Fotógrafos “tax-free”

Hace unos meses leí un reportaje en uno de los suplementos de El Pais en el que se hablaba de las grandes dificultades por las que están pasando los diarios convencionales en su difícil transito al universo digital. Los que trabajamos en prensa somos conscientes de ello y sabemos que los modelos de negocio que sustentan nuestros empleos están cambiando y exigiendo cambios en nuestra labor diaria. En aquel mismo reportaje leí como muchos expertos en medios de comunicación seguían haciendo hincapié en que la clave del éxito, al final, estaría en la calidad de la información.

Fotógrafos rodeando a Annie Leibovitz. Oviedo, 24 de octubre de 2013. © Miki López

Fotógrafos rodeando a Annie Leibovitz. Oviedo, 24 de octubre de 2013. © Miki López


Y la calidad de la información está directamente relacionada con el capital humano de las empresas, con los periodistas y los fotógrafos que día a día sostienen la credibilidad informativa de un medio de comunicación.

Cierto es que todo está cambiado demasiado rápido. Las redes sociales son veloces mechas de información que, en ocasiones explotan con muchas dudas de autenticidad. El “todos periodistas” es un caramelo para ciertos empresarios de algunos medios de información que lo ven como la solución ideal para una reducción de costes salariales. Y sustituir profesionales por aficionados freelance no me parece a mi una buena apuesta por la calidad de la información.

Autorretrato. Oviedo, 2013. © Miki López

Autorretrato. Oviedo, 2013. © Miki López


Ya se apuntaron a ese carro diarios como el Chicago Sun Times y ayer leí que un grupo editorial de diarios regionales del Reino Unido también anuncia el despido de una buena parte de su plantilla de fotógrafos sustituyendo sus imágenes por las realizadas con los teléfonos móviles de sus periodistas y por las aportadas por los lectores. Que tus propios clientes se conviertan en tu mano de obra barata es un arma de doble filo. Las responsabilidades que se le puede exigir a un profesional se esfuman en el aire cibernético cuando el material es aportado por un ciudadano de a pie. A este segundo no le importará que su credibilidad quede en entredicho mientras pueda jactarse de haber publicado una información o una imagen en la primera página de nosequé periódico.
Hace pocos días, la agencia Asociated Press despedía a uno de sus fotógrafos, Narciso Contreras, miembro del grupo de fotógrafos que conseguía el Premio Pulitzer 2013 por su trabajo en Siria, después de comprobar que había manipulado una de las fotos que subió a la linea de la agencia. Había quitado de la imagen original una videocámara que aparecía en el encuadre y que, bien es cierto, aportaba poca información a la fotografía. Fue una mera cuestión estética pero un error grave de un profesional que trabaja para un medio de prestigio. Y esa agencia, viendo en entredicho su veracidad, decidió pedir disculpas y prescindir de los servicios del fotógrafo. Y esto no es nuevo, existen muchos ejemplos de esta historia con el mismo final en muchas agencias internacionales como Reuters o EFE que no solo compiten por la gran calidad de las imágenes que ofrecen a sus clientes, sino que también lo hacen garantizando la fiabilidad de sus informaciones. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Por eso, la apuesta por imagenes de procedencia indiscriminada y normalmente basadas en la gratuidad, al margen de tener una discutible calidad por muchos megapixeles que tenga tu i-phone, tienen un alto riesgo de fraude dificilmente comprobable y aun menos teniendo en cuenta la velocidad a la que se trabaja hoy en día. Pues nada, a ver si en vez de tomar ejemplo del Chicago Sun Times miramos mejor para la web del New York Times, cuya sección de fotografía sigue dando importantes clics a la edición digital del periódico. Y viendo esas fotos te das cuenta en seguida de que no salen gratis. Calidad contra gratuidad. Veremos quien gana. De momento sabemos quien esta perdiendo. Y no son solo los fotógrafos y los periodistas.

En días de lluvia

Debo mi afición a la lectura a una madre que pasaba muchas noches en vela enganchada a los libros que mensualmente encargaba a través de la revista del círculo de lectores. “A sangre fría” de Truman Capote, fue uno de aquellos primeros títulos que recuerdo por las estanterías de una casa, que mes a mes, iban atiborrándose de novelas de todo tipo de género y autor y entre los que no faltaban algunos volúmenes infantiles con los que mi madre fomentaba su afición entre nosotros con mayor o menor fortuna.

Bajo la lluvia. Oviedo, 19 de enero de 2014. © Miki López

Bajo la lluvia. Oviedo, 19 de enero de 2014. © Miki López


Teniendo en cuenta que éramos críos de pueblo, nuestra vida infantil era un catálogo de libertades que un niño de ciudad jamás podría imaginar: dar patadas a un balón en medio de una carretera desierta, subirse a los muros de las fincas para merendar fruta “de prestado” o hacer cabañas en el bosque que bordeaba el río, eran algunas de las aventuras de unos chavales cuya imaginación era incapaz de salir más allá de los límites de su propio pueblo durante los felices días de verano. Ni falta que hacía. Pero las tardes de invierno, casi siempre lluviosas, convertían nuestra animada existencia de juegos y travesuras, en una vida aburrida que veía caer las gotas tras los cristales de la ventana, en aquella habitación orientada al norte, mirando a la ría del Nalón y a un impetuoso mar Cantábrico que golpeaba con fuerza la barra del puerto de San Esteban.
Y fue en aquellas maravillosas jornadas exentas de videojuegos, ordenadores y redes sociales cuando el dulce sabor de la lectura se me metió en el alma como si de una droga se tratase. Hoy, en casa, mientras escribo estas líneas, veo los cristales de la amplia ventana de este salón que ha cambiado el cantábrico por un mar de edificios, calles y escaparates entre los que deambulan con prisa peatones encorvados, entrajetados de oscuro bajo negros paraguas y sombreros. Y vuelvo a dejar volar la imaginación regresando a mi cuarto de la infancia, con la nariz pegada a aquel cristal por el que corrían las gotas de agua mientras miraba hacia el mar que me hipnotizaba lanzando sus olas con furor contra los muros imponentes del puerto. Me senté otra vez en la cama de mi hermano y volví a abrir aquel viejo libro. Que llueva, que llueva…

Cocacola y el búscate la vida.

Una empresa que tiene una plantilla 6250 trabajadores y unos beneficios de casi 800 millones de euros anuales no me parece a mi que tenga muchas razones objetivas para despedir a 750 de sus empleados, así, de la noche a la mañana. Y aquí no pueden argumentar una caída del consumo que derive en quiebra y cierre. Aquí, mucho me temo que solo hablamos de avaricia, de pura especulación, de resultados para el año que viene: en vez de 800 millones, vamos a ver si ganamos 1000 y se nos llena la boca con la “Chispa de la Vida”, con la imagen de buen rollo de sus campañas publicitarias y con sus inversiones multimillonarias en todo tipo de eventos deportivos y culturales.

Camión de Cocacola. Oviedo, 9 de febrero de 2009. © Miki López

Camión de Cocacola. Oviedo, 9 de febrero de 2009. © Miki López


Pues miren señores de Coca-cola, hoy me voy a quedar con esos 750 currantes que no entienden de macroeconomía, que en muchos casos tienen familias que mantener y que además tienen la desgracia de trabajar para unos tipos que debieron de dejar la conciencia en la misma papelera donde echaron los borradores con los números y los cálculos que les harán ganar más dinero.
No, si es que al final nos va estar bien empleao por pasar décadas y décadas sin acordarnos de las condiciones esclavistas en las que trabajan multitud de asiáticos produciendo a destajo para grandes firmas de calzados y prendas deportivas más allá de las fronteras de nuestra opulenta CEE. Es la globalización colegas, algo que parecía que nunca iba a llegar a estas sociedades desarrolladas y que, gracias a todas esas nuevas leyes de liberización del mercado laboral, ya comenzamos a sufrir en nuestras propias carnes en forma de despidos y reducciones salariales que convierten en misión imposible aquello de llegar a fin de mes.
Y lo peor de todo es que el PP no entiende como Coca-cola pretende cerrar una planta que da beneficios. Pues por lo visto es “por criterios organizativos y de producción”. Precisamente una de esas novedades que contempla su infalible reforma laboral. Tenneco, Coca-cola, y tantos otros… si cerramos lo que da beneficios que narices vamos a esperar de este país.
Máquina de Cocacola. La Felguera. 2 de agosto de 2009. © Miki López

Máquina de Cocacola. La Felguera. 2 de agosto de 2009. © Miki López


Pues nada habrá que buscarse la vida. Como el de la foto.

Uno de L’Arena

La historia de rivalidad entre Soto y La Arena es la historia de tantos y tantos pueblos asturianos que por pura proximidad se empeñaron toda la vida en ver quien la tenía más grande. Daba igual el que, pero el caso era que fuese más grande. Yo que nací en Soto, en el mismo barrio de La Magdalena donde aún hoy viven mis padres, no soy el más indicado para hablar mal de los arenescos teniendo en cuenta que allí dejé a grandes amigos, algunos de los cuales han demostrado ser las mejores personas que se han cruzado y compartido camino con este servidor.

Isra. L'Arena. agosto de 1989. © Miki López

Isra. L’Arena. agosto de 1989. © Miki López


Y hoy quiero acordarme especialmente de mi primo Isra, mi adorado “Cheri”, un chaval que con 14 años era un verdadero peligro público, un pillo que casi podía haber salido de una novela de Mark Twain ambientada en los años 80. Con el tiempo, ese crio de rizos rubios a lo afro pasó a formar parte de esta casa emparejándose con mi prima Belén. Teniendo en cuenta que yo los presenté, tuve verdaderos temores de que me echasen de la familia el día que anunciaron su boda, pero no fue así. Y de hecho, este granuja de acento “minín” pasó formar parte del clan de Milio’l Castro y Maruja Quelo entrando por la puerta grande. Bruto como él sólo, juerguista, ingenioso hasta el dolor de cabeza, es el estereotipo de “Uno de L’Arena” con el añadido de que, Isra, tiene un corazón tan grande que no le cabe en el pecho.
Así que el “Cheri”, que bien podía haber firmado ese manifiesto nacionalista de L’Arena en Wikipedia, para mi no deja de ser una de esas buenas personas de ese pueblo marinero que tienen el don de divertir con esas chifladuras que deben ser consecuencia de la excesiva cercanía al mar Cantábrico y al río Nalón.
Me quito el sombrero ante arenescos como el Cheri. Sois la caña.
¡Gibraltar español y La Deva…… de L’Arena!!!!

Sólo fútbol

El estado de buena esperanza de mi compi Irma Collín me ha metido de lleno en el mundo del fútbol forofero con aromas de primera división. Recuerdo aquellas gloriosas tardes de domingo en el Tartiere y en El Molinón con cierto punto de nostalgia en blanco y negro. Eran los años 90 y el estadio de Buenavista se llenaba hasta los topes con los derbis regionales que protagonizaban los Carlos y los Jerkan, los Manjarín, los Abelardo y todo aquel plantel de estrellas de una época dorada del fútbol asturiano que mucho me temo que tardará en volver.

Partido a puerta cerrada entre el Real Oviedo y el Racing de Ferrol. Oviedo, 18 de enero de 2014. © Miki López/La Nueva España

Partido a puerta cerrada entre el Real Oviedo y el Racing de Ferrol. Oviedo, 18 de enero de 2014. © Miki López/La Nueva España


Ayer, en ese nuevo Carlos Tartiere estadio moderno y desproporcionado para un equipo de 2ª B, las sensaciones del declive de nuestra Asturias futbolera se han hecho patentes en un desierto obligado de aficionados, consecuencia de algo tan asturiano como un petardo minero lanzado a los pies de un colegiado quisquilloso. En más de veinte años de profesión nunca había asistido a un espectáculo tan frío y tan triste como este Real Oviedo-Racing de Ferrol. Y no sólo por el juego infumable del equipo local, si no por la falta de espíritu convertida en falta de espectadores de un deporte que nos emociona a casi todos y que llena los bolsillos de unos pocos afortunados.
Y allá arriba, entre las estructuras de hormigón del estadio, se veía a un pequeño grupo de aficionados que decidieron seguir el partido de cerca, posiblemente porque intuyen que el caos deportivo puede acabar en desastre económico. Total que todo apunta a que si esto no se revierte en resultados positivos, la recaída en el pozo económico parece evidente.
Al margen de esto, en ese campo desierto en el que solo había fútbol, me di cuenta de algo que intuía hace ya tiempo: son 22 tipos (ayer 21), corriendo detrás de una pelota. Sólo fútbol, soso fútbol. Mira tú, al final va ser verdad aquello de que el fútbol lo hacen más los aficionados que los propios futbolistas.

Salir de casa

Este fin de semana me ha servido para desconectar de esta mi Asturias querida que tanto tiempo me absorbe en lo profesional y en lo personal hasta el punto de que ya no tengo una perspectiva fiable de lo que realmente vivimos tras estos montes cantábricos.

Plantación. Tarragona, 11 de enero de 2014.  © Miki López

Plantación. Tarragona, 11 de enero de 2014. © Miki López


 

Cogí el coche con Elsa y unos buenos amigos para seguir a Iyán y a sus compañeros del Judo Club Avilés camino de la Supercopa de España de Judo infantil que se celebraba en Tortosa. Nos volvimos con tres medallas y un montón de ilusiones gracias a la actitud y el buen resultado de estos judokas de 12 y 13 años que representan a su comunidad asturiana con un orgullo y una pasión que ya quisiera yo solo para la mitad de nuestra clase dirigente y gobernante.

Carretera Nacional. Tarragona, 11 de enero de 2014. © Miki López

Carretera Nacional. Tarragona, 11 de enero de 2014. © Miki López


Pero al margen de este sentimiento patriótico aliñado con el orgullo de ser el papi de todo un campeón de las artes marciales y al hecho de salir de casa y coger una autopista camino de esas carreteras de dios llenas de asfalto y de peajes desorbitados, vuelvo con esa sensación de hombre con suerte, hijo de una tierra privilegiada no solo en su paisaje natural, si no también afortunada en su panorama humano. Los asturianos, esos seres grandones de espíritu, de humor de espontaneo, capaces de reirnos de nosotros mismos pero incapaces de valorar en su justa medida todas las virtudes que tenemos que, aunque parezca mentira, las tenemos. .

Gasolinera. Tortosa, 11 de enero de 2013

Gasolinera. Tortosa, 11 de enero de 2013


Salgo de casa y veo esas tierras ocres de tonos mate que me hacen añorar al instante mis bosques, mis montes y mis ríos. Su luz brillante y sus verdes saturados. Sus aromas a salitre y tierra húmeda. Los sonidos de los bosques y las olas de su mar indomable. 

Y despierto de repente con un pepinazo de más de 100 euros en peajes que me dejan de piedra y me cortan la musa poética que me embargaba. Me doy cuenta que atravesar eso que llaman “Comunidades Históricas” sale por uno ojo de la cara. Lo mismo que una aduana que parece que, al final, es lo que verdaderamente se pretende. Bueno, por lo menos la gasolina es más barata. Creo…
Puxa Asturies, coño.

Títeres

TITERES-(3)
Cada año mi carta a los reyes se va haciendo más corta. Y no es solo cuestión de la crisis que nos revuelca o del hecho de que los críos crecen proporcionalmente a los gastos que van generando. Me imagino que será cuestión de la prórroga de una crisis de los 40 que ya debía tener superada hace tiempo, pero el caso es que ahora sólo me importa la salud y el trabajo. Son los dos ingredientes fundamentales de la receta de la felicidad. Ambas tienen un componente de azar no controlable, pero todos sabemos cuales son los hábitos vitales que nos permiten conservar la salud. Lo del trabajo es más complicado teniendo en cuenta la suerte de gobernantes que se nos han ido apoltronado en los sillones del poder y la opulencia. Ellos y su oligocracia son los que mueven los hilos de nuestra sociedad a su antojo. Unos hilos que no podemos romper y que nos estrangulan día a día con argumentos peregrinos que transforman en números de primas de riesgo, de cifras de paro, de congelación de salarios y de precariedad laboral.
A nosotros, a los títeres, Dios nos conserve la salud. Lo del trabajo también es importante aunque con estos individuos comienza a ser una quimera. Mi tercer regalo para el 2014 sería desalojar de sus sillones a los verdaderos responsables de esta mierda que nos envuelve. Pero no se yo.
Seguro que será más fácil perder antes la salud y el trabajo. Pero por pedir que no quede.