Congelando el tiempo en Camarmeña

Hace bastantes años, en un bar del casco antiguo de Oviedo, Fernando me enseño la foto de las dos niñas de Camarmeña que el gran Jose Ramón Lueje había fotografiado a finales de los años 50. Después de aquella tarde de café y cerveza, cada una de las historias que me acercaban al pequeño y empinado pueblo cabraliego, me obligaban a escudriñar cada esquina, cada rincón de Camarmeña tratando de adivinar el lugar exacto en el que Lueje apretó el disparador de su cámara de medio formato.

Fidela y Vicky Campillo en Camarmeña, 1954.  © José Ramón Lueje

Fidela y Vicky Campillo en Camarmeña, 1954. © José Ramón Lueje


No sabía yo que el destino y Ana Paz Paredes, mi compañera especialista en mundo rural asturiano, me iban a dar la oportunidad de repetir esa imagen que casi tenía en el olvido y que gracias a Pablo Lueje, nieto del fotógrafo, y a su página web, http://www.lamiradadelamontaña.es , volvió a fijarse en mi retina con la intensidad que merece un icono de la fotografía asturiana.
Fidela y Vicky Pérez Campillo. Camarmeña, 8 de marzo de 2013.  © Miki López/La Nueva España

Fidela y Vicky Pérez Campillo. Camarmeña, 8 de marzo de 2013. © Miki López/La Nueva España


Quedamos en Arenas de Cabrales. Nos esperaban en el aparcamiento de la urbanización que hay a la salida del pueblo. Allí estaban Vicky y Fidela, las dos hermanas juntas 54 años después. Fidela me arrancó una inevitable sonrisa cuando caí en la cuenta de que sus manos se cruzaban sobre el pecho mientras hablábamos, en la misma postura que inmortalizó Lueje en el año 1959 a la entrada de la vieja casa de piedra en la que las dos hermanas vivieron de prestado durante algo más de tres años. Vicky conserva la vitalidad que no expresa en la imagen pero que seguro que le viene de serie. Fidela es el fiel retrato del alma que emana la foto. Mujer dulce y tímida, dejaba hablar a su hermana y se le iluminaban los ojos recordando aquella infancia de carencias pero enormemente feliz.
Hicimos la foto desde el mismo lugar aunque con un punto de vista algo más elevado debido a un relleno que se hizo en el camino para adecentar los accesos a la parte alta del pueblo. Fue cosa de un minuto. De tanto mirar la copia, las dos hermanas se sabían de memoria su pose y distribución en la imagen. Ana me aguantaba la foto original y yo trataba de buscar el mismo encuadre, pendiente del gesto y la mirada de las dos hermanas que revivieron un momento que se les escapó en la memoria. No recuerdan el instante preciso en el que Lueje les hizo la foto. No recuerdan al gran fotógrafo de la montaña asturiana. Pero estoy seguro que jamás olvidarán la jornada en la que repitieron aquella escena para disfrute de todos los que las acompañamos aquel 8 de marzo de 2013, en aquel rincón congelado en el tiempo, en el mismísimo corazón de los Picos de Europa.