Cautivo y desarmado

Llevo varios días dándole vueltas a un problema que tuve el pasado domingo en el estadio Carlos Tartiere, en el último partido de liga del grupo I de 2ªB en el que compiten los equipos asturianos. Me gusta el fútbol y aunque me confieso sportinguista, es cierto que me llevo muy bien con muchos de los profesionales que rodean al histórico y sufrido club carbayón .

Guardia de seguridad y fotógrafo en el estadio Carlos Tartiere durante el partido Real Oviedo y la SD Logroñés. © Miki López/La Nueva España

Guardia de seguridad y fotógrafo en el estadio Carlos Tartiere durante el partido Real Oviedo y la SD Logroñés. © Miki López/La Nueva España


A primeros de los 90 aprendí y disfruté de los años dorados del fútbol asturiano Viví muchos derbis y viajé por buena parte de los campos históricos del fútbol español persiguiendo fundamentalmente a los azules de Carlos, Jerkan, Prosinecky y demás estrellas de aquel histórico Real Oviedo. En aquellos tiempos trabajábamos siguiendo las normas habituales que nos marcaba la LFP: petos, zonas de paso y lo más importante, sentido común. Jamás hubo un problema.

Lo que uno no entiende es porqué, con el paso de los años,, las cosas se hacen cada vez más complicadas. El derecho constitucional que nos asiste como informadores va menguándose, arrinconándose cada día que pasa acorralado por normas absurdas esgrimidas de forma peregrina por algunos responsables de seguridad que, dentro de eventos de interés general, parecen disfrutar jugando a policías y ladrones. Pues bien… yo ya estoy hasta los huevos de que me toque siempre de ladrón. Lo mio no es un delito. Es un trabajo. Cierto es que el pasado sábado, después del pitido final de un partido que terminó a las 23:00, crucé el campo apurado por la hora de cierre del periódico en dirección al túnel de vestuarios donde un vigilante jurado me echó una bronca de tres pares por haberle pisao el cesped. Hasta ahí llego y lo acepto. Aun sabiendo que nadie me avisó de esa norma que se aplica dependiendo del campo al que vayas. Pero lo que no es permisible es que este individuo, en plan venganza, se ponga a empujarnos a mi y a mis compañeros para marcarnos una mierda de linea imaginaria de las de “aquí no pasáis, por mis huevos”. Y por eso ya no paso amigo. La primero es la educación y a mi me pasa que si me la pierden, yo hago lo mismo. Y lo puse de vuelta y media mientras mi compañero Pablo Lorenzana hacía fotos del episodio en previsión de que me dieran un guantazo.
mano

Total, que vamos de culo. Cada día más. Personalmente me dan ganas de tirar la toalla. De escribir una carta al club y decirles que se compren un móvil nuevo y que pasen ellos las fotos, tal y como ya se hace con la ópera del teatro campoamor, donde distribuyen las mismas imágenes para todos y así evitan esos 60 segundos con nuestros molestos obturadores cortando las melodías que envuelven a tenores y sopranos. Ya se encargan ellos de pasar la foto de algún ensayo que, por lo visto, no pierde valor informativo. Escribir otra nota a los UIP de la Policia Nacional para que se encarguen ellos de llevar una GoPro en la punta de la porra (con todos mis respetos) y luego la pasen a todos los periódicos y agencias para evitar que los sufridos reporteros lleven algún toletazo o sean arrollados por “error” durante el transcurso de alguna intervención. Además de ahorrar pasta a las empresas, volvemos a los tiempos en que la información y el poder eran una misma cosa por el bien de los españoles. También habría que escribirle una carta a los responsables de seguridad de los juzgados de Oviedo donde un guardia jurado increpó a Fernando, el cámara de TVE que en ese momento grababa el edificio desde la vía pública como recurso para una información judicial. Por mi le pueden cambiar las esposas por una compacta digital que grabe en HD y que acontinuacuón lo distribuya por wifi aplicándole algún filtrín de esos que dejan inmaculao los edificio de cristaleras espectaculares

Parecen pijadas, pero los que llevamos muchos años en esto, somos conscientes de que las cosas se están poniendo muy feas. Publicamos nuestras vidas en internet, compartimos fotos con miles de personas a través de redes sociales y blogs de lo más variopinto y aún así, algunas veces un viandante me llama la atención porque se cruza por delante de mi cámara cuando estoy haciendo una foto a una escena que no tiene nada que ver con él pero que puede tener ese carácter de interés general que la ampara como imagen informativa.

-“Me da igual. Por tú bien no quiero que salga mi imagen en esa foto.”

Y en mi cabeza resuena aquella emisión histórica del 1 de abril de 1939:

-“Cautivo y desarmado….”

Pues eso.

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