Demasiado silencio

Sonaban las campanas. A intervalos impredecibles, casi eternos y sin armonía. Era el sobrecogedor tañido de la muerte rompiendo el silencio que inundaba todos lo rincones del pueblo. Escondidos entre los setos veíamos bajar mujeres enlutadas por la cuesta de la iglesia que entre murmullos, escondían frases de dolor y tristeza. Eramos niños y aprendimos que aquel silencio era muchas veces la antesala del dolor. En otras ocasiones se convertía en el fúnebre pregón de los pájaros de mal agüero. Cantaba el cuco o aullaban los perros y volvía la muerte. Y volvía el silencio. Un silencio denso que enmudecía la propia naturaleza.

Minuto de Silencio. La Morgal, marzo de 2014. © Miki López

Minuto de Silencio. La Morgal, marzo de 2014. © Miki López


Seguíamos el cortejo fúnebre desde los muros de las fincas que rodeaban el cementerio. Los mayores no querían niños en los funerales y apenas nos atrevíamos a respirar. Seguramente intentando no romper aquel silencio, aquel eterno silencio que oprimía el pecho.
En este último trimestre hemos revivido demasiadas veces aquellas sensaciones infantiles: la tragedia de Burgos, el naufragio del Santa Ana, el incendio de Baselgas….
Va muy poco año para demasiados minutos de silencio.
Ruido, por favor.

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