Adiós Babi, adiós

No sé muy bien cómo empezar estas líneas. Tampoco tengo mucho ánimo para hacerlo pero creo que estoy en deuda contigo. Entre otras cosas porque desde que entré en esta casa siempre me has tratado como a un hijo. Hoy, en esta Navidad triste como ninguna, cerraste los ojos tras un ciclo de una vida de apenas 70 años que se ha ido apagando lentamente desde hace unos meses. Elsa sabía que llegaría este momento, que tu fortaleza tenía un límite y que llegado el momento sería necesario sacudirse la pena y dejarte marchar. Puedes irte tranquila Baby, has dejado un legado de buenas personas que hoy sufrieron viendo cómo te apagabas, pero en los que de alguna manera seguirás viviendo para siempre.

Elsa, Marta, Babi y Glori. Illas, 19 de marzo de 2013.  © Miki López/La Nueva España

Elsa, Marta, Babi y Glori. Illas, 19 de marzo de 2013. © Miki López


En tus hijas Elsa, Glory y Marta. En tus nietos Sergio, Borja, Iyán y Nel que te recordaran como la “supergüela” que fuiste, la que podía con todo y que siempre tenía una sonrisa en los labios, en unos labios que no paraban de darles besos y de decirles que eran los nietos más guapos del mundo. Sinceramente espero que para ellos las navidades sigan siendo esas fechas entrañables que tanto inculcamos los padres a nuestros hijos. Ojalá la vida nos permita seguir junto a ellos muchos años compartiendo noches de alegría como las que pasamos en esta casa que hoy se queda muda y vacía en una noche tan señalada como la nochebuena. Vete tranquila Baby.
Ya sabes que nunca fui un hombre de besos, pero hoy me arrepiento de todos y cada uno de los que no te di.
Perdóname suegra, pero estos me los guardo en el corazón.
Adios Baby, hasta siempre querida suegra.
Tu yerno
Miki

Cuestión de seguridad

Todos los años, por estas fechas, mientras repaso las fotos del año buscando ese resumen anual que suelo colgar en mi blog, es inevitable caer en un examen de conciencia personal y laboral del que siempre tratas de sacar las conclusiones más negativas de tus éxitos (todo es mejorable) y las más positivas de los pesarosos fracasos (podría haber sido peor).

Motoristas de la Guardia Civil de Tráfico en la autovía del Cantábrico. Cadavedo, 6 de diciembre de 2013.  © Miki López/La Nueva España

Motoristas de la Guardia Civil de Tráfico en la autovía del Cantábrico. Cadavedo, 6 de diciembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Pero al margen de esas risas y llantos del año que acaba, el 2013 me ha dejado claro que nuestra profesión sigue cayendo en el pozo de la incertidumbre de culo y sin paracaídas. Es evidente que la invasión digital de la información en la sociedad moderna ha producido un efecto maremoto en las ediciones de papel de los periódicos, ahogando las economías centenarias de muchos medios de comunicación. El caso es que nos está costando un riñón conseguir que nuestra profesión siga siendo eso, una profesión, un servicio por el que alguien esté dispuesto a pagar el dinero que pueda sostener nuestros sueldos y evitar que nos tengamos que dedicar a otros menesteres no tan gratuitos. Por ser un poco optimista, también tengo que reconocer que se están dando pasos en el sentido correcto. La falta de profesionalidad en el sector empieza a no gustar a los lectores y alguno ya se está dando cuenta de que la información fiable y de calidad, como todo en la vida, cuesta dinero. Pero eso es otro tema.
A mí, lo que realmente me preocupa es la evidente e inexplicable pérdida de libertad que año a año se acentúa en el desarrollo de nuestro trabajo informativo, muchas veces justificado por nuestros propios compañeros de los gabinetes de comunicación. Perdonadme amigos, pero es así. Y os voy a poner un ejemplo de los últimos días.
El día 6 de diciembre un camión cargado de gas natural tiene un accidente en el tramo de autovía comprendido entre Ballota y Cadavedo. No ha habido heridos, peros se activa un plan de seguridad que tiene como consecuencia el corte de la vía, la instalación de un hospital de campaña preventivo y el desalojo de las viviendas próximas al lugar del accidente ante la posibilidad de que se pueda producir una explosión.
Camión accidentado con una carga de gas natural en las inmediaciones de Cadavedo. 6 de enero de 2013.  © Miki López/La Nueva España

Camión accidentado con una carga de gas natural en las inmediaciones de Cadavedo. 6 de enero de 2013. © Miki López/La Nueva España


Llego a la salida de Ballota en el mismo momento en el que dan paso a una de las grúas que va a participar en el rescate de la cuba accidentada y me identifico ante la Guardia Civil. Ya estoy acostumbrado a que me digan que no. Así que paso al plan B, al plan de “Búscate la vida” y cojo la moto en dirección Cadavedo sorteando la kilométrica caravana de vehículos que fueron desviados por la antigua nacional 634. Voy cogiendo todos los desvíos posibles tratando de encontrar algún punto elevado que me pueda dar una visión del suceso. Pregunto a los vecinos y uno de ellos me da unas indicaciones para coger un camino forestal que pasa al lado de la autovía, muy cerca del lugar donde se produjo el accidente. Llega un momento en el que tengo que dejar la moto y seguir caminando. El sendero me va guiando entre los pilares del viaducto de Cadavedo y entre los árboles, como a 600 metros, distingo el color amarillo de un camión de bomberos. Me encuentro con unos chavales que bajan en quad por la ladera occidental del valle. Me dicen que la Guardia Civil, alertada por el ruido del motor, les ha interceptado y que no les dejan pasar más arriba. Me pasan una foto que hicieron con su móvil. Sigo caminando y unos 500 metros más arriba el camino cruza la vía del tren dando un giro de noventa grados hacia la izquierda. Noto un olor dulzón en el ambiente y me doy de narices con un camión cisterna volcado sobre un lateral. No hay nadie. Es evidente que me he saltado el cordón de seguridad y que estoy donde no debo. La cabina del camión invade el camino y la cuba, abollada y retorcida sobresale entre los matorrales aun enganchada a la cabeza tractora. La toma no es buena, pero hago una docena de fotos antes de escuchar un murmullo de voces que vienen de la parte alta de los matorrales donde intuyo que está la autovía. Hago otra foto con el móvil para subirla rápido a la web de la edición digital de La Nueva España y me largo de allí antes de que me lleve la bronca del siglo.
La periodista Ana Serrano en el lugar del accidente. Cadavedo, 6 de diciembre de 2013.   © Miki López/La Nueva España

La periodista Ana Serrano en el lugar del accidente. Cadavedo, 6 de diciembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Cuando bajaba por el camino, después de hablar con mi redactor jefe, me di cuenta de lo absurdo de la situación. Andaba escondido por el monte robando las fotos de un camión accidentado y esquivando a la Guardia Civil por el mero hecho de estar haciendo mi trabajo. Es evidente que se trata de una situación de riesgo y agradezco que se tomen medidas de seguridad que protejan mi vida, pero también exijo que se me permita cumplir con mi labor informativa asumiendo los riesgos que esta conlleva. Los mismo riesgos que corren los bomberos, los guardia civiles y los miembros de Protección Civil desplazados al lugar de los hechos.
A los pocos minutos entro en la web de La Nueva España. Junto a las fotos que envié, ya aparecen las de los Bomberos de Asturias con su membrete oficial. Me sigo cabreando porque me doy cuenta de que no se qué cojones estoy haciendo allí, como un mercenario de la resistencia en una misión imposible. Hablo con Ana Serrano, la compañera que cubre la información, y me dice que no hay novedad. Que no dejan pasar bajo ningún concepto.
Maniobras de rescate de un camión accidentado con una carga de gas natural. Cadavedo, 6 de diciembre de 2013.  © Miki López/La Nueva España

Maniobras de rescate de un camión accidentado con una carga de gas natural. Cadavedo, 6 de diciembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


A eso de las seis de la tarde nos comunican que el Consejero de presidencia se va a desplazar al punto del accidente. Milagrosamente a partir de ese mismo momento las cosas empiezan a facilitarse. Nos desplazan al viaducto de la autovía, desaparecen las trabas y nos colocamos a escasos trescientos metros del lugar donde se está desarrollando la operación de rescate. Hacemos en 5 minutos todas las fotos que buscamos durante 5 horas y esperamos pacientemente a la llegada de las autoridades que, con gesto serio, posan para la foto obviando el peligro de explosión al que estaban expuestos en el mismo momento en que hacían declaraciones a los periodistas congregados a pie de autopista. Por lo visto ellos asumen su riesgo sin trabas. Pasa a nuestro lado un grupo de bomberos. No tienen la culpa, pero tengo la tentación de decirle a uno de ellos que hagan la foto de la improvisada rueda de prensa de autoridades y que le pongan el membrete antes de mandarla a los medios de comunicación. Pero claro, no llevan el flash puesto. Seguramente será por razones de seguridad.