Sonría presidente

Ayer, bajo el sofocante calor de un bochornoso sábado de mayo, Javier Fernández iniciaba su discurso de investidura confesándose como un político fotofóbico. Los fotógrafos de prensa de esta región damos fe de ello, pero también es cierto que la evidente educación y mesura de la que hace gala el presidente nos evita ser “javierófobos”. Al contrario. Ponerse con la cámara frente a Fernández siempre supone un reto. Es el hombre del gesto de cemento, del rostro impasible por el que las emociones fluyen en décimas de segundo como los relámpagos que ayer rompieron el cielo de Oviedo. Cuando apretaste el disparador ya es demasiado tarde: ni gesto, ni emoción, ni relámpago.
Luego, al ver la imagen en el ordenador, tienes la sensación de que Javier está ahí pero que nadie le ve.

Javier Fernández en la sede de la FSA de Oviedo. Abril de 2011. © Miki López/La Nueva España


Solo recuerdo una sesión fotográfica en la que el hombre se sintió a gusto. Fue hace cosa de una año, poco antes de las elecciones de mayo de 2011. Eduardo Lagar se sentó con él en su despacho de la FSA y comenzaron a hablar. Tengo la sensación de que aquel día Javier Fernández se olvidó de mi y se sintió a gusto posando ante el cartel del PSOE, obviando su fotofobia y facilitándome las cosas de tal manera que la sesión concluyó en apenas de veinte minutos. Eran las fotos de un hombre tranquilo y seguro de sí mismo, con un brillo de inteligencia en la mirada que a veces se perdía en las paredes del pequeño despacho de Santa Susana.
Creo que el resultado fue muy positivo. Por eso señor presidente, yo le aconsejaría que a partir de hoy procure olvidarse de nuestra presencia y trate de que los sentimientos fluyan por si mismos. Y cuando vengan las maldadas, ya sabe, haga como la Pantoja: dientes, dientes y sonría presidente.
Suerte para esta legislatura. Cierto es que la vamos a necesitar.

Afuega’l pitu

Pascual Cabaño con quesos de afuega’l pitu “Rey Silo”. Oviedo, 15 de mayo de 2012. © Miki López

 

Eran los primeros años de la década de los 80. El Renault 7 trazaba con suavidad las curvas de la estrecha carretera que, en apenas dos kilómetros llegaba a Cañeo, una pequeña localidad praviana de caserías desperdigadas y muy conocida por el pequeño merendero de un bar de los de antes, de aquellos de barra alta y mostrador de madera que constituía la primera parada de la ruta de los anises

Era un sábado de primavera fresco pero luminoso de esos que el cuerpo busca quedarse quieto al sol aprovechando al máximo el calor de un mayo recién estrenado. Las mesas del patio trasero reunían a grupos de personas de lo más variopinto. Jubilados con sus señoras que apenas movían la cabeza por temor a descolocar el cabello recién peinado de la mañana. Estudiantes en bambas y pantalón de pitillo y de pitillo fortuna sin encender sobre la oreja. Y parejas como mis padres, con críos de EGB que correteaban entre los pequeños manzanos que se repartían estratégicamente por el prado de ligera pendiente del merendero.

En todas las mesas las botellas de sidra vacías se arrinconaban para dejar paso a las llenas mientras las conversaciones iban animándose según avanzaba la tarde. Mientras mamá buscaba un rincón, en la barra del bar alguien troceaba en desiguales porciones el queso de Afuega’l pitu que había pedido mi padre.

Reposteria con queso de Afuega’l Pitu Rey Silo. Oviedo, 15 de mayo de 2012. © Miki López

El recuerdo de aquel bocado de sabor intenso, aroma amargo y difícil trago casi había desaparecido de mi memoria culinaria como consecuencia de las lógicas normas higiénicas que se impusieron a partir de los años 90 en todas las producciones alimentarias y que, de alguna manera, modificaron los sabores originales de aquella Asturias aún inmersa en el autoconsumo de pequeñas aldeas que bajaban a vender sus productos a los mercados de las villas.

Hace un par de años Pascual Cabaño me dio a probar uno de los quesos que habían salido de su nueva quesería que, con nombre de rey asturiano, va camino de convertirse en el rey de los quesos de Afuega’l pitu. Los quesos de Rey Silo consiguieron recuperar el sabor tradicional de aquellos que recuerda mi infancia, con la intensidad que solo se consigue con los buenos recuerdos.

Enhorabuena Pascual. Enorme producto.

Vergüenzas

El descenso inminente de mi querido Sporting de Gijón parece que me ha sacado momentáneamente de ese
letargo anestésico que ejerce el fútbol en España. Ver llorar a Lora me ha hecho reflexionar sobre las cosas importantes de la vida y casi he sentido vergüenza de andar medianamente preocupado con el descenso rojiblanco, el ascenso blanquiazul, el alirón blanco y la repentina orfandad azulgrana. Y es que da la sensación de que le debemos algo al puñetero fútbol, cuando la realidad más cruda de la hacienda pública constata que los que nos deben a nosotros son ellos. Y nada menos que unos 4000 millones de euros, de los cuales 700 corresponde a la hacienda pública, cifra a la que solo se puede llegar por un evidente consentimiento por parte de la administración pública.

Fútbol. Abril de 2012. Miki López


Miles de empresas cierran es este país por no hacer frente a cifras con muchos menos ceros que las que se guardan en los cajones de muchos clubs de fútbol españoles. Miles de trabajadores de esas empresas terminan en la calle por inviabilidad de sus empresas, incapaces de hacer frente a salarios, seguros y pagos fiscales que automáticamente se incrementan con los correspondientes recargos de demora por impago.
En algún lugar leí que una de las más terribles pesadillas de las sociedad española pasaría por quedarse sin una jornada dominical de fútbol. Viendo las celebraciones de estos días en la Cibeles se certifica que la anestesia futbolística sigue haciendo su efecto analgésico en la masa enfurecida, indignada y en paro que idolatra a Cristiano, a Messi y a Xabi Alonso sin caer en la cuenta de que mañana va a tener que seguir pagando la hipoteca y dando de comer a sus hijos.
Da la impresión de que alguno se va a la cama con más miedo por el descenso de su equipo que por la inquietante sombra de la duda que últimamente envuelve nuestras vidas.
Por lo visto el fútbol tiende a convertirse en religión. Y ya se sabe lo que decía Marx.
Feliz mayo.