia. Catrillón (Boal) 30 de septiembre de 2013. © Miki López

Pescando en el Navia. Catrillón (Boal) 30 de septiembre de 2013. © Miki López

Boal es un ejemplo. Boal y todos de los pueblos del suroccidente asturiano que, heridos de muerte por el despoblamiento y el abandono, se resisten a convertirse en matorral y olvido. En estos primeros días de otoño en los que las páginas de los periódicos se cubren de titulares con protagonistas tan negros como el Ébola, las tarjetas de crédito de Cajamadrid o las declaraciones de una impresentable Mónica de Oriol, el pequeño Boal rompe su monotonía engalanándose para los actos de entrega del Premio Príncipe al pueblo ejemplar que recibirán el 25 de octubre. No recuerdo con claridad cuando fue la primera vez que visité Boal. Posiblemente fuese en los años 90, pero en el año 2006 tuve la suerte de recorrer en profundidad buena parte de sus valles y montañas, extrañado por el hecho de que esa espectacularidad en el paisaje no fuese suficiente reclamo para un turismo que parce que no está tan pendiente de una de las mil maravillas que ofrece el valle del Navia.

Otilia. A Froseira (Boal) 2006. © Miki López

Otilia. A Froseira (Boal) 2006. © Miki López

Sernadinas, Froseira, Sampol, Rozadas son trozos de un Boal que es ejemplo de vida y trabajo en común, de amor por una tierra, por una cultura y una fala patrimonio y orgullo de todos los asturianos. Hace un año volví a refrendar este sentimiento de la mano de Kaly, un hombre que cree y lucha por el reconocimiento de Boal y de toda la rivera del Navia, consciente de que el tesoro de estas tierras es solo comparable con la grandeza de la gente que se resiste a escapar para refugiarse en el dudoso bienestar urbano. Recuerdo a Otilia de Froseira. Hace años que no se nada de ella, pero creo que aquella boalesa sabía muy bien lo que quería. Era la única vecina habitual de Froseira, un pequeño pueblo escondido entre las curvas de un desvío de la carretera a Grandas de Salime. Las dos veces que la visité, esta mujer octogenaria nos recibió trabajando en el molino que movían las aguas de un pequeño arroyo afluente del Navia. Cubierta de harina, nos invitó a probar el vino peleón que ella misma producía en una destartalada bodega que se levantaba a pocos metros de la antigua fragua en la que vivía. A mi siempre me sorprendió la viveza de aquella mirada, algo que tienen en común todas las personas que se sienten enraizadas en la tierra que les vio nacer. Con envidia sana acepté la invitación consciente de que si el vino era malo el orgullo de aquella mujer lo hacia ejemplar. Como todo su pueblo. Grande Boal

Un paseo por Boal en http://www.mikilopez.com/fotos/boal/index.htm

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9 pensamientos en “Un pueblo ejemplar

  1. Muy bueno el artículo pero creo que contiene un error que y es que las “tarjetas de crédito ” mencionadas en él no son de Liberbank.

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