Apocalipsis

Fábrica de Nitrógeno. Langreo, febrero de 2011. © Miki López


El veneno es doblemente peligroso si no sabes que te estás envenenando. Por eso hay que coger con pinzas todos los datos que llegan de la central nuclear de Fukushima. Tampoco el accidente de Chernobyl parecía muy devastador a simple vista, pero las consecuencias de aquel desastre atómico seguirán pagándose durante cientos de años. Una explosión de una refinería de petróleo va de frente en todos los sentidos: humos tóxicos, deflagraciones a miles de grados centígrados y explosiones en cadena te hacen saber inmediatamente hacia donde hay que correr. Pero lo de los isótopos radioactivos es otra cosa. Se sabe de dónde salen pero no donde se meten. Y una vez metidos, mal asunto.

Fábrica de Nitrógeno. Langreo, febrero de 2011. © Miki López


No queda más que la resignación. A fin de cuentas todos sabemos que el coste energético no solo nos rasca los bolsillos. Debemos hacer frente a una cuenta aun mayor en una moneda ecológica que no entiende de pagos aplazados ni de mensualidades en tarifa nocturna. Cuando pasa factura, el coste viene de golpe y cuesta mucho, muchísimo trabajo hacerle frente.
El progreso de esta sociedad del siglo XXI es tan espectacular que tiene el inconveniente de sobreestimar nuestras posibilidades dentro de un planeta tan antiguo como imprevisible y que ya ha despachado a millones de especies animales tan adaptadas y dominantes como la nuestra a golpe de catástrofes naturales.

Fábrica de Nitrógeno. Langreo, febrero de 2011. © Miki López


Llevamos de inquilinos terrenales cuatro días, y en ese corto periodo de tiempo hemos sido capaces de descubrir los indicios de centenares de terribles cataclismos ocurridos hace miles de años. Y todo eso con una tecnología cuya base energética es fundamental. Tanto, que el verdadero tsunami de hoy sería verse privado de esa energía. Las consecuencias serían apocalípticas.

Fábrica de Nitrógeno. Langreo, febrero de 2011. © Miki López


Por eso cada vez es más necesario un desarrollo sostenible que haga tanto hincapié en el progreso como en la manera de paliar y minimizar los efectos negativos sobre el medio ambiente.
En Asturias tenemos sobrados ejemplos de los elevadísimos costes de descontaminación de zonas industriales que tuvieron su apogeo en el pasado siglo XX y que hoy son una especie de instalaciones fantasma con un indudable valor histórico y arquitectónico, pero con una degradación medioambiental tan grande que impide una recuperación o una utilización alternativa de sus terrenos.
Pensando en el futuro no debemos olvidar todo lo mal que lo hicimos en el pasado. Aunque ya se sabe quién es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Y eso siempre que la piedra no se le caiga encima.

Fábrica de Nitrógeno. Langreo, febrero de 2011. © Miki López

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