El encanto

Ramón y Patri descendiendo el río Polea. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Ramón y Patri descendiendo el río Polea. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Algo hay en ese río que te atrapa. Su curso tranquilo, ensanchado por los tres embalses que lo comprimen, es todo un derroche de hermosura natural. En el año 2006 crucé el puente colgante de Riodeporcos maravillado ante el espectáculo de aquel río cristalino adornado es sus riberas semidesnudas por el intenso verde esmeralda de una incipiente hierba de primavera. Pocos días después volvía a descender por el ancho valle que atravesaba desde Grandas de Salime hasta Navia, donde el gran río se abría al Cantábrico. Aquella tarde soleada cubrió de tonos anaranjados las siempre tranquilas aguas del Navia.
Kaly en el cañón del río. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Kaly en el cañón del río. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Repetí esa experiencia hace apenas 15 días, después de un largo día de trabajo que me llevó a recorrer la cuenca media del río de la mano de Kaly, un sotobarquense enamorado hasta la médula del río que le da la vida. Cerca de Serandinas el río Polea entrega sus aguas al Navia después de atravesar un imponente cañón de difícil acceso que se abre paso entre la frondosidad de castaños centenarios. Las canoas esquivan los escollos verticales de lo que fueron antiguos arboles sumergidos hace más de 50 años por el embalse de Arbón. Fuertes rachas de brisa dispersan las gotas de agua que levantamos con los remos. En las partes más anchas del río el viento se vuelve incómodo y hay que alcanzar las orillas para remar con más facilidad. En algunos tramos los prados descienden con suavidad hasta la misma orilla del río donde las barcas se reflejan en el agua cristalina junto a los árboles que les sirven de amarre. Mires donde mires todos son postales.
Kaly. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Kaly. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


En muchas ocasiones había recorrido el valle desde la carretera, deteniéndome cada poco para hacer las fotos de la imponente cicatriz que el Navia dibujaba en mitad de las suaves sierras que lo bordean. Pero conocer el río desde dentro da otra perspectiva mucho más fiel de su carácter tranquilo y de su belleza apabullante. Viendo lo visto ya entiendo porque Kaly dejó nuestro maravilloso pueblo de Soto del Barco para embarcar su vida en el Navia. La magia de un río encantado.
Que suerte tienes amigo.
Gracias otra vez.

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