Flores para Lito

Compañeros, familiares y amigos de Manuel Fernández "Lito", cantan La Internacional durante el homenaje celebrado en la sede de UGT de Oviedo. 28 de junio de 2014.  © Miki López/La Nueva España

Compañeros, familiares y amigos de Manuel Fernández “Lito”, cantan La Internacional durante el homenaje celebrado en la sede de UGT de Oviedo. 28 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Lito viene a mi memoria como una de esas personas a las que llevo fotografiando desde mis comienzos. Como a todos, su muerte me pilló por sorpresa y me obliga a pensar en el imparable y vertiginoso paso del tiempo. No voy a entrar en valoraciones personales sobre un sindicalista sobradamente conocido. Seguramente para muchos, su persona estuvo muy por encima del propio sindicato al que representó durante tantos años. Lo que es evidente es que Manuel Fernaández, Lito, se fue antes de tiempo y ayer se notó que lo hizo dejando un profundo vacío en el corazón de sus amigos y compañeros.
Descanse en paz.

Momento histórico, momento eterno

Que si. Que fue un momento histórico, pero que quedé hasta las narices era algo que ya sabía desde que me dijeron que tenía que cubrir la proclamación del nuevo rey. Horas interminables haciendo cola en una sala de prensa abarrotada de periodistas confusos y funcionarios sobrepasados. El miércoles salimos de aquella locura a las 2:30 am sin tener arreglado lo de mi acreditación. A las 6:45 sonaba el despertador y comenzaba una nueva aventura. Lagar bromea con mi incertidumbre cuando Marcos y yo salíamos como tiros a la caza de un taxi. Pero los taxis ya no podían moverse por el entorno de las calles cerradas para el histórico evento.

Un grupo de periodistas esperan para entrar en el Palacio Real el día de la proclamación de Felipe VI. Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Un grupo de periodistas esperan para entrar en el Palacio Real el día de la proclamación de Felipe VI. Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Total que la carrera tuvimos que hacerla “a pata” y cuando llegamos a la oficina de prensa del senado, la misma chica que nos atendió la madrugada anterior, me miró con ojos derrotados mientras confirmaba en la pantalla del ordenador que habían vuelto a perder mis datos. Estaría cansada, seguramente deseando estar en cualquier otro lugar del mundo. Con profesionalidad volvió a pedirme el DNI y buceó en aquel océano interminable de datos confusos que corrían por el monitor. Arreglado: acreditación oficial, punto de foto y tarjetilla roja para el Palacio Real.
Esperando la entrada de los reyes en el salón del trono del Palacio Real. Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Esperando la entrada de los reyes en el salón del trono del Palacio Real. Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Los reyes entran en el salón del trono del Palacio Real. Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Los reyes entran en el salón del trono del Palacio Real. Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Volvemos a la calle con el apoyo de unos trabajadores de la oficina de prensa de la Casa Real. Intentamos acceder a la Plaza de Oriente para llegar a la hora indicada al lateral del Palacio. Imposible. La Policía tiene órdenes estrictas de no dejar pasar ni a Dios por ese costado de la plaza. Nos obligan a dar un rodeo de más de un kilómetro para acceder por unos arcos de seguridad por el que ya se amontonaban decenas de personas. Nos colamos siguiendo los pasos de nuestros “hombres de negro” y conseguimos llegar al punto de acceso al salón del trono. Inmediatamente el siguiente escollo.
-“Ustedes, ¿de que medio vienen?”
-De La Nueva España…
-No vienen en la lista…hagan el favor de abandonar inmediatamente la plaza.
Intentamos explicarnos y suplicando, nos da el comodín de la llamada. Nos transcribiré el contenido de la misma atendiendo a eso del secreto profesional, pero la conversación tuvo efecto positivo. Y comenzó la larga espera, pendientes de un último arco de seguridad que me inspiraba poco de lo mismo. Seríamos unos 12 fotógrafos los que hacíamos cola por riguroso orden de llegada. Faltaban un par de horas para que comenzase todo y el calor comenzaba a apretar. La corbata me agobiaba y los pies me dolían por culpa de aquellos zapatos que no acaban de acostumbrarse al ancho de mi empeine. Al rato nos dejan acercarnos al frontal del palacio para que podamos hacer alguna foto de un publico que ondeaba banderitas de España y se escondía trás multitud de pancartas de apoyo al nuevo monarca. La gente saludaba a la cámara. Eran conscientes de ser espectadores en primera línea de un acontecimiento que pasará sin duda a las páginas de los libros de historia.
Sale la Guardia Real camino del congreso y al momento nos hacen pasar al patio. Más de otra hora de espera. Se rompe el riguroso orden de entrada y me doy cuenta de que voy a tener que pelear duro si quiero conseguir un buen lugar de tiro en el salón del trono.
Besamanos. Palacio Real, Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Besamanos. Palacio Real, Madrid, 19 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Llega Rouco Varela. Un grupo de fotógrafos le piden que se haga un “selfie” con ellos y el obispo accede dando paso al momento más friki que viví durante la ceremonia. De pronto uno de los miembros de seguridad de la Casa Real nos dice que ya es el momento de acceder al salón. Comienzan las carreras, los empujones y los nervios. Entramos en estampida por las dos puertas de acceso, veo el cordón y la tarima y consigo llegar el primero. Alguien me empuja por detrás y suelto un codazo para afianzarme en mi lugar. Miro a los lados y veo que me he colocado en el centro de la zona baja. Buen sitio. De aquí no me mueve ni Juan Carlos I. Tras algún rifirrafe foteril sin consecuencias comienza el besamanos. 2500 personas después el obrurador de mi cámara comienza a echar humo y mis ojos arden de tanto escudriñar las caras de aquella fila interminable, tratando de encontrar todos los rostros asturianos que me fuese posible. Cuando termina el suplicio la sensación de alivio es indescriptible. Ahora si. Viví un momento histórico que se me hizo eterno. No pasa todos los días… pues gracias a Dios.

La botella de Cointreau

Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Martes de Campo. Empiezan las fiestas estivales y las borracheras sin control de jóvenes adolescentes. Algo debemos de estar haciendo mal tanto padres como educadores cuando únicamente nos escandalizamos ante la visión de un crío (o una cría) de 14 años vomitando una mezcla de chupitos de ginebra, sidra y calimocho endulzada con trocitos de gominolas. Inevitablemente pienso en sus padres y al mismo tiempo pienso en mis hijos, uno de ellos al borde de la pubertad, a punto de traspasar esa puerta que hoy en día casi se me asemeja a la del reino de Mordor. Un país oscuro por el que inician una travesía en la que a nosotros solo nos queda cruzar los dedos y rogar para que lo que llevas inculcando durante estos años, pueda servir de vacuna contra esa lacra del incipiente alcohólico de fin de semana que se oculta tras una cara todavía infantil e imberbe, una cara que hace dos días aun creía en los reyes magos.
Aún no son las dos de la tarde y subo por el parque de Purificación Tomas. Apenas puedo hacer fotos porque la mayoría de los chavales que me rodean son menores de edad abrazados a litronas de bebidas de colores variados, brillantes como sus ojos iluminados con la efímera alegría del colocón que se les avecina.
-¡¡¡Hazme una foto, hazme una foto!!!
Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España

Martes de Campo, Parque de Purificación Tomás (Oviedo). 10 de junio de 2014. © Miki López/La Nueva España


Disparo sin control para quitármelos de encima, tratando de adivinar la edad de unos chavales que se me abalanzan con sus vasos de plástico, abrazados haciendo una piña de colegas que aprenden a vivir y a beber unos de otros. Uno me pasa una botella de Cointreau medio vacía. El crío no ha cumplido los 16. Quiere que beba a morro, pretendiendo hacerme comulgar de su fiesta etílica para agradecerme la foto y al mismo tiempo, para que me sienta aceptado por la pandilla. Me imagino que alguno de sus colegas se habrá bautizado hoy. Es simpático y lleva la voz cantante. Es difícil decirle que no porque todos los demás van en su misma onda.
Abandono el campo de batalla después de rechazar la invitación. Dudo un segundo, pero termino por recomendarle que no beba más y que coma algo. Sonríe y se da la vuelta aguantando su sombrero surfer rojo con la mano que le deja libre la botella. Levanta los dos brazos y se aleja bailando al ritmo del bakalao cañero que sale del iphone medio escondido en el bolsillo trasero de su pantalón.
Mañana habrá resaca, posiblemente alguna bronca, más de una promesa y algún arrepentimiento.
Da igual. En clase alguno dirá que no tiene resaca.
Y además ya tiene la pasta para la siguiente botella de Cointreau.
Ellos tienen 15 años. Nosotros un serio problema.