San Mateo

La cuesta de La Argañosa era terrible en San Mateo. La mayoría de los estudiantes universitarios de provincias nos hacinábamos en los barrios pobres de una ciudad deslumbrante y acogedora. El olor a rancio de los chigres del antiguo eran parte del encanto de unas noches que, casi sin querer se convertían en fríos amaneceres de septiembre.

Público en el concierto de Maná. Fiestas de San Mateo 2011. © Miki López


El bullicio sigue siendo el alma de una fiesta un tanto desfasada en sus esencias tradicionales pero que conserva ese espíritu universitario que le imprime carácter de eterna juventud.
Veinticuatro años después de mi primer San Mateo, todo parece seguir igual. La cuesta de La Argañosa sigue tan empinada como en 1987, pero se sube mucho mejor sin resaca. Y en moto, no te cuento.
Entrañable fiesta, hermosa ciudad.

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