El boomerang

Bernardo lanza un boomerang en la playa de Los Quebrantos. La Arena, junio de 1990. © Miki López


El lunes me dejé caer por La Arena por motivos de trabajo. Tras una larga jornada que me recordó la época de prácticas de periodismo de mi compañera y vecina Mariola Riera, terminé tomando una caña en los chiringuitos de la playa con la impresionante luminosidad de un atardecer veraniego que me hizo recordar con tristeza a Avelino. La pena, la enorme pena de mirar hacia ese mar que lo tiene atrapado durante tantos días me hizo levantarme de aquel lugar que ocupaba el solar de interminables noches de juerga juvenil en las que Avelino siempre tenía un papel protagonista.
Mirando hacia atrás en el espacio y en el tiempo fui capaz de volver a ver a toda la peña de colegas sentados en la arena con unas cervezas en la mano a pocos metros de la terraza de aquel chiringuito que Bernardo había montado en el interior de un antiguo autobús varado en la arena. No había sillas de plástico, ni pasarelas de madera, ni un tropel de turistas tirando de tortilla en las mesas de madera tratada contra la humedad, ni duchas, ni papeleras, ni sombrillas, ni escuela de surf, ni ley de costas. Estaban los amigos de siempre, los que hacían una hoguera en la playa, o se perdían en la oscuridad de las dunas en compañía de una “conocida” que o bien se olvidó o terminó siendo compañera para toda la vida.

Chiringuitos de la playa de Los Quebrantos, 2 de agosto de 2010. © Miki López


Mientras tanto la barra de “El bus” se iba quedando vacía según se acercaba la noche. Bernardo salía y lanzaba el boomerang para matar el rato. Lo hacía bien porque el aparato siempre volvía. Que pena tan grande Avelino. No sabes lo que daría por volver a tomar otra vez una cerveza contigo, sentados en la arena de esa playa que tantas veces compartimos con los colegas. Mirando a ese mar que tanto quisiste, que te segó la vida y que ahora se resiste a devolverte. Solo una cerveza más para poder echarte en cara que el Madrid ha perdido otra liga más, que el Oviedo este año tampoco sube y que nuestro sobrino común va ser más sportinguista que Quini.
La vida no es un boomerang pero los recuerdos vuelven cuando los llamas.

Avelino e Israel. Llago. 5 de junio de 2010. © Miki López


Tomaré una cerveza a tu memoria rodeado de sillas de plástico, bafles, mamparas, cortavientos, sombrillas y tablas de surf, añorando las hogueras, las risas y el buen rollo de aquellas lejanas noches de verano.
Hasta siempre amigo mío. Ten por seguro que el tiempo no borrará tu recuerdo. No es tan traicionero como el mar.

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10 pensamientos en “El boomerang

  1. Sin palabras Miki. Creo que Soto va a notar mucho la ausencia de Avelino. Ójala la mar lo devuelva de una vez por todas y permita a sus familiares poner fin a esta situación, a esta agonía con la que el Cantábrico castiga de cuando en cuando a esta tierra de hombres de la mar.

  2. Ojala el mar devuelva a su familia lo que les arrebato y les quite este dolor tan grande que sienten.Un besin para todos.

  3. Qué bonito, Miki. Qué recuerdos,verdad? Gracias. Y que pronto podamos despedirlo todos juntos. Esta vez lloraremos, pero con esto recordaremos también cuántas veces hemos reído juntos. Que descanse en paz.

  4. Todavía hoy me resisto a creerlo a pesar de la evidencia.

    Qué jodidos nos hemos quedado todos los que le apreciabamos y eramos muchisimos cómo he podido comprobar…

    Yo en particular tengo una sensación que ya experimenté cuando perdí repentinamente a mi hermano mayor. De tremenda frustración…

    Tantos ratos por compartir…, tantas cosas que aprender de él… Huerfano de esa sonrisa de bondad que siempre le acompañaba en todo momento… jamás me habló mal de nadie, una persona ejemplar con un fondo que ya quisiera para mí.

    En fín, ya nos dejó escrito Miguel Hernandez el sentimiento que todos compartimos:

    “Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas,

    compañero del alma , tan temprano.

    Alimentando lluvias, caracolas y órganos, mi dolor sin instrumento, a las

    desalentadas amapolas, daré mi corazón por alimento.

    Tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler, me duele hasta el

    aliento.

    Un manotazo duro, un golpe helado. Un hachado invisible y homicida.

    Un empujón brutal te ha derribado.

    No hay extensión más grande que mi herida. Lloro tu desventura y sus

    conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.

    Ando sobre rastrojos de difuntos y sin calor de nadie y sin consuelo, voy

    de mi corazón a mis asuntos…

    Un fuerte abrazo a todos.

  5. Gran cuñao, gran amigo y gran todo hasta en las juergas, buena persona y una grandisima pena se queda con nosotros

    hasta siempre amigo
    y si de verdad hay algo detras de todo esta alli nos veremos otra vez, en el lado guay de la isla

  6. Me enteré de la noticia cuando iba con mi sobrino por Avilés en la fiesta de la bicicleta, me inundaron aquellas tristes sensaciones experimentadas con el fallecimiento de otro miembro de la peña, Peláez. De un lado estaba pendiente del “peque” para que no pasase nada y por otro no pude evitar homenajearle humildemente con un Padre Nuestro.
    Los viernes cuando quedamos en el refugio, generalmente Avelino andaba por allí y recuerdo una ocasión, sólo una, en la que se sinceró conmigo cuando le decía que se dejase de milongas y volviera a rodearse de sus amigos de siempre, a lo que el me respondió con un “yo ya no tengo remedio” – estaba resignado -, a lo que yo le respondí que si no era yo sería otro pero que seguiría insistiendo.
    Estos días que he estado de viaje y muchas horas solo, aunque intermitentemente, no dejado de pensar en lo buen chaval que era y lo mal que le estaba saliendo la vida. Un abrazo fuerte para la familia y otro para la otra “familia” que conformamos aquellos que compartieron tantos buenos momentos en su compañía.
    Hasta siempre Avelino y mi más sincera enhorabuena Miki.

  7. No creo que nunca nos hubiesmos vuelto ajuntar todos para poder tomarnos una copa en la playa, pero lo que se ahora con certeza que no va a poder ser, aunque cuando querais nos la tomamos a salud de un gran amigo.

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