El rio

Puente romano de Cangas de Onís. 12 de septiembre de 2013. © Miki López

Puente romano de Cangas de Onís. 12 de septiembre de 2013. © Miki López


Las gotas de agua entraban sin clemencia entre los tirantes de mi traje de neopreno, frías como cuchillas de hielo tan afiladas que cortaban la respiración. Era medio día de un soleado jueves de septiembre pero una oscuridad invernal reinaba en el fondo de aquel barranco del rio Sella, en las mismísimas entrañas del desfiladero de Los Beyos. Calo y Miguel vigilaban mis movimientos desde una pasarela de cemento construida por los pescadores para poder cruzar aquella imponente garganta natural que borde la carretera del puerto del Pontón.
-“Voy a tener que nadar”, grité desde el fondo.
El río Sella en el desfiladero de Los Beyos. 12 de septiembre de 201. © Miki López

El río Sella en el desfiladero de Los Beyos. 12 de septiembre de 201. © Miki López


No bajaba mucha agua pero la fuerza de la corriente me arrastró varios metros rio abajo antes de poder cubrir los poco más de dos metros que me separaban de la orilla opuesta. Pensé en la desproporcionada fuerza de la naturaleza, en la indefensión que sientes ante la demostración de poder de un Sella incluso aletargado por la escasez de agua propia del estío. Me agarré a una roca y lancé la bolsa que protegía la cámara hacia el remanso que la corriente formaba en una pequeña poza. Así pude utilizar los dos brazos para nadar contra corriente y alcanzar una zona tranquila donde poder trabajar. Miré hacia arriba y vi la cicatriz que el sol de septiembre dibujaba entre las paredes del desfiladero. Busqué un ángulo apropiado y comencé a hacer cálculos de fotómetro para tratar de compensar tanta luz y oscuridad en una misma foto. La silueta de Calo se dibujaba sobre la pequeña pasarela. Comencé a disparar. Terminé de hacer las fotos y busque una zona por donde vadear el río tratando de nadar lo menos posible, temiendo más a las gélidas aguas que a la fuerza de la corriente. Ese frio y esa oscuridad son el contrapunto a la belleza extrema de un barranco, un terreno peligroso en el que adentrarse si no es con la tutela de guías experimentados que conozcan el río, sus encantos y los peligros que muchas veces llevan aparejados.
Un niño salta al agua bajo el puente romano de Cangas de Onís. 12 de septiembre de 2013. © Miki López

Un niño salta al agua bajo el puente romano de Cangas de Onís. 12 de septiembre de 2013. © Miki López


Vi el resultado en el amplio reportaje que publicamos mi compañero Miguel L. Serrano y yo en el suplemento Siglo XXI de La Nueva España. Miguel reflejó magistralmente los sentimientos de los ribereños del Sella, de esa gente que vive pegada y apegada a sus orillas. Gente apasionada por su riqueza, por su fuerza y su hermosura. Yo, como tantas veces, disfruté de ese río eternamente cambiante. Y lo hice desde el respeto que supone fotografiarlo desde dentro, guiado de la mano de mi amigo Calo Soto. Uno de esos auténticos reyes del rio.
Gracias colega. Una vez más ha sido un placer trabajar contigo.
Mas gotas del Sella en http://www.mikilopez.com

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