Menuda papeleta

Ya sé que la cosa no está para bromas pero me lo voy a tomar con humor antes de sucumbir a la tentación de poner tierra de por medio con toda la familia a cuestas y es que la versión apocalíptica del 2012 se recrudece en la Asturias de Cascos. El hombre está empeñao en sacarnos las castañas del fuego a golpes de urna. Reconociéndole justo vencedor de las elecciones incluso sin tener la lista más votada, hay que asumir que la gobernanza (que no gobierno) de una región maltrecha y desilusionada con la clase política, cayó en manos de un personaje veterano e inteligente donde los haya. Todo un maestro en el arte de infundir miedo no solo en sus rivales históricos, si no también dentro de sus propias filas partidistas.

Arbitro de fútbol sala votando en las elecciones autonómicas de 2011. Avilés, 22 de mayo de 2011. © Miki López


Hay que darle la razón en muchas cosas, sobre todo en lo referente al apoltronamiento del personal que nos representan bajo las siglas de partidos políticos de todas las ideologías, una lacra que hay que amarrar en corto porque son responsables de su propio descrédito y de nuestra creciente frustración como ciudadanos.
Pero a Cascos no solo le mueve la regeneración política. Es más, todos, hasta sus más cercanos colaboradores, saben que eso es simplemente la consecuencia de la vendetta personal, resultado de esa ira contenida que le come las entrañas y que debe de estar ocasionándole una ulcera intestinal. Personalmente me hubiese gustado mucho que imperase el sentido común y que las cosas fuesen por los derroteros del consenso. Sin duda habría sido lo mejor para tratar de salir de esta situación con una mínima garantía de que Asturias siguiese funcionando aunque fuese solo en primera velocidad. Pero nada. Se empeñan en seguir a relantí, consumiendo un tiempo precioso y haciendo el ridículo ante una España, que nos mira de reojo con el recelo del hermano tocahuevos al que dan ganas de darle una ostia pa ver si se está quieto.
Cierto. Somos el culo de España y es posible que ni PP ni PSOE nos saquen del atolladero por los consabidos imperativos partidistas, pero que la gestión de Cascos ha sido un desastre no es una falacia de La Nueva España, otro de esos objetivos en el punto de mira del presidente, es una realidad contrastada y constatable en la calle. Para ejemplo están los cientos de compañeros de medios audiovisuales víctimas de la clausura del “chiringuito” de Areces. Como siempre en vez de echar al gestor del chigre, despido a todos los camareros y así les jodemos los ingresos a los apoltronados. Así soluciona este hombre todos los problemas.
Lo triste es que ya tenemos institucionalizado eso de pensar como votar al menos malo. Menuda papeleta que nos queda.

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