Umbrales

Mendigos a la puerta de la iglesia. Oviedo, agosto de 2010. © Miki López


Acostumbrarse a ver pobreza debería de considerarse como un indicador de mala salud para cualquier sociedad. Un paseo por Avilés cualquier lunes de cualquier mes se convierte en un campeonato de slalom de de gente que esquiva mendigos arrodillados con carteles informando de su precaria situación alegando falta de trabajo o enfermedad. Muchas veces no hay ni media docena de metros entre unos y otros. La gente pasa por su lado como el que se cruza con una papelera. Duele reconocerlo, pero muchas veces se sorprende uno mismo ignorando a esa persona que casi pisas al doblar una esquina. No hay tiempo para leer los carteles, ni para echar mano al bolso. Voy con prisa.
Lo dicho, estamos enfermos. O al menos en el umbral de la indiferencia.

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