Fin de verano

Atardecer. Ciudad Rodrigo (Salamanca), 22 de septiembre de 2011. © Miki López


Parece que el verano no quiere marcharse de Ciudad Rodrigo. Anoche, las terrazas de su plaza mayor, eran un hervidero de turistas, en su mayoría extranjeros, encantados de encerrarse en el interior de unas murallas que respiran historia por sus cuatro costados.

Noche en Ciudad Rodrigo (Salamanca). 22 de septiembre de 2011. © Miki López


Unas horas antes, vimos atardecer desde una de las garitas defensivas que coronan la entrada este de la ciudad. Si el verano no se ha ido, el otoño es siempre eterno en la llanura castellana. El sol se hunde sobre la lejana línea del horizonte casi como lo hace en los escasos días sin calima de nuestro bravo mar Cantábrico, mientras un agradable frescor comienza a inundar la recogida localidad amurallada.
A esa hora las pequeñas nubes que motean el cielo se recortan sobre el naranja intenso del atardecer. Una increíble sensación de tranquilidad llega con la noche al tiempo que las luces de las casas, poco a poco, comienzan a resplandecer como luciérnagas tras las ventanas.
El verano ha muerto. Viva el otoño.

San Mateo

La cuesta de La Argañosa era terrible en San Mateo. La mayoría de los estudiantes universitarios de provincias nos hacinábamos en los barrios pobres de una ciudad deslumbrante y acogedora. El olor a rancio de los chigres del antiguo eran parte del encanto de unas noches que, casi sin querer se convertían en fríos amaneceres de septiembre.

Público en el concierto de Maná. Fiestas de San Mateo 2011. © Miki López


El bullicio sigue siendo el alma de una fiesta un tanto desfasada en sus esencias tradicionales pero que conserva ese espíritu universitario que le imprime carácter de eterna juventud.
Veinticuatro años después de mi primer San Mateo, todo parece seguir igual. La cuesta de La Argañosa sigue tan empinada como en 1987, pero se sube mucho mejor sin resaca. Y en moto, no te cuento.
Entrañable fiesta, hermosa ciudad.

Maná

Se levantó el telón. Eso sí, de puto milagro, porque los técnicos del escenario se las vieron y se las desearon para izar la gigantesca cortina trasparente sobre la que se proyectaban imágenes de tormentas, alas y corazones.

Fher Oliveira, vocalista de Maná. Oviedo, 18 de septiembre de 2011. © Miki López


Los de Maná se desenvuelven por el escenario con las canas y las ganas de la experiencia, provocando el delirio entre los fans de la primera línea bajo las tablas. Nos dieron tres canciones para hacer las fotos con las consabidas consignas de no tirar con flash y de abandonar el foso una vez terminado el tercer tema. Una de las indicaciones era la de que no disparásemos fotos por debajo de la cortina. A mí, desde luego, no se me hubiese ocurrido saltar al escenario pa meterme debajo de aquel gigantesco estor transparente, pero entiendo que hay gente pa “to”, así que no está de más el aviso.
Un estadio lleno y un directo muy potente encumbraron, más si cabe, a los dioses de Maná. Sus excentricidades fuera del escenario los ratifican como tales. Lo sabe bien el compañero Pablo Lorenzana, que lo tuvo muy complicao intentando hacer su trabajo en la zona de camerinos.
Si tú sufriste, compañero, imagínate como las tuvieron que pasar los técnicos del escenario encargados de levantar el puñetero telón. Más putes que Caín.
Ye lo que tiene los dioses.

Enmascarados

Los tiempos cambian pero hay cosas que no tienen remedio. El miedo sigue siendo el medio de sometimiento y subyugación de masas preferido por los tiranos, y no hace falta mirar a Africa o Oriente Medio para hablar de tiranía. Allí el valor de la vida está tan devaluado como nuestro Ibex35.

Semana Santa. Avilés. 14 de abril de 2006. © Miki López


Tristemente, ellos y nosotros, vivimos con miedo. Unos temen perder la vida y otros sus ahorros, pero ya quisieran los unos estar donde los otros. Los occidentales somos hipocresía pura y dura. Nos hundimos en nuestras propias miserias neoliberales llegando al borde del suicidio colectivo de una comunidad que, hasta fechas no muy lejanas, nadaba en la abundancia económica sin importarle lo más mínimo los orígenes de su estado de bienestar.

Máscara de sidro. Valdesoto (Siero). 13 de febrero de 2001. © Miki López


Mirábamos y miramos a otro lado cuando consumimos productos que posiblemente son resultado de explotaciones casi esclavistas con sede en el continente asiático. Y ahora, que nuestro poder económico empieza a perder competitividad en favor de eso que llaman economías emergentes, nos cagamos de miedo. Del miedo a esos nuevos tiranos de nuestra sociedad ocultos tras la máscara de los mercados, que especulan a sus anchas por los parqués de las bolsas mundiales tratando de meter la mayor cantidad de dinero en el saco de unos pocos vaciando el de los demás. Y esos “demás” que eran ricos, ahora comienzan a ser los más pobres.
A los opresores tradicionales era fácil desenmascararlos. Al quitarle la máscara a nuestro tirano es muy posible que nos encontremos a nosotros mismos. Tiranos tiranizados.
La vida es dura, que diría Tomás Roncero.

Asturcones

El sol de septiembre se abria paso a duras penas entre las tupidas ramas del roble. El otoño se acercaba pero aquellas hojas lobuladas se resistían a perder su intenso verdor estival. Sus sombras bailaban sobre una pared desconchada que presidía una ventada con cristales enmasillados a una madera pintada hacía ya demasiados años.

Ganadero y asturcón. Avilés, 26 de agosto de 2011. © Miki López


Bajo ella, la puerta de cuarterón daba paso a la oscuridad profunda de la vieja cuadra. Solo una pesada respiración, casi un resoplido intermitente, rompía el silencio en lo más profundo de la estancia. Me pregunté que pasaría por la cabeza de aquel viejo asturcón de crines aún brillantes y de profunda mirada salvaje. Seguramente se sentiría demasiado cansado para tratar de saltar y retorcer sus sogas, como tantas otras veces, para superar el umbral de aquella puerta entreabierta que marcaba la frontera de su libertad. Seguramente soñaba correr desbocado valle arriba, relinchado su libertad con toda la fuerza de su genética indomable.
Busqué un resquicio de luz para tratar de hacerle una foto, pero un movimiento esquivo me hizo entender que mi presencia no era bien recibida. Bajé la cámara.
Cuantas veces deberíamos de haber bajado la cámara ante la pena de los demás. Cuantas veces habrá luchado uno entre las dudas del deber profesional, en el límite del tan invocado derecho a la información. Cada año que pasa me cuesta más trabajo lidiar con mi obligación sin resquebrajar un poco más la grieta de esa duda. O el oficio está cambiando o yo me estoy convirtiendo en un asturcón viejo y arisco.
Que todo puede ser.

Gran Nel

Nel. Paseo de la ría de Avilés. Agosto de 2011. © Miki López


Nel es un tipo listo. Es de esas personas capaces de llevarte a su terreno con una facilidad preocupante para su víctima, que suelo ser yo, su padre. Nada nuevo en esta familia donde las artimañas de seducción por mimos están a la altura de los grandes embaucadores de la historia. A la hora del almuerzo, mientras los demás comemos, Nel dirige su mirada a cualquier punto de la sala menos al pequeño hueco de su plato. En determinado momento un brillo en su mirada es la antesala de una de esas ocurrencias difíciles de calificar como infantiles, que desembocan en cruces de miradas perplejas entre adultos y terminan en las consiguientes carcajadas de admiración.

Nel. Avilés, agosto de 2011. © Miki López


No me parece a mí que Nel tenga ninguna virtud especial más allá de la de ese ingenio del que hace gala a las horas de las comidas, pero su capacidad de deducción y un espectacular dominio del lenguaje (prácticamente habla desde que tenía once meses), le hacen sentirse muy a gusto tratando con los mayores. Para contrarrestar, Nel es mucho más bajito que los críos de su edad, aunque trata de renegar de las cosas pequeñas porque él se siente grande. Nada de juguetes infantiles, a Nel no le mola nada ser un crío de primero de primaria, ni las bicis de spiderman, ni las video consolas para niños, ni los playeros de velcro adhesivo. El quiere bicicletas BMX, canciones de Fito y Fitipaldis, Nintendos DSi-XL (si es 3D mejor), las botas de Gerard Piqué (que Messi es un poco bajito y Ronaldo tiene el defecto de ser del Madrí), playeros DC de lazada larga, tablas de surf y los pelos de punta para parecer más alto.

Mano de Nel. Muros de Nalón, agosto de 2011. © Miki López


Y como todo se hereda, tambien le va el tema de la fotografía, pero nada de cámaras compactas. Para Nel la EOS 1 con un 70-200 mm, f 2,8. Eso sí, cuando nos vamos de excursión se la llevo yo y hay que pasársela cuando quiete tirar una foto. A veces me siento como El Cainejo acompañando al marqués de Villaviciosa en su ascensión al picu Urriellu.
Nel seguramente no será un tipo muy grande, pero tiene la virtud de que casi todo le queda pequeño. Todo, menos su hermano Iyán y su primo Borja. El mismo reconoce que esos dos tios le vienen grandes. Tan grandes como su corazón. Yes un crack, canijo.
Mal de padre.

Nel. Centro Niemeyer, Avilés. Agosto 2011. © Miki López