Periodistas: haciendo historia.

Es obvio que llevar más de veinte años dedicándome a esto del fotoperiodismo me ha llevado a conocer a miles de personas que incluso han pasado por delante de mis ojos decenas de veces antes de tratarlas personalmente. En muchas ocasiones he llevado desilusiones y otras tantas agradables sorpresas. Y es que los individuos no son como el escenario de un suceso donde lo que ves es lo que hay. Descubrir el alma de un personaje es como entrar en un bosque o como bucear en el mar: si no profundizas es difícil ver y entender lo que hay su interior.

Eduardo Lagar. Monsacro (Morcín). 21 de enero de 2010. © Miki López


Las exigencias del guión en el periodismo actual hacen que los fotógrafos seamos como los vendedores de telepizza: llegamos, disparamos y nos vamos. Muchas veces no sabemos ni siquiera como se llama ese joven al que colocaste entre dos columnas, iluminado por una luz lateral que entra con suavidad atravesando los visillos de una ventana y al que tratas de buscarle el ángulo más favorecido. Puede ser una buena foto, pero seguramente no diga nada del personaje retratado.
Días o meses después, alguien te saluda por la calle y no tienes ni idea de quién es. A veces ni te suena su cara. Y posiblemente sea una de esos tantos modelos improvisados que pasaron apenas unos segundos por tu ajetreada vida con la velocidad de un flasazo directo.
A tu lado están esos compañeros plumillas que viven contigo el día a día del periodismo moderno, de la información digital que apenas vale nada una vez publicada en twitter, en facebook o en la edición digital de tu periódico, pero que se desvelan todavía por tratar de conseguir esa historia que es noticia o que tiene la posibilidad de serlo. Pero solo algunos son capaces de interpretar las cosas con la visión clásica del informador que va más allá de lo que acontece en el momento. Periodistas con perspectiva, capaces de ser conscientes de aquello que dice David Randall en su “Periodismo Universal”: la historia, antes de pasar a los libros de texto, comienza a escribirse en los periódicos.

Eugenio Suárez. Salinas (Castrillón). 16 de febrero de 2008. © Miki López


Vicente Montes. Aviles. 2 de febrero de 2009. © Miki López


Conseguir que el vertiginoso mundo de la información digital nos permita mantener la calidad de la información es el reto de los periodistas del siglo XXI.
Estas fotos de Eugenio Suárez y de Vicente Montes, dos periodistas de raza que comparten un tiempo que los diferencia sólo en lo tecnológico, no son la imagen de una contraposición. Viendo la foto de Lagar, te das cuenta de que en realidad el oficio no ha cambiado tanto. Lo importante para mí como lector, es el contenido de ese folio escrito a máquina o de esa columna en formato digital. El soporte es lo de menos. Por eso nunca me cansaré de leer a diario a estos tres genios. A ellos y todos los que día a día siguen defendiendo con uñas, dientes y palabras el periodismo real: el arte de anticiparse a escribir la historia.
Pues eso. A seguir haciendo historia compañeros.

Premio

Lunes 30 de octubre, 09:00 AM
Con el ordenador sobre el regazo, levanto de vez en cuando la vista por encima de estas gafas de “cerca” que me ha impuesto la presbicia cuarentona, para echar un una mirada al resquicio de calle que diviso desde este sofá amplio que comparto con mi pierna lesionada. La vida real parece pasar más despacio desde este lado de la ventana. Se acabaron los premios Príncipe de Asturias y yo los he terminado con bastante mala pata, nunca mejor dicho, y con no muy buenas sensaciones.

El príncipe Felipe en Bueño. 27 de octubre de 2012. © Miki López / La Nueva España


En Bueño se me ha averiado el menisco mientras peleaba un año más con una marea de fotógrafos y cámaras bajo una intensa cortina de agua que eligió el peor momento de la semana para hacer acto de presencia. Pese a todo eché en falta a todos esos compañeros que no necesito mencionar. Algunos porque perdieron su trabajo y otro, el legendario Vélez, porque el destino decidió que este año cubriera estos premios desde esa tribuna privilegiada del cielo que no controlan los “armarios” de seguridad de la casa real.

Manifestación en la plaza de la Escandalera de Oviedo el día de la entrega de los premios Príncipe de Asturias. Oviedo, 27 de octubre de 2012. © Miki López / La Nueva España


Don José se ha perdido una edición de Premios Príncipe de Asturias avinagrados por una crisis económica que no da tregua y que fue blanco de las iras de la indignación. Ni todas las bandas de gaitas de Oviedo tocando al unísono consiguieron apagar los pitidos que brotaban bajo montones de pancartas y banderas republicanas cargadas de reproches hacia la clase política que momentos antes del acto de entrega, pisaba la alfombra azul extendida frente al teatro Campoamor. Por las caras que vi y fotografié, creo que nadie se dio por aludido con el chaparrón.

El prínipe de Felipe saluda a los invitados en el acto de entrega al pueblo ejemplar. Bueño, 27 de octubre de 2012. © Miki López / La Nueva España


Al día siguiente y bajo otro aguacero bien distinto, recordé la leyenda de una de aquellas pancartas: “La España real no tiene nada que celebrar”. Y allí, bajo un diluvio que no aliviará la pertinaz sequía, se me rompió el menisco de la pierna derecha mientras formaba parte del atrezo de fotógrafos, gaiteros, bailarines, hórreos y panoyas de maíz que abrían paso a unos príncipes que daban besos que no convertían a los niños en ranas, que pasearon junto a unas calabazas que no se transformaron en carrozas y que aquella mañana fueron felices aunque no comieran perdices en una carpa a la que la prensa, desde luego, nunca tendría acceso.

Bueño, pueblo ejemplar 2012. Premios Príncipe de Asturias. 27 de noviembre de 2012. © Miki López / La Nueva España


Me alegro por Bueño, por un pueblo real, hermoso y cargado de ese encanto peculiar de los pueblos asturianos. Me alegro por su asociación vecinal, que con Mino a la cabeza, ha sabido poner en valor aspectos culturales que van mucho más allá de ser únicamente el pueblo de los hórreos de Asturias. Me alegro por su festival de jazz y por su certamen de pintura. Me alegro de verdad de que Bueño haya recibido el premio a pueblo ejemplar porque de verdad creo que es un ejemplo para todo el entorno rural asturiano.

Los príncipes de Asturias pasean por Bueño. 27 de octubre de 2012. © Miki López / La Nueva España


Pero no me gusta nada, cada año menos, el trato que recibimos los profesionales de la información en eventos de esta categoría. Es inhumano, indignante y para mi totalmente injustificado. Ni somos ganado ni figuritas de un pesebre.
Este año mi rodilla y yo no hemos tenido premio. Espero que las consecuencias no vayan más allá de un par de semanas de baja y de un cabreo que poco a poco se me va apaciguando.
Un abrazo desde el sofá de mi ventana.
Creo que esta semana os voy a aburrir a posts…

Lágrimas en la ventana

Ana Parrondo llora junto a una de las ventanas de la casa de su madre.


Cuando se acercó a la ventana recordó las palabras de su madre que con la mirada perdida en la memoria, le dibujaba la hermosura del paisaje que veía desde su ventana.
La casa de Arnizo, la casa gris de los Parrondo, dominaba el horizonte del mar que la llevó tan lejos, pero la amarga distancia no nublaba las sensaciones. Aquel verde infinito, el aroma del Cantábrico y la luz inconfundible tamizada por el cielo plomizo de Asturias le llenaron el alma.
Ana vio todo aquello con la mirada de Julia. Y en aquella ventana, una gris mañana de mayo, la hija lloró por los ojos de su madre.
Proyección de fotos con música de Llan de Cubel en www.mikilopez.com

Miki López, mayo de 2012

Frío

Cristo del Naranco. Oviedo, 14 de octubre de 2012. © Miki López


Menuda bendición. Llevo semana y media intentando quitarme un catarro de esos que curan tan mal y todo consecuencia de esos calores antinaturales que nos toca sufrir bien entrado el otoño. Necesitamos el frio no solo para que nuestro biorritmos norteños respeten nuestra salud, sino para poder lidiar con el dia a dia y pensar y actuar con claridad. Por eso hoy en el Naranco, cobijado en el interior del coche bajo un intenso temporal de agua y viento, no solo comencé a curar el catarro y la congestión nasal. Caí en la cuenta de que el verano, al menos de momento, había decidido marcharse. Que no vuelva hasta junio, por favor. No le echaremos en falta.

Restauraciones en el interior de la Catedral de Oviedo

Claustro de la catedral de Oviedo. 1 de octubre de 2012. © Miki López/La Nueva España


La catedral de Oviedo es una maravilla. Tengo la oportunidad de visitarla con frecuencia, normalmente por cuestiones de trabajo y no me canso de pasear por ese interior gótico vertical y mágico en líneas, proporciones y luces tenues. Las últimas restauraciones, algunas de ellas tan atrevidas como las de la capilla de la Virgen de Covadonga, me reafirman en mi buena impresión sobre un trabajo bien hecho.
El día 1 de octubre el arzobispo, el delegado de gobierno y la consejera de cultura recorrieron con nosotros todas las estancias remodeladas. La historia gráfica en mi página web de fotoperiodismo en asturias

Vacuna contra la insolidaridad

Vacunas contra la gripe. La Corredoria (Oviedo). 1 de octubre de 2012. © Miki López

Día 1 de octubre. Arranca la campaña de vacunación antigripal en el Principado de Asturias. Espero pacientemente junto Mandi Lozano frente al mostrador del centro de salud de La Corredoria, dispensario que nos autoriza a tomar imágenes de los primeros usuarios que, dentro de los grupos de riesgo, optan a la vacuna.
Mientras esperamos por la supervisora, una funcionaria atiende el teléfono. Con voz y mirada triste trata de explicar a la mujer del otro lado del hilo telefónico que ya no tiene derecho a atención médica por cita previa. Por su situación irregular le aconseja que se pase por la sala de urgencias más cercana y que allí, seguramente la atenderán sin objeciones.
Pese a estar al tanto de esas noticias quejumbrosas que tristemente llenan las páginas de nuestros diarios, uno no espera oír la conversación que constata la espeluznante realidad que irremediablemente empieza a tomar forma. Vamos camino de convertirnos en el país del “sálvese quien pueda”, en el esperpento de los despilfarros de dinero público que parecía salir de una fuente inagotable para caer en un saco sin fondo de despropósitos convertidos en subvenciones a dudosos proyectos empresariales, centros de interpretación, museos y demás inutilidades de las que nadie jamás tomó recuento.
Se les llenaba la boca hablando del milagro económico español, que seguro que tuvo algo de bueno, pero nadie quiso hacer de malo de la película para avisarnos con frialdad de la que se nos venía encima.
Y ahora tenemos que lidiar con armas de doble filo convertidas en reformas laborales, descensos salariales, recortes sociales y aumento indiscriminado de impuestos que obligan a echar el cierre a diario a cientos de autónomos y pequeñas empresas familiares.
Y para acabar se presenta el nuevo caso catalán: cuando la vía de agua se hace evidente, muchos optan por abandonar el barco, eso si, pretendiendo llevarse todos los botes salvavidas.
Necesitamos pronto una vacuna contra la insolidaridad o la solidaridad habrá muerto.
Y entonces, lo dicho: “Sálvese quien pueda”