Mal octubre

Cementerio y pozo San Antonio. Villanueva, Aller. 31 de octubre de 2007. © Miki López

Cementerio y pozo San Antonio. Villanueva, Aller. 31 de octubre de 2007. © Miki López

Octubre siempre sabe a poco. En Oviedo, desde primeros de mes, vivimos envueltos por todo lo que rodea a la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias. Llega el pueblo ejemplar y parece que la cosa se relaja. Salvo este año en el que las desgracias esperaron a que se fuesen los herederos de la corona. Aquí, además  de la resaca de premios, octubre nos deja el amargo sabor de boca de las tragedias de Tineo y Llombera de Gordón. Las desgracias nunca vienen solas. Hace un año, por estas fechas, lamentábamos el desastre del Madrid Arena, otra vez la muerte disfrazada de fiesta en una macabra noche de Halloween que se llevó por delante las ilusiones de unas crías que apenas comenzaban a vivir. Y nos devanamos el cerebro tratando de encontrar una explicación a tanta desgracia cuando en realidad la culpa es de esa lotería de la vida que indiscriminadamente decide a quien le toca el marrón de la muerte.
De aquí a un año, haya salud y suerte.
Feliz noviembre.

De la tarde amarilla…

Periodistas en la entrada a la mina Emilio del Valle, Pola de Gordón, León. 28 de octubre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Periodistas en la entrada a la mina Emilio del Valle, Pola de Gordón, León. 28 de octubre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Hoy, nada más cruzar el Pajares, me di cuenta de que el otoño corre más deprisa en las secas tierras de León. Chema conducía todo lo rápido que le permitían su viejo Nissan y el gigantesco camión que nos precedía por las empinadas rampas del puerto. Una hora antes habíamos recibido una de aquellas llamadas que no recordábamos desde hacía décadas: “Hay que salir pitando para Pola de Gordón. Hay al menos seis mineros muertos en el pozo de Emilio del Valle”
El camino se hizo largo con la incertidumbre de no saber que nos íbamos a encontrar en la boca de aquel pozo perdido en una inmensidad desierta de minas a cielo abierto. La pista ascendía bordeando las escombreras sobre las que resplandecían los últimos rayos de sol de esta tarde amarilla.
Y allá abajo estaba el pozo donde la muerte volvió a recordar a los mineros que ella, disfrazada de gas, de polvo o de derrumbe, siempre será su eterna compañera.
Descansen en Paz.

El encanto

Ramón y Patri descendiendo el río Polea. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Ramón y Patri descendiendo el río Polea. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Algo hay en ese río que te atrapa. Su curso tranquilo, ensanchado por los tres embalses que lo comprimen, es todo un derroche de hermosura natural. En el año 2006 crucé el puente colgante de Riodeporcos maravillado ante el espectáculo de aquel río cristalino adornado es sus riberas semidesnudas por el intenso verde esmeralda de una incipiente hierba de primavera. Pocos días después volvía a descender por el ancho valle que atravesaba desde Grandas de Salime hasta Navia, donde el gran río se abría al Cantábrico. Aquella tarde soleada cubrió de tonos anaranjados las siempre tranquilas aguas del Navia.
Kaly en el cañón del río. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Kaly en el cañón del río. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


Repetí esa experiencia hace apenas 15 días, después de un largo día de trabajo que me llevó a recorrer la cuenca media del río de la mano de Kaly, un sotobarquense enamorado hasta la médula del río que le da la vida. Cerca de Serandinas el río Polea entrega sus aguas al Navia después de atravesar un imponente cañón de difícil acceso que se abre paso entre la frondosidad de castaños centenarios. Las canoas esquivan los escollos verticales de lo que fueron antiguos arboles sumergidos hace más de 50 años por el embalse de Arbón. Fuertes rachas de brisa dispersan las gotas de agua que levantamos con los remos. En las partes más anchas del río el viento se vuelve incómodo y hay que alcanzar las orillas para remar con más facilidad. En algunos tramos los prados descienden con suavidad hasta la misma orilla del río donde las barcas se reflejan en el agua cristalina junto a los árboles que les sirven de amarre. Mires donde mires todos son postales.
Kaly. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España

Kaly. Boal, 30 de septiembre de 2013. © Miki López/La Nueva España


En muchas ocasiones había recorrido el valle desde la carretera, deteniéndome cada poco para hacer las fotos de la imponente cicatriz que el Navia dibujaba en mitad de las suaves sierras que lo bordean. Pero conocer el río desde dentro da otra perspectiva mucho más fiel de su carácter tranquilo y de su belleza apabullante. Viendo lo visto ya entiendo porque Kaly dejó nuestro maravilloso pueblo de Soto del Barco para embarcar su vida en el Navia. La magia de un río encantado.
Que suerte tienes amigo.
Gracias otra vez.

La magia del Puerto del Palo

Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López

Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López


En los años 80 la biblioteca de Soto del Barco se encontraba en los bajos de la casa que hoy ocupa el ayuntamiento. Recuerdo que buscando material para un trabajo de geografía física sobre las sierras occidentales de Asturias, cayó en mis manos un pequeño libro, casi artesanal, dedicado al puerto del Palo, en el concejo de Allande. Unas fotos diminutas en blanco y negro, ofrecían la imagen de un paisaje misterioso, estepario y de aire romántico. Nubes oscuras reinaban en la mayoría de aquellas fotografías de grano duro que ilustraban relatos llenos de acontencimientos protagonizados por personajes mitológicos y brujas voladores que remontaban el puerto en penumbrosos atardeceres invernales ante los aterrados ojos de los peregrinos que seguían el primitivo camino de Santiago.
Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013

Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013


Unos años después de esta lectura crucé el puerto del palo en un viejo Renault 7. Las imágenes de aquel pequeño libro, del que no soy capaz de recordar el autor, se me vinieron a la mente mientras paraba el coche junto al viejo refugio que corona el alto a más de 1100 metros sobre el nivel del mar. El viento silbaba entre los cables de alta tensión que seguían su trazado en linea recta, cruzándose de vez en cuando con el camino de Santiago en dirección a Berducedo.
El Camino de Santiago en la ruta del Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López

El Camino de Santiago en la ruta del Puerto del Palo. 5 de octubre de 2013. © Miki López


En los años sucesivos he vuelto a cruzar El Palo en infinidad de ocasiones. Me gusta detenerme al coronar el puerto para ver si siguen allí las mismas sensaciones que dejé atrás en mi última visita. Y si, allí siguen. Las mismas nubes que arropan los molinos del parque eólico, el mismo viento que los hace girar y el viejo refugio con su chimenea destartalada, pero con la puerta siempre abierta para dar cobijo en caso de necesidad.
Allí paramos las motos los cuatro aventureros que lo ascendimos desde Grandas de Salime. Seguro que volveremos a detenernos otro día para disfrutar de la magia que dejamos en el legendario Puerto del Palo. Porque sigue allí. Seguro.