Abril

Milio y Maruja. La Magdalena, Soto del Barco. 16 de abril de 2008. © Miki López

Milio y Maruja. La Magdalena, Soto del Barco. 16 de abril de 2008. © Miki López


Ayer en Soto, volví a sentir la presencia de mi abuelo Milio. Creo que fue un 14 de abril de hace 4 años. Unos días antes me había sentado delante de su cama con el dolor de la certeza de lo que sería mi última visita. Me imagino que no me perdonará el que hubiese rezado aquella tarde ante el lecho de muerte de aquel ateo redomado, de aquel hombre que había vivido entre las sombras de las leyendas de tesoros escondidos, de misteriosos encuentros con viejas leyendas arraigadas en los más profundo de nuestra tradición mitológica asturiana.
Maruja. La Magdalena. Soto del Barco. 17 de abril de 2014. © Miki López

Maruja. La Magdalena. Soto del Barco. 17 de abril de 2014. © Miki López


Por eso ayer, entre los juegos de media docena de sus biznietos, en aquella terraza con vistas a la desembocadura del Nalón, en el mismo lugar donde pasó tantas tardes dejando consumir su cigarro entre los dedos mientras contaba las historias de su vida, volvimos a echarlo de menos. Sobretodo Maruja, mi abuela coraje que presume sus 87 años entre los profundos surcos de las arrugas que ocultan esos ojos azul intenso, empeñada como siempre en que le sobran abriles. Tiempo habrá “güelita”. No tengas prisa.

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