Perderse en diciembre

Niebla. Oviedo, diciembre de 2011. © Miki López


Diciembre sería el mes ideal para perderse en uno mismo si no fuese porque es casi imposible sentirse solo. Te cruzas a diario con una multitud de personajes enfundados en ropas de invierno que esquivan viandantes con el mismo aspecto de estar remando contra corriente entre una multitud sin rumbo predecible.
A veces parecen correr para tratar de aprovechar el poco ánimo que otorga el breve sol de adviento. Ese sol que se duerme cuando los letreros luminosos de los comercios comienzan a parpadear entre los hormigones de la ciudad.
Y mientras tanto los que regresan vuelven a perderse. Esta vez entre las cortinas de la niebla, en esta fría tarde de diciembre.
P.D.- Escribo esto por no hacerlo sobre el despropósito del Niemeyer. Seguiré tratando de perderme en mi mismo para no ser políticamente incorrecto. Precisamente para eso ya están esos políticos encantados de estar perdidos en sus absurdas divagaciones.