La magia del Puerto del Palo

Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López

Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López


En los años 80 la biblioteca de Soto del Barco se encontraba en los bajos de la casa que hoy ocupa el ayuntamiento. Recuerdo que buscando material para un trabajo de geografía física sobre las sierras occidentales de Asturias, cayó en mis manos un pequeño libro, casi artesanal, dedicado al puerto del Palo, en el concejo de Allande. Unas fotos diminutas en blanco y negro, ofrecían la imagen de un paisaje misterioso, estepario y de aire romántico. Nubes oscuras reinaban en la mayoría de aquellas fotografías de grano duro que ilustraban relatos llenos de acontencimientos protagonizados por personajes mitológicos y brujas voladores que remontaban el puerto en penumbrosos atardeceres invernales ante los aterrados ojos de los peregrinos que seguían el primitivo camino de Santiago.
Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013

Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013


Unos años después de esta lectura crucé el puerto del palo en un viejo Renault 7. Las imágenes de aquel pequeño libro, del que no soy capaz de recordar el autor, se me vinieron a la mente mientras paraba el coche junto al viejo refugio que corona el alto a más de 1100 metros sobre el nivel del mar. El viento silbaba entre los cables de alta tensión que seguían su trazado en linea recta, cruzándose de vez en cuando con el camino de Santiago en dirección a Berducedo.
El Camino de Santiago en la ruta del Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López

El Camino de Santiago en la ruta del Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López


En los años sucesivos he vuelto a cruzar El Palo en infinidad de ocasiones. Me gusta detenerme al coronar el puerto para ver si siguen allí las mismas sensaciones que dejé atrás en mi última visita. Y si, allí siguen. Las mismas nubes que arropan los molinos del parque eólico, el mismo viento que los hace girar y el viejo refugio con su chimenea destartalada, pero con la puerta siempre abierta para dar cobijo en caso de necesidad.
Allí paramos las motos los cuatro aventureros que lo ascendimos desde Grandas de Salime. Seguro que volveremos a detenernos otro día para disfrutar de la magia que dejamos en el legendario Puerto del Palo. Porque sigue allí. Seguro.

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