Autoridad

Aquel chaval sonriente bajaba la calle Santa teresa al frente de la pancarta que sostenía junto con otros dos compañeros funcionarios. Bordeaban la Junta General del Principado en el mismo momento en el que otro grupo de empleados públicos abandonaban el edificio después de haber sacado unas pequeñas pancartas alusivas a todos los derechos pisoteados en los últimos meses por las nefastas decisiones políticas que nos han hecho retroceder décadas en derechos laborales.

Manifestación de funcionarios delante de la Junta General del Principado. Diciembre de 2012. © Miki López

Manifestación de funcionarios delante de la Junta General del Principado. Diciembre de 2012. © Miki López


La policía nacional, tras invitarles a salir del recinto, cierra las puertas de la Junta que, paradójicamente vivía su jornada de puertas abiertas. El grupo de manifestantes recién llegados solicita el acceso al edificio al mando del grupo de agentes de la UIP que ordena a sus hombres dar un paso al frente para hacer más evidente su negativa y como no, su autoridad incustionable. Se oyen los gritos acompasados de los manifestantes clamando contra los recortes, contra el paro y contra los irresponsables que manejan los hilos de nuestras desgracias.
Manifestación de funcionarios en Oviedo. Diciembre de 2012. © Miki López

Manifestación de funcionarios en Oviedo. Diciembre de 2012. © Miki López


El funcionario sonriente tiene un leve encontronazo (digo leve por no decir nulo) con otro funcionario uniformado que no va más allá de un cruce de palabras que ni siquiera rozan el insulto. “Tais aquí pa protegenos, no pa tocanos los huevos”. “Los culpables tan ahí dentro, no somos nosotros”.
Tiro algunas fotos del “enfrentamiento” por hacer algo, pero si noto algo extraño, casi perverso, en la mirada del UIP increpado. No le quita ojo al chaval sonriente al que, prudentemente, sus compañeros han separado de la línea de “defensa policial” que custodiaba el acceso al hemiciclo asturiano.
Policias de la UIP ante los funcionarios que se manifiestan frente al edificio de la JGP. Diciembre de 2012. © Miki López

Policias de la UIP ante los funcionarios que se manifiestan frente al edificio de la JGP. Diciembre de 2012. © Miki López


La marcha continúa sin mayores problemas hasta la puerta de Presidencia siguiendo el ritual de todos los viernes. Vuelven los pitos, las consignas y los policías. Un poco más adelante y con la poca discreción de la que puede hacer gala una lechera, la furgoneta policial se detiene esperando acontecimientos.
Cuando termina la protesta, los funcionarios se dividen para reincorporarse a sus puestos de trabajo o para volver a sus domicilios. El chaval sonriente estaba en esto cuando el furgón le adelantó en su retorno para interceptarle y borrarle la sonrisa de un plumazo con una identificación y una amenaza de denuncia por atentado contra la autoridad. Y eso si que no es ninguna broma.
Y el problema está ahí. Uno no sabe cómo enfrentarse legalmente a la autoridad sin que le den por el saco, sobre todo cuando la autoridad la ostenta alguien que la utiliza de manera cobarde y pendenciera.
Los funcionarios se encaran con los policias que custodian el acceso a la JGP. Diciembre de 2012. © Miki López

Los funcionarios se encaran con los policias que custodian el acceso a la JGP. Diciembre de 2012. © Miki López


La impotencia se va apoderando de esta sociedad nuestra abatida por el desánimo y desamparo. A los periodistas de calle cada día nos ponen las cosas más difíciles porque es evidente que incomodamos. Desde hace años veo como hacer una foto de lo más normal se está convirtiendo en una misión imposible obstaculizada por la autoridad competente o por nosequé posible derecho vulnerable. Y realmente lo único que se está vulnerando es la libertad de información, la libertad que da valor a nuestro trabajo y en la que nos va el futuro como trabajadores. No solo la crisis es la que justifica los miles de periodistas que han perdido su trabajo. Ya hace años que minamos nuestro oficio con el conformismo oficialista, acomodándonos a las agendas a la información interesada que nos facilitan nuestros propios compañeros de los gabinetes de comunicación. Y así nos luce el pelo.
Esto es como lo del cambio climático. Posiblemente sea ya demasiado tarde para reaccionar pero ahora es el momento de reivindicar nuestro trabajo para no dejarnos amedrentar por los dictados de una clase dirigente que presume de abanderar las libertades solo con las verdades que no les incomodan.
Nosotros no tenemos nada que esconder y mucho que contar. Aunque no les guste.

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