Sin La Voz no hay foto.

Hoy ha sido uno de esos días tan asturianos de lluvia, ventisca y frío. Abril se empeña en reintegrarnos el invierno que perdimos con un mes que hace honor a su refrán. Como tantos otros jueves anodinos esperaba en el interior del coche, entretenido con el corretear espontáneo de las gotas que se acumulaban en el parabrisas. El teléfono sonó iluminando en pantalla el nombre de un compañero de La Voz de Asturias. Lo cogí con cierto resquemor porque esperaba la noticia, la triste noticia del fin un medio de comunicación. La voz resignada del otro lado confirmaba todos mis temores y no supe que decir porque las palabras no me salían.
– “Mañana hablamos….”
Como fotógrafo siempre presumí de haber tenido la oportunidad de apreder y trabajar con los mejores fotoperiodistas de esta región. Así era. La Voz se distinguía por ser el periódico que más cuidaba la integración de la imagen en la información llegando incluso a sacrificar líneas en favor de la foto. Y eso para un fotógrafo era la señal más evidente del reconocimiento a un trabajo bien hecho y el incentivo más gratificante para salir con ganas a por la siguiente imagen de primera.
Recuerdo a Ramón González, al incombustible Ramonín, dándome palmadas en la espalda mientras miraba por encima de mi hombro alguna de mis primeras imágenes proyectadas en negativo desde la ampliadora sobre papel Guilleminot del 2.
-”No te queda nada que aprender, Mikitín, pero aquí aprenderás”
Y aprendí. Con aquellos tipos era imposible no aprender: Armando, Robles, Santiago, Morante, Vallina y el gran Ramonín fueron mis maestros, mis colegas y mis referentes durante aquellos maravillosos años de puro periodismo romántico en los que no había corresponsales con internet, ni teléfono móvil, ni compacta digital. Tiempos en los que las carreteras al occidente y al oriente eran rutas casi impracticables donde las distancias se convertían en eternas horas de carretera bajo el sol, la lluvia o la nieve camino de aldeas olvidadas con mil historias que contar. Tiempos en los que los plumillas y los foteros aun éramos pareja de hecho, un binomio indivisible no solo en las páginas de un periódico. Eran tiempos de labor en equipo, de desgracias reflejadas en accidentes de carretera y tragedias mineras, de alegrías en sorteos de Navidad o de fiestas en La Regalina, de largas madrugadas de conversación junto a unas cervezas después de un día duro que jamás olvidarías.
El tiempo y las eternas circunstancias problemáticas de La Voz me separaron de mi primera familia profesional embarcándome de lleno en la que hoy es mi casa. En La Nueva España sigo tratando de mantener ese sentimiento de cariño por el trabajo bien hecho que se me inculcó en La Voz de Asturias y que, pese a los tiempos que vivimos, sigue latente en un buena parte de los profesionales con los que trabajo día a día, codo con codo.
Un triste día de enero de 1993, murió Ramonín. Con aquella pérdida comencé a reconocer el verdadero valor de las personas que lo dan todo por vivir como siempre desearon, entregados en cuerpo y alma a una profesión tan injusta como esta. Tan injusta como la muerte.
Hoy me siento huérfano. Hoy me siento sin La Voz. Y sin La Voz no hay foto.
Un abrazo a todos.

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9 pensamientos en “Sin La Voz no hay foto.

  1. Es duro para todos Miki, vemos como el modelo de fotoperiodismo que conocemos va cayendo como un castillo de naipes, los periodicos que no cierran, simplemente recortan. Hoy más que nunca veo el fatal final del papel, de esa textura fibrosa, su color blaco turbio y ese olor a tinta que tanto me emocionaba cuando veía mis primeras fotos o una foto especial publicada. Los tiempos cambian y los mercados también, por desgracia, el nuestro parece seguir más el negro destino de todos aquellos artesanos del s.XVIII que se quedaron sin negocio gracias a la revolución industrial. Hoy tenemos que enterrar La Voz, pero es hora de empezar a dar la extremaunción a un oficio, el nuestro, un oficio que, en esencia es joven y está a punto de extinguirse con la fugacidad de una notícia en la página de un periodico.

    • El modelo de fotoperiodismo no está muriendo, solo se está transformando. Puedo asegurarte que los empresarios del sector siguen queriendo buenas fotos y buenos textos. El problema es que lo quieren barato o a poder ser gratis. A eso añádele que existe un exceso de demanda laboral y ya tienes en bandeja la precariedad, los EREs y/o la merma de calidad y credibilidad de un medio informativo. Da igual el soporte, sea analógico o digital los medios seguirán necesitando periodistas y tarde o temprano, el que invierta en calidad quizás gane menos, pero será el más solvente de cara al usuario/lector.
      El que quiera utilizar la información de baja calidad para mejorar sus cuentas anuales invertirá en el pan para hoy y el hambre para mañana.
      Es mi opinión en positivo.
      La negativa la comparto 100% con lo que dices.

  2. Miki: Simplemente acojonante. Yes un crak de la comunicación, la imagen y las palabras se rinden ante tí. Gracias por todo, AMIGO.

  3. Miki, ya lo dije en algún sitio. Estas palabras con emocionantes y llenas de orgullo por una profesión que representas cono nadie. En La Voz siempre hubo magníficos profesionales, excelentes fotoperiodistas o reporteros gráficos -el otro día todavía lo hablaba con mi buen amigo Marcos León, compañeros de fatigas- y hoy es un buen momento para reconocer el esfuerzo de Armando, de Vallina, de Robles, de Dani Mora, de Lorenzana y de otros muchos que dejaron su marca en los 89 años de vida del periódico.
    El viernes, el primero que acudió a La Voz fue un fotógrafo, Eloy Alonso, maestro en la profesión. Su rostro lo decía todo. El abrazo que nos dimos habló sin decir palabra. Sentía como nadie lo que pasaba. Era la unión que nuestra profesión, en muchas ocasiones, no acabó de entender. La imagen como parte de esencial de nuestro trabajo, la fusión del texto y la fotografía hoy mezclados en la tristeza.
    Gracias Miki por tu valentía y por tu trabajo. Como trabajador de La Voz me siento orgulloso de un compañero así.

    • La verdad es que para mi el cierre de La Voz de Asturias ha sido todo un mazazo, además de tenerle un carño especial por haber sido mi escuela, me siento angustiado por la situación en que se quedan tantos compañeros y amigos. Una verdadera pena.
      Recibe un fuerte abrazo Juan Carlos. Y mucha suerte a todos en el futuro. Os la mereceis después de tanto pelear.

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