Adios Calle Melancolía

Puente de San Sebastián. Mayo de 1996. © Miki López


En aquel mayo del 96 pasear por Avilés era como hacerlo entre los versos de la “Calle Melancolía” del Sabina más suburbial y barriobajero de los años 80. Chimeneas con vómitos de humo, paredes ocres y profundos mares de antenas y de cables ponían letra al inevitable himno de una ciudad a la que jamás parecía llegar la primavera.

Inauguración del Centro Niemeyer. Avilés, marzo de 2011. © Miki López


Avilés era como aquella actriz hundida en el ocaso de un triunfo ya lejano y que se había convertido en una prematura anciana, decrépita y malhumorada en la que hacían mella los múltiples fracasos de quien creía que nunca iba a envejecer y a la que el espejo de la realidad le devolvió la bofetada del que no quería ver.
Pero alguien sí que le hizo ver que cualquier tiempo pasado fue peor y que la belleza se revitaliza cuando uno acepta la inquebrantable necedad del fracaso y marca en ese mismo lugar una línea de salida con meta en la certeza de un final feliz.

Inauguración del Centro Niemeyer. Marzo de 2011. © Miki López


Y ese era el espíritu de los que creían que no todo estaba perdido. Que era preciso sacudirse los escombros de una industria pesada mesiánica que se convirtió en vil traidora largándose y dejando los rescoldos malolientes de un cambio económico y generacional que se los llevaba por delante.

Reflejo en la ría de la pasarela del Niemeyer. Marzo de 2011. © Miki López


Quince años después, blanca y radiante como una novia con pasta caída de un cielo brasileño, las curvas de la esperanza se recortan sobre los restos de un sueño industrial en declive y ganan terreno en una ría que ya no es lo que era y que se parece cada vez más a lo que fue antes de la llegada del monstruo: un verdadero paraíso.
Todavía es un sueño. Pero yo me lo creo.
Bienvenido Niemeyer, al barrio de la alegría.

Inauguración del Centro Niemeyer. Marzo de 2011. © Miki López

Anuncios

3 pensamientos en “Adios Calle Melancolía

  1. Gracias por tu mirada Miki. Hay quienes a fuerza de incredulidad aún siguen amarrados a una realidad inexistente y se aferran a algo que se nos fue, incapaces de dar un paso para crecer, incluso cuando la curva del sueño se extiende ante sus ojos que cegados ya no ven. A veces nos negamos a la esperanza, a veces la torpeza nos vuelve cansinos. No se puede estar constantemente anclado en un mismo pensamiento, cuando lo que se contagia con él es la constante derrota, el desánimo y la apatía.
    Sumemos y si es preciso peleemos, pero por un momento, miremos de frente y reconozcamos que eso que se refleja en las aguas, no es un espejismo, es la posibilidad de que la ciudad recupere su primer destino, nuestra ría sobre la que se alza ese incipiente sueño que como tú dices, puede ayudarnos a salir de la calle de la melancolía hacia el barrio de la alegría. Yo también me lo creo…necesito creerlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s