La botella de Cointreau

Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Martes de Campo. Empiezan las fiestas estivales y las borracheras sin control de jóvenes adolescentes. Algo debemos de estar haciendo mal tanto padres como educadores cuando únicamente nos escandalizamos ante la visión de un crío (o una cría) de 14 años vomitando una mezcla de chupitos de ginebra, sidra y calimocho endulzada con trocitos de gominolas. Inevitablemente pienso en sus padres y al mismo tiempo pienso en mis hijos, uno de ellos al borde de la pubertad, a punto de traspasar esa puerta que hoy en día casi se me asemeja a la del reino de Mordor. Un país oscuro por el que inician una travesía en la que a nosotros solo nos queda cruzar los dedos y rogar para que lo que llevas inculcando durante estos años, pueda servir de vacuna contra esa lacra del incipiente alcohólico de fin de semana que se oculta tras una cara todavía infantil e imberbe, una cara que hace dos días aun creía en los reyes magos.
Aún no son las dos de la tarde y subo por el parque de Purificación Tomas. Apenas puedo hacer fotos porque la mayoría de los chavales que me rodean son menores de edad abrazados a litronas de bebidas de colores variados, brillantes como sus ojos iluminados con la efímera alegría del colocón que se les avecina.
-¡¡¡Hazme una foto, hazme una foto!!!
Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Disparo sin control para quitármelos de encima, tratando de adivinar la edad de unos chavales que se me abalanzan con sus vasos de plástico, abrazados haciendo una piña de colegas que aprenden a vivir y a beber unos de otros. Uno me pasa una botella de Cointreau medio vacía. El crío no ha cumplido los 16. Quiere que beba a morro, pretendiendo hacerme comulgar de su fiesta etílica para agradecerme la foto y al mismo tiempo, para que me sienta aceptado por la pandilla. Me imagino que alguno de sus colegas se habrá bautizado hoy. Es simpático y lleva la voz cantante. Es difícil decirle que no porque todos los demás van en su misma onda.
Abandono el campo de batalla después de rechazar la invitación. Dudo un segundo, pero termino por recomendarle que no beba más y que coma algo. Sonríe y se da la vuelta aguantando su sombrero surfer rojo con la mano que le deja libre la botella. Levanta los dos brazos y se aleja bailando al ritmo del bakalao cañero que sale del iphone medio escondido en el bolsillo trasero de su pantalón.
Mañana habrá resaca, posiblemente alguna bronca, más de una promesa y algún arrepentimiento.
Da igual. En clase alguno dirá que no tiene resaca.
Y además ya tiene la pasta para la siguiente botella de Cointreau.
Ellos tienen 15 años. Nosotros un serio problema.

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