De Bella a Inés pasando por Elena.

Erase una tarde de abril. Jugábamos en el patio trasero de la casa, un inmejorable balcón con vistas a los ondulantes meandros de la ría del Nalón, por el que correteábamos como locos detrás de una pelota de mal cuero arañado por la gravilla áspera del suelo.
La inquietud de los perros daba la señal de que alguien se acercaba. Mi madre cruzó la puerta que desde la cocina daba acceso al patio. Llevaba algo en brazos. Con mucho cuidado bajó el escalón y con esa tranquilidad que tienen las madres, se fue poniendo a nuestra altura de 6 años para enseñarnos el tesoro que acababa de traerse a casa. Mi hermano y yo mirábamos aquella criatura de pelo oscuro que asomaba entre los pliegues de la manta, con los ojos hinchados y apretujados contra una carita redonda y rosada.
-“Esta es Bella, vuestra hermana”.

Bella con chupete. Junio de 2011. © Miki López


Como niños que éramos, la emoción debió de durarnos poco y no éramos muy conscientes de lo que significaba la llegada del nuevo retoño. A fin de cuentas era una niña, y nosotros teníamos la certeza de que las niñas solo jugaban a cosas aburridas. A ellas no se les ocurría pegar patadas al balón, ni jugar a los tiros, ni saltar los muros de las fincas con perros para ponerse moraos de manzanas, peras y cerezas.
Pero el tiempo pasó rápido y aquella pequeña máquina de llorar abrió unos ojos inmensos, azules como el cielo y hermosos como el mar, espejo de un alma valiente y de paciencia infinita ante los agobios y las bromas pesadas a las que le sometían unos hermanos despiadados, que poco a poco, comenzaron a quererla como lo que era: una hermana.
36 años después acaba de nacer Inés. Seguramente Elena la mirará con la misma cara de sorpresa con la que yo te miré en aquel Abril del 1975.
Que sepas que hoy te miro con el orgullo de que seas mi hermana, la valiente, la que saca fuerzas de flaqueza, la que siempre está ahí para lo que se necesite. Eso sí, tan cabezona como siempre.
Sabes que nosotros estamos aquí. Para lo que sea.
Te veo pronto hermanita.
Lo dicho, un orgullo.
Posdata: “Andresín, tocote la lotería”

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Un pensamiento en “De Bella a Inés pasando por Elena.

  1. Orgullosa estoy yo de teneros a todos a mi lado. El apoyo que se necesita para los malos y los buenos momentos. Vosotros dos me habéis dado confianza y fuerza siempre para seguir adelante y espero haberos devuelto un poco de lo que me habéis regalado. Lo dicho también, un lujo teneros de hermanos.
    Postdata: A mí también me sonrió la fortuna cuando conocí a Andres…¡pero ya tocaba! Muchos besos y gracias (snif snif).

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